Las posiciones de Correa han ido en contravía de los intereses de las farmacéuticas multinacionales, muchas de las cuales tienen asiento en ese país. Para él, el veto muestra el temor de los estadounidenses de enfrentarse a un técnico que no dejará pasar nada en contra de los países andinos.
Correa, de nacionalidad argentina, es uno de los latinoamericanos más preparados y estudiosos del tema, y defensor del acceso de los países en desarrollo a los medicamentos. Ha sido consultor de Naciones Unidas, el BID, la FAO y la Organización Mundial de la Salud (OMS), y en los últimos 10 años ha librado batallas en defensa de la salud pública en las rondas de Uruguay y de Doha para establecer las bases del libre comercio mundial. Con Correa hablo el TIEMPO desde Buenos Aires.
¿Qué opinión le merece el veto?
Cada país tiene derecho a elegir quién negocia y quién lo asesora en estos temas. Fui invitado por los ministros de salud de Ecuador, Perú y Colombia para asesorarlos en torno a las implicaciones que podrían tener sobre la salud pública las propuestas que se negocien en propiedad intelectual. Los países tendrán que examinar en qué medida las propuestas de Estados Unidos pueden tener efectos negativos sobre el acceso a los medicamentos.
¿El hecho de que no esté como negociador sino como asesor le resta importancia?
Estados Unidos planteó una objeción y se suspendió la discusión, de manera que estoy pendiente de qué me pedirán los gobiernos para la próxima ronda. Mi posición sigue intacta.
¿Por qué usted le resulta tan incomodo a Estados Unidos?
Yo he trabajado en temas de salud pública con la OMS y en otros ámbitos académicos, y supongo que mis posiciones, que son conocidas, no son totalmente coincidentes con las de ese gobierno.
¿Con ese veto, E.U. comenzó a mostrar las unhas?
Si uno analiza lo que ha obtenido en otras negociaciones como los acuerdos con Chile, con Centroamérica y con Marruecos, no es de sorprender que a los andinos les plantee requerimientos similares. Esto no significa que estén en las mismas condiciones ni que deban adoptar esos estándares, pero anticipa el tipo de discusión que se va a dar. Lo importante es qué planteamientos hace Estados Unidos en el capítulo de propiedad intelectual, que es propuesta de esa nación y no de los andinos.
¿Por qué es tan clave para E.U. el tema de la propiedad intelectual?
Estados Unidos ha tratado de buscar soluciones muy proteccionistas y en algunos casos sobreproteccionistas en ese tema; eso es bien conocido. Pero, al mismo tiempo, los países tienen todo el derecho de proteger la salud pública como lo establece la declaración de Doha. Ese debería ser el punto de partida para cualquier discusión: el derecho de los países a la protección de la salud pública y a favorecer el acceso a los medicamentos y a los tratamientos médicos a la mayor parte de la población.
¿En qué no deben ceder los países andinos?
Tienen que ser firmes en mantener estos principios que han sido ratificados por la Organización Mundial de Comercio y seguir con la flexibilidad que el derecho vigente les permite para proteger los intereses de la salud pública. No se deben hacer concesiones para favorecer a una industria en particular, que pueden tener efectos negativos sobre los medicamentos en estos países.
¿Es decir, no se deben aceptar más restricciones a la elaboración de genéricos?
Efectivamente. No se deben aceptar más restricciones que aquellas consagradas en el derecho internacional vigente. Negociar más que eso puede generar efectos perversos significativos.
¿Cuáles fueron los errores de los TLC firmados por Centro-américa y Marruecos que los andinos no pueden cometer?
En esos acuerdos se admitió la elevación de los estándares de protección de la propiedad intelectual en una forma que no asegura una retribución justa a aquellos que desarrollan productos innovativos; se establecen disposiciones que pueden crear barreras a la competencia legítima y que pueden disminuir la difusión de medicamentos genéricos.

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