Tomado de El Mundo , miércoles 11 de agosto de 2004
Por José Alvear S.
Abogado
Recuerdo un almuerzo, hace cosa de dos años, en torno al más agudo y estudioso de los expresidentes, el doctor Alfonso López. Alguno de los comensales interrogó al ilustre estadista sobre los gastos militares. Su respuesta giró en torno al hecho de que cerca de la mitad de ellos estaba constituida por pensiones, lo que a su parecer, hacía el tema muy difícil de analizar.
No voy a contradecir la acertada admonición del incomparable analista de nuestra realidad que es López Michelsen, ni voy a controvertir la justicia de conservar como único régimen pensional de excepción el que tienen los miembros de la policía, la fuerza aérea, la marina y el ejército. Debemos recordar que estas pensiones no tienen límites de edad y son las de goce más precoz y de sustitución más larga, sin olvidar que cualquier herida en servicio conduce a la baja temprana y a la correspondiente pensión de invalidez, de la que luego disfrutan las viudas.
Pero como arrecia el clamor del lobby neoliberal (Hommes, Caballero Argáez, varios Cárdenas Santamaría, Clavijo, más de un Montenegro, Carrasquilla) contra el régimen de prima media, es necesario hacer algunas puntualizaciones. Al gobierno nacional le están recomendando políticas reñidas con la justicia social, con la Constitución nacional y con la doctrina social de la Iglesia, partiendo de bases erróneas como decir que los pensionados del ISS son un grupo de privilegiados y de “gentes acomodadas” (Hommes), cuyas mesadas están indebidamente subsidiadas y que la equidad social reclama despojarlos de buena parte de su jubilación.
Pues bien, haciendo eco al lobby que trata a los pensionados del ISS como sanguijuelas que están desangrando el presupuesto nacional, el doctor Carrasquilla hace circular cifras cada vez más alarmantes sobre el costo de las pensiones a cargo del erario. Continuamente publica nuevos números, cada vez más aterradores. Hace algunos días hablaba de 13 billones de pesos de gasto total para pensiones en el año 2005; hoy ya las cifra en 16 billones!!!
Esa enorme suma apareció de la noche a la mañana como algo nuevo y descomunal, como si el Estado nunca antes hubiera sufragado pensiones no contributivas en las fuerzas militares, el magisterio, la justicia y la rama ejecutiva.
El déficit lamentable del ISS es lo único nuevo. Es oneroso pero no puede desconocerse su obligatoriedad, especialmente para un gobierno que considera con razón que el servicio de la deuda pública es sagrado. Las pensiones son una parte de la deuda pública pero, a diferencia de la gran banca, sus acreedores son pobres gentes humildes que no pueden contratar los servicios de los lobbystas neoliberales. Estos jamás se preocupan por los 31 billones anuales que demandan las obligaciones del Estado con la banca, pero se rasgan las vestiduras por menos de 2 billones que habrá que gastar para atender el déficit del Seguro Social.
El defecto de caja del Instituto lo causaron los del lobby cuando eran los ministros que: 1) organizaron los fondos privados. 2) dejaron de pagar al Seguro los aportes oficiales. 3) trasladaron las reservas del Instituto a los fondos privados, vía bonos pensionales. 4) “marchitaron” el ISS promoviendo el éxodo de sus afiliados hacia los fondos privados de pensiones.
Los resultados de esas decisiones están a la vista. Los fondos privados tienen los cotizantes jóvenes y solamente pagan a 15.000 pensionados, lo que les permitirá seguir capitalizando otros 30 años antes de tener desembolsos apreciables. Pero al “marchitado” ISS le dejaron los pensionados pero le quitaron los cotizantes.
La solución del déficit pensional radica en la reunificación del sistema, de tal manera que los 26 billones ahorrados por los colombianos en los fondos privados deben ponerse en cabeza de un mecanismo nacional de pensiones, regido por los principios de solidaridad, universalidad y justicia. Esos 26 billones son un ahorro nacional. No son propiedad de los fondos privados, administradores circunstanciales de unos recursos públicos.
Esa solución de fondo, insinuada con especial autoridad por Abdón Espinosa Valderrama, por Angelino Garzón y por las centrales obreras, corresponde a los principios insustituibles de la solidaridad y la justicia.
Cuando el Ministro de Hacienda deje de hacer terrorismo presupuestal y discrimine sus 16 billones diciéndonos cuántos son los pensionados en cada régimen y cuánto corresponde a las pensiones militares y a las del magisterio, la justicia y la rama ejecutiva, el debate de las pensiones podrá darse sin el peligroso sesgo falaz que le están imprimiendo los Hommes, Caballero Argáez, varios Cárdenas Santamaría, Clavijo, más de un Montenegro y Carrasquilla. 
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