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Editorial

La crisis hospitalaria y los proyectos de Ley

 


Está circulando una anécdota que afirma que, en una de las visitas reeleccionistas del actual presidente Uribe a las zonas de inundación de Córdoba, donde él y su familia poseen grandes extensiones de tierra, entró con fotógrafos y todo a un pantano, sin zapatos, ni calcetines; inmediatamente, Lina, consternada, le dijo ¡ojo mijo, que por aquí no hay hospitales!

Ya es repetitivo nuestro planteamiento en el sentido de que cualquier gobierno que se preocupe por los ciudadanos debe poner en primer plano de su programa la mejora, conservación y recuperación de la salud y, sobre todo, la salud de todos y todas: la salud pública. Pero, éste no el caso del actual Gobierno. Sus consejos comunitarios, consejos de promoción de candidatura, dedican tiempo importante a recibir quejas, y una de ellas -no hay ningún encuentro donde esto no suceda- es la falta de acceso a servicios de asistencia médica con oportunidad, facilidad y calidad y, además, las denuncias sobre corrupción de administradores municipales e intermediarios de los recursos de salud, llámense ARS y/o EPS. Llevamos ya más de dos años con la misma cantaleta y no pasa nada.

Pero, ¿por qué no pasa nada? Es simple entenderlo: los intereses de los particulares, sector financiero y comisionistas no permiten que nada cambie, ni mucho menos ser despojados de sus apetitos, y el Presidente acepta complaciente y generoso estar maniatado: su elección contó con su apoyo y con los dineros de la salud.

Diez años repitiendo lo que se venía: la destrucción de la Seguridad Social Pública, la apropiación de sus recursos por el sector Financiero Privado Nacional e Internacional y la quiebra del poco desarrollado Sistema Público Hospitalario que existía antes de la reforma. Eso pasó y ahora todos se rasgan demagógicamente las vestiduras, incluso sectores académicos influyentes que compartieron y ayudaron a la reforma y andan hoy por todos los foros como creyentes arrepentidos.

Es alarmante que ahora los presuntos culpables del fracaso son los médicos y los trabajadores de la salud. Los privilegiados, según el gobierno y su Ministro más economista mercantilista que médico. ¡El ladrón grita cojan al ladrón¡ Paradoja de paradojas.

Pero, lo más grave es que una proporción importante de la población todavía cree el cuento de sus verdugos, aunque ya la torta empieza a voltearse; muestra de ello son las magníficas y elocuentes marchas del 12 de octubre que, bajo las consignas de la no reelección de Uribe, la defensa y apropiación ciudadana de su derecho a la salud y la defensa de lo público, la no firma del TLC y contra los nuevos gravámenes, búsqueda de la paz mediante la negociación y los acuerdos humanitarios, inundaron las calles de las principales ciudades del país, siguiendo el ejemplo pacífico de las comunidades indígenas del sur de nuestra geografía.

Nos asiste una preocupación: que toda la bulla en torno a la necesaria reforma al sistema de salud termine simplemente en la profundización del modelo. El proyecto del gobierno, con el apoyo de sectores mayoritarios del Congreso así lo anuncian: ¡cambiar para seguir igual! Simple maquillaje. Es lógico que así sea, puesto que pesa más el Loby de los mercantilistas de la salud, las aseguradoras privadas y sus congresistas socios, que los reclamos todavía débiles de los usuarios y los trabajadores de la salud.

Sólo compartiremos una supuesta reforma o contrarreforma que contemple el establecimiento de la Salud y la prestación de servicios asistenciales como un derecho irrenunciable de toda la población; que acabe y ponga en cintura a los Intermediarios rapaces, corruptos, ineficientes e innecesarios que se apropiaron de los dineros públicos; que recupere la Seguridad Social Pública arrebatada en su manejo al ISS y Cajanal; que refinancie y fortalezca los Hospitales Públicos; que dignifique el trabajo de los profesionales y trabajadores de la salud; que garantice la estabilidad del empleo y su adecuada remuneración, capacitación, así como la autonomía técnica y científica en la definición del modelo de prestación del servicio; que establezca unos objetivos claros de que se quiere mejorar en condiciones de salubridad de la población y, sobre todo, que el sistema sea universal y sin exclusiones.

Obviamente, lo anterior significa un giro radical de las políticas del gobierno y el abandono de los compromisos internacionales de incondicionalidad y genuflexión, empezando por la liberación de recursos en propuestas tales como la condonación y renegociación de la impagable deuda externa.

Tarea difícil pero no imposible la anterior. Los retos están dados y lo más probable es que todavía no sea el momento del éxito de nuestra utopía, pero a ello no podemos renunciar. El sueño de salud para todos y todas es irrenunciable.

 

 
   
 
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