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Los protocolos, la propiedad intelectual y el TLC
 

Por Eduardo Cano G.
Médico Salubrista,
U. de A.

- Lo que sucede Isabel es que Don Miguel dice que estamos comenzando la época de la medicina tecnotrónica-, dijo Aníbal, dándose aires de cierta importancia.

- ¿Tecno... qué?
- ¡Tecnotrónica, Isabel, tec-no-tró-nica!, ¿entiendes?
- ¿Y eso que es Aníbal?
- Es un híbrido entre la medicina clínica y la tecnología avanzada y electrónica-, respondió Aníbal, y agregó riendo: -Como todas las cosas por esta época. Todo pasa por nuevo pero no deja de ser un híbrido entre lo viejo y lo nuevo.

- Escucha Isabel y no te vayas a reír, porque lo que te voy a decir es una simplificación de un problema real y sé que te va a causar risa-, y continuó con mucha seriedad, mientras le acariciaba la mano:

- La clínica, los llamados cuadros clínicos que la medicina ha manejado desde hace muchísimos años, tienen la estructura del acertijo o de la adivinanza. Son un conjunto de signos y síntomas que se corresponden con una enfermedad o con mezclas de enfermedades-. Y continuó con más entusiasmo:

Por ejemplo: fiebre alta, dolor de costado, dificultad respiratoria y expectoración color ladrillo es igual a neumonía; o cefalea, fiebre, náuseas, vómito y rigidez de cuello es igual a meningitis; o náuseas, vómito, tinitus, vértigo, hipoacusia y nistagmo, igual a laberintitos; o dolor de cadera, cojera y desacompasamiento en el movimiento de la cadera, en un adulto, igual a osteoartritis.

- Y así, Isabel, hay miles de cuadros clínicos, unos menos y otros más complejos, pero tienen todos en común la estructura del acertijo, la adivinanza o del problema, como lo llaman ahora, y si les agregamos pruebas diagnósticas más o menos sofisticadas, se podrán transformar en más específicos y fáciles de resolver, o se podrán también volver más complejos, pero seguirán teniendo estructura de adivinanza o acertijo.

- Fue por esta razón que el creador de Sherlok Holmes, que era médico y al parecer un gran clínico, llamado Sir Arthur Conan Doyle, pudo escribir una obra inmensa de tipo policiaco y de misterio, por su capacidad para resolver grandes enigmas a partir de pequeñas evidencias, que es lo que hacen los personajes centrales, el detective y su ayudante Watson.

- Y esto es básicamente lo que le debe enseñar la escuela de medicina a un estudiante. Los instrumentos: culturales, psicológicos, anatómicos, fisiológicos, bioquímicos, genéticos, comunicacionales y de laboratorio, para llegar a conocer los elementos del problema o de la adivinanza o acertijo, que la queja del paciente le plantea. Luego, claro, tiene que enseñarle cómo curarlos unas veces y aliviarlos siempre. En otras palabras, que lo fundamental ha sido y será siempre resolver la adivinanza o el problema, que cada paciente plantea.

- Por esto, la sabiduría popular siempre ha calificado al médico de mago ó adivino-, dijo Isabel, y continúo con mucha seriedad:

- A Giordano Bruno no lo quemaron por defender su teoría heliocéntrica sino por afirmar que existían dos tipos fundamentales de magia: la magia erótica y la magia de la relación ínter subjetiva de la medicina.

- Y lo anterior tiene mucho de cierto. Hay quienes encuentran la solución del problema al primer vistazo porque han estudiado mucho, tienen mucha experiencia ó porque tienen lo que llaman la inspiración, la magia o la intuición del “ojo clínico”, y hay otros que no dan bola para encontrar la solución y tienen que ordenar cientos de exámenes especializados que muchas veces los desorientan más-. E hizo esfuerzos para continuar sin sonreír:

- Como vulgarmente se dice por ahí, “no distinguen un vivo de un muerto dándole el vivo peyendo”.

Isabel miró a su amigo, en medio de su sonrisa amplia, espontánea y contagiosa que la caracterizaba, pero conservó esa pequeña mueca en los labios que anunciaba que tenía una pilatuna más en mente:

- Como quien dice, y perdóname por mi atrevimiento, Aníbal: María va y María viene y en un punto se mantiene; la puerta. O agua pasó por aquí cate que no la vi; el aguacate. O una señora muy enseñoreada siempre va en carro y siempre va mojada; la lengua. O cuando el río suena, piedras lleva-. Y terminó al fin toteada de la risa.

Los dos tuvieron que reír un buen rato, pues la realidad era que Isabel estaba de buen humor y había captado rápidamente la idea, y su alegría y espontaneidad se le contagiaba al médico. Luego Aníbal prosiguió:

- Exacto, Isabel-, tú para desacralizar las cosas eres peor que el viejo Don Miguel, y prosiguió:

- Precisamente, ha sido el viejo Don Miguel quién me ha alertado sobre lo que puede suceder en un futuro cercano. El capitalismo actual, ya no necesita de las profesiones tal y como las creó en el siglo XVII, con una jurisdicciones rígidas, apoyadas en una ética trascendental. Ahora, el desarrollo tecnológico le ha dado los instrumentos para destruir esas profesiones y ya lo está haciendo.

- Fíjate Isabel-, dijo Aníbal: -Si el modelo mismo de medicina ha sido importado, pues en menos de dos siglos hemos visto morir el modelo francés, reemplazado por la medicina Flexneriana desde la mitad del siglo pasado, y ahora la nueva versión de ésta corregida y aumentada por la reforma tecnotrónica de la época actual, avalada por el consenso de Washington. Dentro de este contexto del modelo de la medicina que hemos ejercido, resulta muy difícil luchar contra la doble pretensión de globalizar este modelo y además, “tras de gordos hinchados”, cobrarnos la propiedad intelectual, de los avances médicos y tecnológicos-.

- Y mientras tanto seguimos vacilando entre hacer una investigación autónoma sobre lo que nos concierne y atormenta, lo que Don Miguel llama “los problemas diarios del vivir y del morir”, o una investigación claudicante, desprovista de importancia real para la situación de salud de la gran mayoría de la población-, respondió Isabel y agregó:

- Y lo peor es que seguimos vacilando sobre la necesidad inaplazable de adoptar un nuevo modelo organizacional de la atención-. Y poniendo la cara de boba que acostumbraba hacer, cuando de ridiculizar algo se trataba, continuó:

- ¡Porque si de pronto sucede que no coincidimos con la evidencia administrativa y científica de los gringos, qué hacemos!

- Por esto es lo que dice el viejo Don Miguel. Que el modelo tecnotrónico tratará entonces de reducir todo lo anterior al manejo tecnológico intensivo y a la protocolización en árboles de decisión sistematizados de esas adivinanzas, acertijos y proverbios de que acabamos de hablar-.

- Tú lo que quieres decirme-, dijo Isabel, es que con un buen programa de cuadros clínicos sistematizados en algoritmos, la medicina puede llegar convertirse en un corto plazo en un autoservicio, como los cajeros electrónicos-, y agregó:

- Una nueva versión de “¡Hágalo Usted mismo!. No creo Aníbal, eso ya es ciencia ficción tuya o de Don Miguel. Ustedes cuando se ponen a hablar y a imaginar cosas son igualmente de irreverentes con las cosas complejas y sagradas como la religión y la medicina.

- Mira Isabel lo que te voy a decir y recuérdalo mañana:

- Si la sociedad tecnológica considera el universo, como un “artefacto técnico”, es decir, como un conjunto de hechos numerables, medibles y cuantificables, cada uno de nosotros ya está reducido a un artefacto técnico. Tú, por ejemplo, ya no eres Isabel Espinosa, una mujer de clase media, con una historia y unos conceptos y valores sobre la vida, el amor, la familia, empleada y posiblemente humillada en tu trabajo o desempleada y desesperada, y por decir algo, que no es el caso, con un hijo drogadicto o un esposo borracho que te golpea por las noches porque no te acuestas con él. No, ya tú eres solamente una foto, unas huellas, unas cifras de talla, peso, edad, un código genético y miles de constantes biológicas, y otras cosas más de origen físico y biológico. Y si ya la sociedad mundial y sus organismos de poder tienen los instrumentos tecnológicos para hacerlo, los van a utilizar para eso. Mañana o pasado, pero lo van hacer Isabel-.

- Mira como lo están haciendo en la actualidad, con mucho disimulo, con la complicidad entre la medicina y los laboratorios farmacéuticos. Una pastillita por la mañana para la depresión, otra pastillita por la noche, para que duermas y muy seguramente otra para que te den ganas de hacer el amor con tu borracho, una pastillita para los gases, otra para bajar el azúcar de la sangre, otra para no quedar embarazada, otra para abortar sin que tu compañero se dé cuenta, otra para la migraña que te acosa por las mañanas de sólo pensar que te tienes que aguantar al jefe de tu servicio pasando ronda a sus pacientes, otra para la memoria, otra para los hongos vaginales y con el paso del tiempo otra para la presión arterial y para rebajar el colesterol, otra para el aliento, y otra para rebajar de peso pues con esas llantas quién se anima a empelotarse para hacer el amor con un marido agresivo y borracho. Y a veces otra pastillita para ese dolor lumbar que te queda luego de tus experiencias sexuales en la posición del príncipe hindú.

- ¡Pero yo no tomo nada!-, respondió Isabel alarmada.

- ¡Yo sé que no mujer! ¡Que vas a tomar, si tú estás muy joven y, además, vienes de un convento, según me contaste la vez pasada!

- Y los médicos, ¿Qué harán entonces con un paciente convertido en artefacto técnico?

- Mira Isabel-, se pueden hacer maravillas. Algunos pocos médicos, los de la elite médica, se encargarán de investigar, elaborar y revisar los programas de algoritmos, para que estén actualizados con base en la evidencia científica. Otros seguirán siendo la avanzada burocrática de este modelo de atención y tendrán como función fundamental asegurarse de que los aparatos de autodiagnóstico estén localizados en los sitios más adecuados, de acuerdo al estudio de mercadeo, y funcionen las 24 horas del día. El resto, la gran mayoría, seguirán como asalariados, encargados de brindar algunas asesorías a los pacientes en su toma de decisiones, y los que sobren, los desaparecerán del mercado laboral o los pondrán a hacer cursos en el Sena para convertirse en técnicos de mantenimiento de los aparatos de autodiagnóstico.

- Pero recuerda, médico, que la mayoría de los que consultaban allá en Alameda del Río, cuando estábamos haciendo el año rural, eran los que en esos tiempos conocíamos como “gadejo”, que se traducía vulgarmente como “ganas de joder”:

- ¿Qué puede pasar entonces con esta población frente a un autoservicio como el que tú piensas que pueda darse en el futuro?

- Pues muy sencillo, podemos imaginar que luego de tres o cuatro intentos de llegar a un diagnóstico, si el paciente digita los mismos síntomas, la máquina le roba la tarjeta y listo. Ese es por ejemplo, el momento cuando se lo podrá referir a un médico general para que lo asesore y le dé una nueva clave dentro del árbol de decisiones y le devuelva la tarjeta para que el paciente comience de nuevo el proceso-, respondió Aníbal y agregó:

- Pero lo más importante es que si el sistema ya tiene protocolizados los cuadros clínicos y sus diferentes versiones y combinaciones, de acuerdo a la evidencia científica, que la mayoría de las veces es la evidencia de los laboratorios productores de la droga o del equipo, el siguiente paso es venderle a estos países las drogas, los equipos y los procedimientos diagnósticos y terapéuticos que corresponden a cada protocolo, a precios monopólicos y, como si eso fuera poco, cobrarle por las patentes no una vez sino varias veces, de acuerdo a las diferentes utilizaciones que se hagan de la misma droga.

- Entonces, cada uno de esos inocentes protocolos tendrán su listado de drogas, equipos y procedimientos diagnósticos y la guerra de mercadeo se dará por el control total de la población de deprimidos, hipertensos, obesos, diabéticos, artríticos, impotentes, frigidez, flatulentos, cancerosos, griposos, varicosos u enfermos imaginarios.

- Pero no se trata sólo de vender sus productos. Se trata de hacer que la gente se sienta feliz y hasta se divierta consultando a la maquinita la cual, a su vez, podrá ofrecerle programas de promoción de la salud de acuerdo al riesgo, como dicen ahora, y otras actividades para mejorar su vida, como sentirse dueño de su cuerpo y disfrutar de su destino. Es decir, que en el momento cuando más autónomos se sientan todos, frente a la maquinita que maneja el autoservicio de diagnósticos de acuerdo a la evidencia científica, más desprotegidos estarán frente a las transnacionales de las drogas quienes impondrán, no sólo sus productos en el mercado, sino lo más grave, un estilo de vida Light y despreocupado frente a las verdaderas causas de sus malestares, porque lo importante es disfrutar de la vida.

- Pero recuerda Isabel que el “gadejo” no es precisamente “ganas de joder”, sino un cuadro complejísimo de origen psicosocial y biológico, como lo demostró el profesor Balint hace muchos años y que una máquina, a no ser de que estemos hablando de inteligencia artificial, que según dicen aún está muy lejos de ser una realidad, no podrá manejar en ningún momento. He aquí muy posiblemente otro caso para el médico general, si es que los programas colaterales que ofrece la maquinita para luchar contra el estrés y mejorar el estilo de vida y no preocuparse por nada, no lo emboban completamente- Y Aníbal continuó vivamente entusiasmado:

- El problema básico, Isabel, es que la relación médico paciente, es la primera y mayor oportunidad para orientar al paciente sobre sus malestares y para controlar el consumo de drogas; y esta relación no se puede protocolizar. Obviamente pueden existir guías de diagnóstico y tratamiento que, entre otras cosas, siempre han existido de acuerdo al desarrollo de la medicina.

- Por ejemplo, las notas que tomábamos de las clases de nuestros profesores-, interrumpió Isabel-. Eran guías de decisión basadas en los conocimientos y la experiencia de estos grandes maestros. Eran excelentes guías porque venían de personas que tenían la experiencia necesaria para hablar ante sus alumnos y, sobretodo, la experiencia clínica en nuestro propio medio.

- Claro, Isabel, pero someter la relación médico paciente a protocolos es como someter la confesión de los cristianos, el amor, la sexualidad, el trabajo literario y artístico a protocolos-, y prosiguió:

- ¿Tú te imaginas lo que sería un protocolo para enamorar a una mujer, paso por paso? Paso uno, sígala por la calle; paso dos, trate de hablarle; paso tres, llámela por teléfono; paso cuatro, llévele serenata. Y si lo anterior no resulta, por favor pase a la siguiente lista de algoritmos con sus etapas específicas y sus alternativas de acuerdo al éxito o fracaso en cada caso, como lo recomiendan en las revistas de frivolidades. Estas cosas, creo, nadie estaría dispuesto a llevarlas a la práctica porque, no sólo fracasaría al primer intento, sino que se burlarían de él. ¿O te imaginas lo que sería protocolizar un encuentro entre dos para disfrutar de su sexualidad, su erotismo y su placer, también por pasos y procedimientos? Todo esto puede parecer no sólo absurdo sino inconveniente y ridículo, pero en la época en la que vivimos, en manos de los ingenieros industriales, todo puede suceder.

- Todo lo que acabamos de mencionar son relaciones intimas, como la relación médico paciente, y que sin lugar a dudas no pueden llegar a ser intervenidas de esta manera.

- ¿Íntimas o privadas?-, preguntó Isabel.

- Las dos cosas, Isabel. Es decir, en ellas está comprometida no sólo la intimidad física, sino la intimidad sicológica y afectiva tanto de los pacientes como del médico, vale decir los estratos más profundos de la personalidad de ambos, los fantasmas, como dirían los psicoanalistas. Es decir, aquello que no dejamos a la vista de todos, y muchas veces ni a nuestra propia vista, lo que es íntimamente tan nuestro que lo desconocemos y sólo aparece por ahí a veces en los sueños, pero por eso mismo necesitan de privacidad-.
- Isabel concluyó con tristeza y con un desánimo tremendo:

- Ya veo por qué todo el modelito de atención de la actual reforma de los servicios de salud lo va corrompiendo a uno también. Ya no podemos vivir sin el protocolo, y recuerda todo el tiempo que prestamos atención médica en Alameda del Río, sin protocolos de ninguna clase. Y la comunidad nos quería y creían en nosotros.

- Y todo se agrava mucho más ahora con la discusión del Tratado de Libre Comercio TLC-, respondió Aníbal. -Cuando se parte de la concepción del individuo como artefacto “técnico” y de la enfermedad como trastorno puntual de este artefacto, que puede ser corregida apretando una tuerquita aquí, cambiando un buje allí, aceitando un engranaje más allá, cambiando una batería por una nueva, el protocolo resulta ser un verdadero manual de instrucciones para arreglar un artefacto cualesquiera. Pero también es el arma “científica” de las transnacionales productoras de medicamentos, equipos y procedimientos de diagnóstico y tratamiento, para vender en un mundo globalizado. Hágalo usted mismo. ¡Negocio redondo!

 

 
 
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