Resumen del Proyecto de ponencia sobre Salud y Seguridad Alimentaria (Presentada al seminario "Hacia la búsqueda de un nuevo modelo de salud")
CEDETRABAJO - CAPÍTULO MEDELLÍN
Por Jorge Alberto Gómez G.
Octubre 20 de 2004
Introducción
Una afirmación que parece redundante, que una alimentación completa y balanceada es vital para la vida saludable de los seres humanos, es la primera que hay que hacer para el análisis que nos proponemos. En el mundo se han desarrollado varios estándares de raciones mínimas recomendables para esa nutrición completa y balanceada, sustento de una vida saludable. Las naciones de la OCDE consideran que 3300 calorías y 101 gramos de proteína diarios lo son, mientras en las naciones de la C.E.I. y de Europa Oriental esta ración mínima diaria está establecida en 2907 calorías y 86 gramos de proteína.
Desde luego, esas raciones ideales corresponden a estilos de vida diferentes y son cifras promedio, pues no demanda la misma cantidad de calorías un niño que un adolescente o que un adulto mayor, ni tampoco es igual el consumo necesario o ideal de energía alimentaria para una persona cuya actividad laboral es sedentaria, como podría ser una secretaria o un portero, que para alguien que desarrolla trabajo físico pesado como por ejemplo un operario de apertura de canales con pala en una plantación de banano.
Sin embargo, los consumos promedio de kilo/calorías, o calorías diarias, y los de proteínas, dan cuenta del nivel nutricional de una sociedad ya que, sin excepción, los altos niveles de estos consumos promedio corresponden a naciones con alto grado de desarrollo económico o a potencias imperialistas, mientras los bajos corresponden a naciones denominadas en desarrollo, que en casi todos los casos corresponde a neocolonias.
Veamos algunos datos al respecto:
PAÍS |
Consumo K/calorías/persona día año 2001 |
Consumo gramos de proteínas día/persona año 2001 |
Estados Unidos |
3769 |
132 |
Austria |
3788 |
136 |
Francia |
3603 |
121 |
México |
3160 |
87 |
Uruguay |
2800 |
90 |
Argentina |
3145 |
99 |
Colombia |
2572 |
62 |
Cuba |
2607 |
64 |
Haití |
2041 |
45 |
Bangladesh |
2156 |
47 |
India |
2492 |
60 |
Camboya |
1973 |
44 |
Sudáfrica |
2894 |
95 |
Burundi |
1609 |
39 |
Costa de Marfil |
2588 |
62 |
Subrayamos el dato correspondiente a Cuba, ya que si bien no se encuentra en los niveles de los países desarrollados, sus niveles de consumo de proteínas y carbohidratos son superiores a los de Colombia, muy a pesar de que, quienes defienden nuestra subordinación a los designios norteamericanos, estigmatizan a esa nación independiente, con el argumento falaz de que la independencia significa hambre.
Como los anteriores datos son promedios, es obvio que hay habitantes que ingieren una dieta mucho más pobre, mientras otros superan con creces la media, y en el primer rango se encuentra la población que se considera desnutrida.
La desnutrición, responsable de manera directa del fallecimiento de 6'000.000 de niños por año en el mundo, y en el sólo departamento de Antioquia de 165 en el mismo periodo, se encuentra asociada, o es causa de la aparición de un sinnúmero de enfermedades, especialmente del tipo infecto contagioso, que causan la muerte de 25.000 seres humanos por día (unos 9'000.000 por año).
Después de la segunda guerra mundial, cobró fuerza en las naciones de occidente la noción de seguridad alimentaria como un concepto relacionado directamente con la seguridad nacional y, desde luego, con la soberanía de las naciones. Este concepto, como elemento político, lo podemos expresar con frases de reconocidos voceros del imperialismo norteamericano, su actual presidente en primer lugar, quien afirmó que: "Es importante para nuestra nación cultivar alimentos, alimentar a nuestra población. ¿Pueden ustedes imaginar un país que no fuera capaz de cultivar alimentos suficientes para alimentar a su población? Sería una nación expuesta a presiones internacionales, una nación vulnerable. Y, por eso, cuando hablamos de agricultura norteamericana, en realidad hablamos de una cuestión de seguridad nacional". ( George Bush, julio 27 de 2001).
Sin embargo, el concepto ha tenido algún desarrollo, especialmente por el impacto de las políticas de libre comercio implantadas en el mundo de manera muy particular después del fin de la guerra fría. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación, FAO por sus siglas en inglés, define seguridad alimentaria de la siguiente forma: "cuando toda la gente, en todo momento, tiene acceso físico y económico a suficiente alimento nutricional y en forma segura, con el fin de suplir sus necesidades dietéticas y preferencias alimenticias para una vida activa y saludable". Pero esta definición, evidentemente basada en el consumo, se contrapone a una más precisa y que sustenta la seguridad alimentaria de las personas en la soberanía alimentaria de las naciones, y que define que " la soberanía alimentaria es el derecho de cada nación y de sus gentes a mantener y desarrollar su propia capacidad de producir los alimentos básicos con la correspondiente diversidad productiva y cultural. La soberanía alimentaria es la condición previa de una auténtica seguridad alimentaria".
Las prespectivas de nuestra seguridad y soberanía alimentarias en el marco de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos
Es preciso afirmar, en primer lugar, que lo que se anuncia con el TLC con los Estados Unidos no es otra cosa que la aplicación del modelo neoliberal, pero ya no de manera parcial, sino al 100%. No estamos hablando de una nueva política, o del primer día de la creación, sino de la continuidad de la política de recolonización imperialista inaugurada oficialmente por Barco y Gaviria, y continuada sin pausa por los mandatarios siguientes. Los primeros 14 años de aplicación del modelo, han causado estragos en todos los indicadores de salud, nutrición, pobreza y desigualdad, como lo han evidenciado los últimos estudios conocidos sobre el tema, en particular el de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Humano, y el del C.I.D de la Universidad Nacional sobre Pobreza Bien-estar y Macroeconomía.
De manera paralela, estos indicadores de miseria y sufrimiento van acompañados de un indicador, que si bien no habla de manera directa de pobreza, desnutrición y deterioro de la salud de los colombianos, pues no indica si comemos menos o más, sino de cuáta comida somos capaces de producir, y que es el índice de dotación a cada habitante, nos muestra una caída paralela al bienestar. Veamos: En 1990, la dotación (la capacidad nacional de producir alimentos por persona), era de 58.79 Kilos en arroz, 33.7 Kilos en maíz, 6.45 Kilos en soya, 2.91 Kilos en trigo. En 2000 esas relaciones estaban así: 54.1 Kilos en arroz, 27.96 Kilos en maíz, 0.9 Kilos en soya y 1 Kilo en trigo. Es decir, la dotación por habitante en estos cuatro alimentos básicos, disminuyó un 20%. Esta baja de la dotación, está asociada de manera directa al crecimiento de las importaciones de alimentos, contabilizados en porcentajes de SEA (Suministro de Energía Alimentaria). Mientras entre 1964 y 1966, importábamos el 9% de nuestro SEA, cifra que se mantuvo relativamente estable entre esa fecha y 1991, en 1996 - 1998, este porcentaje ascendió al 34% según cifras de la FAO. Y eso que los aranceles aún no han llegado a cero.
AÑOS |
% importaciones SEA cereales |
% importaciones SEA aceite vegetal |
% importaciones SEA grasa animal |
% TOTAL IMPORTACIONES SEA |
1964-1966 |
6 |
1 |
2 |
9 |
1969-1971 |
8 |
0 |
4 |
12 |
1974-1975 |
8 |
1 |
3 |
12 |
1979-1981 |
10 |
3 |
3 |
16 |
1984-1986 |
10 |
3 |
3 |
16 |
1989-1991 |
8 |
2 |
2 |
12 |
1996-1998 |
28 |
4 |
2 |
34 |
La caída de nuestra producción, en lo que tiene que ver con cultivos temporales durante la primera etapa de la apertura económica, fue de un 30% en términos absolutos, mientras la de los cultivos permanentes fue de un 5%. Es evidente que detrás de la firma del TLC, sustituto del ALCA, está el interés de Estados Unidos de obtener el mercado aún no conquistado, en virtud de la aplicación del recetario del consenso de Washington, para sus excedentes agrícolas. Y es claro, también, que en competencia con Estados Unidos, nuestra producción agropecuaria no tiene nada que hacer frente a los portentosos subsidios que recibe la agricultura y la ganadería de esa nación. Aunque los costos de producción en Estados Unidos en casi todo están por encima de los precios del mercado mundial como lo vemos aquí, el respaldo estatal les permite mantener una producción próspera. Veamos el siguiente cuadro.
Relación entre costos de producción y precios internacionales en los
Estados Unidos. Promedio 2000 - 2002
Producto |
Costo de producción US$/T |
Precio internacional al productor US$/T |
Remolacha azucarera |
250 |
139 |
Arroz paddy |
187 |
100 |
Leche líquida |
369 |
161 |
Algodón |
1,733 |
842 |
Trigo |
195 |
113 |
Sorgo |
214 |
83 |
Cebada |
183 |
106 |
Maíz |
99 |
82 |
Solla |
231 |
175 |
Pero, para la competencia con los Estados Unidos en el tema agropecuario y de producción de alimentos, la discriminación de los tipos de ayuda aquí y allá, nos coloca en una desventaja aún mayor. El conjunto de medidas de apoyo, ayuda, subsidios, incentivos o protecciones, que una sociedad le brinda a una actividad productiva, y que sirvan para aumentar el ingreso de los productores con respecto al que tendrían en un escenario de "mercado libre", se denominan de manera genérica transferencias, y estas se clasifican en dos tipos:
a) Apoyos en frontera: restricciones a la importación, subsidios a la exportación y al consumo (Aranceles, CERTS, estímulos tributarios etc.)
b) Ayudas internas específicas y ayudas en servicios generales: precios de sustentación, estímulos al área sembrada, uso de insumos, pagos fijos, subsidios al crédito, investigación, desarrollo, sanidad, información, educación, infraestructura, vivienda etc.
Veamos ahora en cifras las diferencias de estas transferencias en la sociedad colombiana y la norteamericana.
Transferencias totales a los productores agropecuarios
País |
Promedio
2000-2002
(US$ millones) |
Porcentaje del
PIB Agropecuario
(%) |
Componente de apoyo en Frontera
(%) |
Componente ayudas internas o servicios
(%) |
Colombia |
1.143 |
11% |
77% |
23% |
Estados Unidos |
72.737 |
51% |
35.4% |
64.6% |
En este cuadro es bueno resaltar que, en las denominadas ayudas internas, para el caso colombiano, están incluidos los AGC (Apoyos Gubernamentales a Cafeteros), que sumaron US$ 45 millones en promedio en los años señalados, y todo el presupuesto de funcionamiento del Ministerio de Agricultura y los institutos descentralizados del sector agropecuario.
Los apoyos en frontera en nuestro país para el sector agropecuario, no son otros que los aranceles que se fijan de acuerdo al mecanismo de franjas de precios, es decir son variables. Veamos unos datos de los máximos niveles arancelarios anuales adoptados en los últimos cinco años, los cuales darán una idea cercana de la posibilidad de subsistencia de este renglón de la economía si se eliminan, tal como esta acordado de antemano en la supuesta negociación del TLC: cerdo 76%, pollo 184%, leche entera 70%, maíz amarillo 65%, arroz 82%, soya 56%, sorgo 70%, aceite de palma 105%, aceite de soya 97%, azúcar crudo 106%, azúcar blanco 98%.
Insiste el gobierno en que nosotros debemos dedicarnos a cultivar productos tropicales, y exportarlos para obtener los dólares necesarios para adquirir nuestros alimentos. Pero, de manera curiosa, sucede que de los 63 países más pobres del mundo, 48 son importadores netos de alimentos, o porque no pueden producirlos o porque, según la FAO, "les resulta más conveniente producir y exportar bienes agrícolas diferentes a alimentos y usar las divisas así obtenidas para importarlos". La diferencia poco importa, la verdad es que no producir alimentos, en casi todos los casos, es sinónimo de pobreza.
La importación de la dieta básica de la nación, con el argumento de que es muy conveniente comprar comida subsidiada en otras latitudes, para bajar el costo al consumidor y así mejorar los niveles de nutrición del pueblo, no resiste un análisis serio. Traigo a colación la conclusión acerca de los "alimentos" baratos para el pueblo, gracias a las importaciones de productos subsidiados, registrada en el Borrador de avance preliminar sobre los estudios preparatorios para la negociación del TLC con Estados Unidos, texto elaborado por encargo del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, por el reconocido investigador Luis Jorge Garay, que a la letra dice "No hay evidencia que sustente la hipótesis según la cual las reducciones en el precio de la materia prima básica importada se transfiere a los diferentes eslabones de la cadena, en particular al consumidor final de bienes agroindustriales (Ejemplo: cadena de maíz, alimentos balanceados, avicultura).
La gran estrategia para defender la producción agropecuaria en la negociación del TLC la expresó recientemente el Viceministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, quien proclamó a los cuatro vientos que Colombia no va a entregar al sector agropecuario, porque "va a dejar abierta la posibilidad de fijar salvaguardias para aplicarse después de la entrada en plena vigencia del TLC, y para contrarrestar eventuales inundaciones de nuestro mercado al amparo de apoyos a las exportaciones". Valiente "estrategia", no nos defenderemos de las ayudas internas que son las que nos han hecho y nos van a seguir haciendo daño, pero además, los mecanismos defensivos, solo se aplicarán después de que todos los aranceles hayan llegado a cero!!!. Como decimos en Antioquia, "después de ojo afuera, no hay Santa Lucía que valga".
Los indicadores de salud, directamente ligados al problema de la pérdida de capacidad para producir nuestra propia comida, no quedan mejor librados en estos casi tres lustros de apertura. La población colombiana, ubicada en el rango de desnutridos, equivale al 13% del total, lo que da cuenta de una gravísima situación que afecta a casi seis millones de compatriotas. Pero hay tres indicadores que dan buena cuenta del retroceso de la nutrición de nuestros niños, que son la INSUFICIENCIA PONDERAL (Peso deficiente para la edad), LA EMANCIACIÓN (Peso para la talla) y EL RETARDO EN TALLA (Talla para la edad). Estos indicadores, en sociedades con altos niveles de desnutrición como la nuestra, deben mejorar a altas velocidades. El cálculo de la FAO, para los quinquenios comprendidos entre 1989 y 1994, y 1995 y 2000, muestran una considerable desaceleración en sus tasas de decrecimiento. Veamos la siguiente tabla.
INDICADORES |
Decrecimiento
1989-1994 |
Decrecimiento
1995- 2000 |
Retardo en talla en niños menores de cinco años |
-24% |
-7% |
Insuficiencia Ponderal en niños menores de cinco años |
- 38% |
-12.5% |
Emanciación en niños menores de cinco años |
-52% |
-32% |
Es evidente que, con la profundización de la apertura, por la vía de firmar un TLC con Estados Unidos, esta situación se agravará indefectiblemente.
Conclusiones y Perspectivas
A manera de conclusiones, enfatizamos las siguientes afirmaciones:
- La reducción de las áreas de cultivos temporales, que son por definición los pilares de la dieta básica de la nación, asociadas a la aplicación de la apertura económica, con el supuesto contrapeso de un aumento en nuestros cultivos tropicales para la exportación, se profundizará con la firma del TLC con los Estados Unidos. Es evidente que no podrán nuestra producción nacional de arroz, maíz, fríjol, papa, soya y sorgo; como tampoco la de leche, carne de pollo, res y cerdo, y huevos, competir con las portentosas ayudas internas que la sociedad y el estado norteamericano otorgan a sus agricultores y ganaderos.
No es cierto que la producción con destino a la exportación pueda compensar siquiera en parte el arrasamiento de nuestra producción de la dieta básica. En primer lugar, porque nuestros productos tropicales entrarán a competir con los de otras naciones de igual condición a la nuestra, y en un mercado caracterizado por la superproducción, y porque al desmonte de una hectárea de cultivo de arroz o maíz, no puede ser reemplazada por una de uchuva o pithaya.
El modelo económico que se profundiza mediante la suscripción del TLC es más un modelo de importaciones que de exportaciones. Por esta razón, no se ve cómo las segundas van a compensar las primeras, y cómo se van a adquirir los dólares necesarios para la compra de nuestra dieta básica, como no sea por la vía del endeudamiento o la venta de lo poco que queda de nuestro patrimonio público e, incluso, del aparato productivo nacional.
- La ya deteriorada condición nutricional de nuestro pueblo se acentuará al perder en mayor medida nuestra SEGURIDAD ALIMENTARIA, en virtud de la desaparición de nuestra SOBERANÍA ALIMENTARIA.
- Los costos de este deterioro no solo se verán en los indicadores de desarrollo humano, sino en términos de requerimientos para la atención de enfermedades que no existen sino asociadas al hambre. El crecimiento de este tipo de enfermedades presionará un mayor gasto en salud con relación al PIB, mientras se reducen los ingresos tributarios de la nación en virtud de la eliminación de los aranceles. Se calcula entre 3 y 6 billones de pesos la reducción de los ICN por este concepto.
- El programa del frente de lucha que se conforme en la defensa de la salud pública y la seguridad social debe recoger la exigencia de defender nuestra SOBERANÍA ALIMENTARIA, sin la cual no habrá, de manera alguna, garantía de una alimentación completa y balanceada para nuestro pueblo y, en consecuencia, la salud de la nación en su conjunto, pero muy especialmente de los sectores más pobres, sufrirá una mayor mengua.
Debe quedar también claro que no es con "asistencialismo" u otorgando limosnas, que se resolverá el problema de la alimentación y la nutrición del pueblo. Esas medidas, incluso las que se hacen con buenas intenciones, terminan sirviendo de complemento necesario para la empresa de saqueo y expoliación que elimina nuestra SEGURIDAD y nuestra SOBERANÍA ALIMENTARIA.

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