"La novela de la muerte de Cortázar"
Primera novela del cirujano asmedista
Fernando Rivilla Casas

PREFACIO
Advertencia al desocupado lector: Lo que sigue es un intento de escribir una especie de biografía novelada del escritor argentino Julio Cortázar. Aventura procelosa tratándose de personaje tan conocido, tan desconocido, tan lúdico, tan formal, tan rebelde, tan clásico, tan moderno, tan...
Sobre Cortázar “ya todo está dicho”, es cierto; varias y buenas biografías están escritas sobre él, es cierto; no obstante hay que escribir sobre Cortázar porque el mundo necesita de tipos como él: cultos, estudiosos, concienzudos, pero que vaguen por la vida sin pudor, “eso que yo amo por encima de todo: vagar con alguien
a quien quiero,
demorarme largamente delante de un vaso de vino
a las orillas del Sena, entrar en las librerías,
mirar a la gente, sentirse vivir sin apuro”.1
El mundo necesitará siempre de tipos como Cortázar para fantasear con los pies bien plantados sobre la tierra. Tipos que asuman el mundo desde una perspectiva fresca y optimista a pesar del tedio y los reveses cotidianos; tipos que no necesiten papel rayado para escribir a sus amigos, que desinhibidamente aprieten el tubo de crema dental justo por el medio, que se disfracen entre semana, que inventen cronopios, que bailen catala, que sean capaces de emborracharse bajo los puentes, de cometer faltas de estilo, de voltear al revés la literatura, porque al fin y al cabo ¿quién nos salvará de la seriedad?
Tipos bacanos, volados, románticos, sensibleros.2 Capaces de emocionarse con un verso bien logrado; de vibrar con Poe, con Boudelaire, con Rimbaud, con Mallarmé, con Pizarnik, con Lezama, con Neruda; pero igualmente capaces de cambiar todos los versos por la vida de un hermano atropellado por los poderosos de turno. Tipos que elijan abandonar ocupaciones rentables para dedicarse a la poesía, al cuento, al panfleto, al boceto, al libreto, al soneto, al cuarteto, a la jitanjáfora, al palíndromo, al cine, al jazz, al box, al saxofón... o a reincidir en el amor (el amor... esa palabra) o a reinventar la estructura de la novela en castellano, o a hacer la revolución –humanista— en Latinoamérica; tipos que como él, siendo ya famoso, argentino y con plata, no tenga reparos en arremangarse la camisa para trabajar hombro a hombro con los jóvenes en defensa de la libertad y la dignidad humana.3
El mundo necesita de tipos excéntricos como Cortázar, que sean –con Rulfo— bondadosos, buenos, justos:“...lo queremos
porque es bondadoso. Es bondadoso como ser humano y muy bueno como escritor. Tiene un corazón tan grande que Dios necesitó fabricar un cuerpo también grande para acomodar ese corazón suyo. Luego mezcló los sentimientos con el espíritu de Julio. De allí resultó que Julio no sólo fuera un hombre bueno, sino justo: Todos sabemos cuánto se ha sacrificado por la justicia. Por las causas justas y porque haya concordancia entre todos los seres humanos. Así que Julio es triplemente bueno. Por eso lo queremos”.4
Y ya que Cortázar y su pluma no imaginan más, nos resta a nosotros (sus lectores) escudriñar en su vida, esculcar en sus notas, perderse en los vericuetos de Rayuela, releer sus cuentos fantásticos, sus poemas, sus cartas, enardecerse con sus artículos políticos y así comprobar que sigue vigente cada vez que una mano lectora abre uno de sus libros, cada vez que dos enamorados se miran en los ojos de La Maga en los ojos de Cortázar, o cada vez que un niño descubre las hormigas, el hielo o las nubes; o cada vez que un nuevo quijote parte a desfacer entuertos.
Releer sus escritos constituye, más que una tarea de investigación, una aventura, un goce espiritual para quien la emprenda.
En lo personal, debo advertir al lector que no se fíe mucho de quien escribe estas páginas ya que es un declarado hincha del personaje. Lo que le resta la objetividad necesaria a las buenas biografías (y que es una de las múltiples razones para pensar que el mismo Cortázar desaprobaría esta especie de biografía con una sonrisa entre compasiva y burlona).5
Advertencia final: Este libro se puede leer de dos maneras. Una es empezando por el capítulo dos y siguiendo con los capítulos pares (4, 6, 8, ...) en que se trata, de manera real, de la vida y obras de Julio Cortázar. Otra es empezando por el capítulo uno, siguiendo con los impares (3, 5, 7, ...) en que se trata de las aventuras del Club de la Serpiente, de Horacio Oliveira y sus amores con la Maga, personajes salidos de la imaginación de Cortázar. (F. R.)§
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1 Cortázar, entrevista a Anubis Galardy. Granma (La Habana), 26 de febrero de 1984.
2 “...sigo siendo el mismo, quiero decir romántico, sensiblero, cursi (todo esto sin exagerar, che).” Cortázar, ‘Salvo el crepúsculo’. Alfaguara, Madrid, 1985, p 117.
3 “¿Cuántas personalidades de su rango intelectual vemos permanecer sencillos y militantes hasta la participación en pequeñas reuniones llenas de humo, en que nos reuníamos tres o cuatro personas para trabajar en modestas tareas? Ya se tratase de una función en homenaje, coloquios, manifestaciones, siempre veíamos llegar a ese altísimo estudiante de 70 años que nos daba su fraternal brazo, signo distintivo de nuestros amigos latinoamericanos. Y de inmediato teníamos la impresión de que nada nefasto podía ocurrirnos, tanta era la calma y la serenidad que nos transmitía. Era un sabio que no daba lecciones, él mismo era la lección para sus amigos más jóvenes, que no osaban creer que Cortázar compartiera hasta la menor preocupación”. Pierre Bercis, Presidente del Club des Droits Socialistes de l`homme, en Carta Abierta a Julio Cortázar. Citado por Omar Prego. La fascinación de las palabras. Muchnick editories (Madrid), 1985, p 20.
4 Juan Rulfo. ‘Por eso queremos tanto a Julio’. En: Sergio Ramírez et al: Queremos tanto a Julio. Editorial Nueva Nicaragua, Managua, 1984, p 159-161.
5 Cortázar no creía en biografías, ni en estudios de reconstrucción histórica fundamentados –como éste— en meros ensambles de documentos: “...nunca me
han interesado las obras de reconstrucción histórica cuyo autor no pasa de ser un ensamblador de documentos; soy de los que creen que la historia es uno de los muchos misterios que sólo pueden enfrentarse con armas en último término poéticas: la intuición, el sentido de los enlaces y de los vínculos aparentemente distantes y extraños”. Cortázar, carta a Francisco de la Maza. Saignón, 4 de Junio de 1967. *
*: Tampoco creía en autobiografías:“...no me gusta la autobiografía. Nunca
escribiré mis memorias. Las autobiografías de otros me interesan, por supuesto, pero no la mía. Si escribiera una autobiografía, tendría que ser sincera y honesta. No podría contar una biografía imaginaria. Y entonces haría el trabajo de un historiador, de un autohistoriador, y eso me aburre. Prefiero inventar o imaginar”. (Cortázar, entrevistado por Jasón Weiss. Revista Literatia. Betamoa, octubre 1986, p 102.). Y a Saúl Sonowoski expresa: “...lo que escriben sobre mí tiende a aburrirme”. (Cortázar. A propósito de una entrevista a David Viñas. Obra crítica /3. Alfaguara, Madrid, 1994, p 57).
Refiriéndose al ensayo biográfico que él escribió sobre Poe, dijo: “...toda
biografía es un sistema de conjeturas, toda estimación crítica una apuesta contra el tiempo. Los sistemas son sustituidos y las apuestas suelen perderse”. (Cortázar: Edgar Allan Poe: Ensayo y críticas. Alianza Editorial, Madrid, 1956, p. 10).
En general consideraba al género de la biografía novelada como un género menor y en consecuencia aconsejaba a los escritores no muy dotados dejar a un lado el ensayo, la novela o el cuento para dedicarse “...al amable campo de las
biografías noveladas”. ( Cortázar: Edgar Allan Poe: Ensayos y críticas. Alianza Editorial, Madrid, 1956, p. 11).
§ Ésta primera parte de ‘La especie de biografía sobre Julio Cortázar’ se refiere al período final de su vida, a su infancia y a su primera juventud. (Posteriormente aparecerá publicada la segunda parte).
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“La novela de la muerte de Cortázar”, primera obra del escritor Fernando Rivillas, es un libro raro, bello, que conmueve a todos sus lectores. Digo raro porque al mismo tiempo que es una crónica minuciosa y documentada de los últimos días del gran escritor argentino, es también una novela: amigos de Cortázar, personajes de sus libros y escritores amigos y enemigos –Onetti, Borges, Paz, García Márquez-, se congregan junto a su cadáver en el pequeño apartamento de París, donde es velado y donde vivió sus últimos años. También lo hacen las mujeres que lo amaron. Unos y otros se miran, se dicen frases, hilan recuerdos, se hacen reproches. Digo bello porque con estas historias, pero por encima de todo con un gran amor por la obra de Julio Cortázar, Fernando Rivillas teje una biografía novelada cuya lectura, a pesar del tema doloroso de la agonía y la muerte del escritor, nos depara ratos de solaz y de alegría a casi todos los demás cronopios que, como Fernando, también amamos a Cortázar. Los mismos que también pensamos que la muerte no derrotará jamás a tipos de esta clase.
Juan José Hoyos
A la venta en la librería de la Universidad de Antioquia.

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