¿Cómo y hace cuánto tiempo conoció a Héctor Abad Gómez?
Tuve noticia de la existencia de Héctor desde cuando yo estaba estudiando bachillerato. Por una parte, fui condiscípulo de un hermano menor de él; y por otra, a pesar de que yo estudié secundaria en la Bolivariana, Héctor era muy conocido como un médico que había creado una cátedra de Medicina Preventiva en la U. de A. y que tenía fama de revolucionario. Cuando yo llegué a la Universidad, ya como profesor, después de haber hecho la cátedra allá, me tocó compartir también con Héctor en la Asociación de Profesores de la Universidad y nos hicimos muy buenos amigos, compartimos muchas luchas universitarias, las familias nuestras se relacionaron y entonces al fin surgió una amistad muy estrecha.
¿Además de haber estado juntos en la Asociación de Profesores y en las luchas universitarias, en qué otras cosas trabajaron juntos cuando usted era abogado y él médico? Estábamos asociados fundamentalmente a propósito de la Universidad de Antioquia y en las luchas universitarias. Además, como surgió una amistad, en ciertas afinidades, en ciertas disciplinas como la poesía, la literatura, ambos éramos amigos del poeta Carlos Castro Saavedra, lo visitábamos en su finca y departíamos con él los fines de semana, muy extensamente. Entonces descubrimos muchas afinidades más allá de la simple docencia y de la simple afinidad ideológica. ¿Qué cosas o aspectos recuerda más de Héctor Abad Gómez como persona? Como persona Héctor era maravilloso porque era una persona de muy buen humor, muy abierta, muy extrovertida, le encantaban las fiestas, le gustaba cantar, le gustaba contar chiste y celebrarlos, era una persona realmente con quien uno se relacionaba, de una parte muy fácil, y de otra parte lo difícil era que una vez que uno había conocido a Héctor dejar de ser amigo de él. ¿Qué opinión le mereció en su momento y aún actualmente, su asesinato? ¿Cree que se hizo justicia por su asesinato? Recuerdo que el titular de alguno de los periódicos de Medellín al otro día del asesinato, no recuerdo cuál medio, a ocho columnas publicó: ¡Qué horror! Yo repetiría hoy exactamente las mismas palabras, no había nada mejor para comunicar el dolor y además la indignación que producía la muerte no sólo de Héctor sino también de su discípulo muy querido Leonardo Betancur, a quien mataron con éste. Un par de médicos tan eminentes hubieran sido asesinados en esas circunstancias causaba indignación y pánico, pues digamos que en la mayoría de los círculos de la sociedad. Obviamente, no faltaban círculos que aplaudieran semejante atrocidad. ¿Usted cree que 17 años después del asesinato del doctor Héctor Abad Gómez, se hizo justicia al respecto? No. Como casi todos esos crímenes que fueron cometidos con el manto de la impunidad, quedaron impunes. ¿Qué relación podría existir entre las épocas 1987 y 2004 con respecto al actual Gobierno en cuanto a la violación de derechos humanos? Creo que la situación en materia de derechos humanos no ha mejorado sustancialmente; creo que siguen ocurriendo asesinatos, masacres, genocidios, magnicidios; de manera que, creo, la situación infortunadamente no ha cambiado en esencia. Conociendo usted el temperamento, la personalidad y la ideología del doctor Héctor Abad Gómez, ¿cree que él estaría en oposición con el actual Gobierno, como lo está usted? A mí me parece que puede resultar abusivo hacer conjeturas; sin embargo, uno puede hacerlas con base en el conocimiento que tiene o tenía de una persona. Héctor era un demócrata, él mismo se calificaba de esta manera: decía que en materia política era liberal y en materia económica socialista. Y él no vivía esas militancias como una contradicción sino como una conjunción. Entonces, me parece que una persona de ese temple, supongo, que hoy nos estaría acompañando en la oposición. ¿Cómo ve hoy a los hijos de Héctor Abad Gómez, ya como profesionales? ¿Tiene alguna relación con ellos? Yo soy tan amigo de toda esa familia que mi juicio puede parecer sesgado, pero, en primer lugar, Cecilia su esposa, es una persona excepcional, de una inteligencia, de un sentido del humor, de una elegancia personal y entre ella y Héctor les transmitieron a sus hijos todas sus virtudes. Las hijas son bellas, inteligentes, comprometidas con el trabajo. Héctor Abad Faciolince, a mi juicio, es uno de los mejores escritores de su generación hoy en Colombia; de manera que creo que él dejó una familia realmente muy hermosa y muy bien formada. ¿Cuál es su concepto sobre la Poliatría? Sobre la Poliatría, me agrada mucho que me hagas esta pregunta, porque Héctor de pronto acuñaba ciertos términos y los usaba con cierta frecuencia y sus amigos, y entre ellos me encuentro yo, nos sonreíamos cuando lo oíamos acuñar y además defender. Uno de esos términos era, por ejemplo, “mesoismo”; él decía “yo soy mesoista”, con lo que quería decir que era un hombre equilibrado, que no era un hombre de extremos; fíjese usted, un hombre que era mesoista y por ser mesoista entendía ser un hombre equilibrado, lo mataron dizque por extremista. Y de otra parte la “poliatría” también nos producía una cierta sonrisa; y resulta que lo que Héctor llamaba poliatría hoy se está proponiendo en muchas universidades del mundo como una disciplina importante y actual, porque él decía que la “poliatría” era el tratamiento de los males de la ciudad, poli: ciudad, atros: tratamiento, prescripción. Y entonces, el decía que la Poliatría debía ser una disciplina o, mejor, una conjunción de disciplinas: la medicina, la sociología, la psicología, la antropología, todas confluyen en un mismo propósito, y ese propósito era tratar los males de la ciudad; hoy diríamos erradicar la violencia, erradicar la injusticia, porque la injusticia era una de las obsesiones de Héctor; eso fue lo que a él le valió que lo macartizaran, que lo tuvieran como un hombre peligroso, cuando lo que realmente era un hombre esencialmente bueno y altruista, así era él. ¿Usted cree que la Poliatría podría ser una solución a la actual situación que vive el país? Me parece que en eso tenía Héctor toda la razón. Nosotros, cualquiera que sea la perspectiva digamos científica o epistemológica que hayamos adoptado, deberíamos desde ella contribuir a que los males de nuestra sociedad se curen; y Héctor la proponía de esa manera, una interdisciplina compuesta por muchas perspectivas, pero todas unidas o articuladas en un mismo propósito que era erradicar los males de la ciudad. ¿Qué sabe usted de los cultivos de rosas que poseía Héctor Abad Gómez en el Oriente Antioqueño? Hermosos. Yo he dicho que su vocación por las rosas delataba, revelaba su dimensión humana. Recuerdo que, cuando se jubiló en la Universidad de Antioquia, algunos amigos le hicimos una reunión y él habló en esa reunión y dijo una cosa muy bella: “Me voy a dedicar ahora a cultivar rosas y amigos”.  |
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