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Wilson Quintero Restrepo...

Un luchador de la vida

Nuestro "asmedista destacado" en esta edición de Momento Médico, la primera de 2005, egresó de la Universidad de Caldas en 1974, y con gran orgullo manifiesta que es un médico producto del movimiento estudiantil de los años setenta, uno de los más fuertes en toda la historia de Colombia, por lo cual se considera un afortunado histórico. Se trata de Wilson Quintero Restrepo, médico ginecoobstetra, oriundo del municipio de Florencia departa-mento de Caldas, radicado en la ciudad de Medellín desde 1977, quien recibió con gran sorpresa y muy humildemente, este nombra-miento que le hicieran la Junta Directiva de Asmedas Antioquia y el Comité Editorial de Momento Médico.

Wilson Quintero se afilió a Asmedas hace ya 27 años y medio y confiesa que su experiencia de haber participado en el movi-miento estudiantil de los años setenta fue inmensamente fructí-fera en su formación personal y profesional porque le permitió iniciarse en el aspecto gremial y sindical y allí entendió, aún más, comprendió, que para una persona poder defender sus derechos desde todo punto de vista, era necesaria la unión y el trabajo colectivo, es decir, el trabajo de gremio.

Cargos desempeñados

Laboró como médico general y docente en ciencias básicas de la Universidad de Caldas; cerca de dos meses en La Dorada Caldas como médico; más tarde se especializó en gineco-obstetricia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia. Trabajó año y medio en el Seguro Social; luego se vinculó a la Universidad de Antioquia y permaneció 20 años como profesor en el departamento de Ginecoobstetricia. También ejer-ció en el Hospital Universitario San Vicente de Paúl como médico de planta. En el Alma Máter se desempeñó como Jefe de Pos-grado en la Facultad, como Jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia, y más tarde se dedicó a la cátedra y se involucró un poco más en la parte gremial en la Asociación de Profesores donde fue delegado, también vocal en la Junta Directiva y posteriormente fue nombrado representante profesoral al Consejo Superior Universitario. Se jubiló hace dos años y medio y actualmente labora en su consultorio privado y tiene un contrato con el Hospital de Yarumal como médico gineco-obstetra durante los fines de semana. Además de la medicina, le gusta el deporte, especí-ficamente el ajedrez, y fue durante 4 años, a partir de 1997, presi-dente de la Liga de Ajedrez de Antioquia.

Sus inicios en la lucha gremial

“A pesar de que el movimiento estudiantil de comienzos de los años setenta estaba conformado por muchachos muy jóvenes y que no se obtuvieron los resultados esperados, que era la crítica que nos hacía la sociedad de ese entonces, yo creo que avanzamos considerablemente en la lucha, logramos una parálisis casi nacional; se logró cambiar un poco las estructuras de gobierno de las universidades donde la participación estudiantil era prácticamente nula y, además, muy foránea la administración de la universidad”, afirma el doctor Wilson Quintero, quien también asegura que fueron experiencias muy agradables en los planos personal y profesional, ya que con los planteamientos se logró que fueran escuchados por la sociedad así como por las altas esferas del Gobierno de esa época. “Recuerdo que tuvimos algunos acercamientos con el, en ese entonces, ministro de Educación doctor Luis Carlos Galán, y ese hecho marcó una huella imborrable en mi vida”.

28 años de realización profesional

Realizó su año rural en el municipio de Florencia, departa-mento de Caldas. Aunque fue una experiencia muy positiva, también reconoce que fue muy difícil en el sentido de que se carecía de recursos para el desarrollo de su trabajo profesional, producto de una reforma que empezaba a sufrir en esa época el Sistema de Salud colombiano, lo que se conoció con el nombre de Plan Nacional de Salud, el cual fue replanteado casi 20 años después, con la entrada en vigencia de la Ley 100: “Dicho Plan Nacional de Salud se implementó un poco antes de finalizar mi carrera y al comenzar mi año rural, por lo cual aún no estaba bien estructurado; allí se planteaba la pretensión estatal del aumento de cobertura de los servicios de salud e involucraba exageradamente al profesional médico en la atención al paciente no tanto en la calidad del servicio, en su apego a la comunidad, en su conocimiento de la comunidad, en sus logros desde los diferentes puntos de vista del conocimiento, sino en el número de pacientes atendidos. Recuerdo que se tenía muy en cuenta al médico que más consultas atendiera y ese era para el Ministerio, supuestamente el mejor profesional. Yo no niego que este es un aspecto importante del acto médico, pero quedan otros tantos que no pueden descuidarse y que favorecen a la comunidad.”

Aspectos como los señalados anteriormente, empezaban a formar una larga lista en el libro de quejas y reclamos de muchos médicos del país, situación que llevó a que dichas inconfor-midades fueran planteadas en las esferas sindicales del gremio. Al respecto, el doctor Wilson Quintero afirma: “El problema real de la salud no era el aumento de cobertura por el sólo hecho de incrementar la atención, pues no se tenían en cuenta indicadores como la calidad en el servicio, la calidez, la eficiencia, entre otros; considerábamos que el Plan era más demagógico que práctico, y eso al principio nos costó mucho trabajo en el año rural, lo que nos llevó a gran cantidad de colegas a ingresar a los gremios para, desde allí, empezar a luchar por ese cambio que exigía el sistema de la atención a ultranza de los pacientes sin mirar siquiera la calidad de la misma”.

La realidad de los médicos

“Mi procedencia es de un estrato popular; por ello, siempre miré al médico como un personaje inalcanzable, intocable. Y algo que me enseñó a mi la vida, al estar dentro del gremio médico, fue entender que la realidad no era así, que yo vivía engañado, y que históricamente los médicos no hemos podido comprenderlo y creo que de ahí viene el individualismo en la lucha gremial, muchos no aceptan que el médico es un ser humano común y corriente y que puede tranquilamente agremiarse. Por eso, mi vida se ha desarrollado siempre dentro del aspecto gremial; incluso he luchado por hacer comprender a otros colegas su real posición. Yo soy un convencido, al igual que todos aquellos que han mirado el gremialismo como una opción de lucha, que dicha lucha debe ser permanente y soy un convencido de que, así no se haya logrado lo que se busca, lo importante es lograr que la lucha se perpetúe, y sean otras generaciones quienes puedan hacerlo. Esa es la filosofía de la vida…una lucha perma-nente. Si uno como médico no es un luchador (pero no dentro de lo individual sino dentro de lo colectivo), ¿cómo haría para decirle al paciente en la consulta que luche, así sea contra su enfermedad? Y con respecto a la Ley 100, ¿cómo lucharía para que se hagan efectivas las condiciones a las cuales se tiene derecho? Si uno no ha aprendido el verdadero sentido de lucha, aún dentro de lo gremial, eso no se logra”.

“Así mismo, pienso que el médico tiene que ser sensible ante la situación que enfrenta un paciente y entender que si éste se enferma no es su culpa; uno no es pobre porque quiere serlo. Hay que buscar beneficios y soluciones desde lo colectivo, no desde lo individual. Caso concreto es lo que ocurre con los Usuarios de los servicios de salud: Cuando oigo hablar de las Ligas de Usuarios y de las reuniones que realizan las EPS con ellas, creo que se trata más de aparentar que de otra cosa, porque a los Usuarios realmente no se les enseña sus derechos; si así fuera, ellos aprenderían a lucharlos, pero no; y el Médico debería estar ahí, en esa enseñanza, porque eso hace parte, además, de la atención en Salud.

Asmedas por la unidad del gremio

Wilson Quintero resalta la importancia de los esfuerzos del sindicato médico de Asmedas en lograr que el gremio se una en torno a unos objetivos comunes, pero reconoce que la situación ha sido adversa y muy difícil, lo que le ha impedido encontrar un punto de unión en donde se logre compactar y poder mejorar las condiciones de trabajo. “Lo más importante, por lo menos, es que dentro del gremio hay conciencia de que los médicos estamos mal desde muchos puntos de vista y que necesitamos juntarnos”, ratifica.

La Ley 100 resta al Acto Médico y a la Ética

El asmedista considera que lo más perverso de la Ley 100 fue haberse involucrado en el Acto Médico, en la relación médico – paciente, provocando con ello una violación a la ética profesional, y el haber convertido la salud en una mercancía, en un negocio al que sólo puede acceder quien tenga dinero. Además, que el Acto Médico es una relación muy sagrada, concepto éste que no se enseña en las facultades de Medicina pero que se aprende y se intuye en la práctica profesional. “Me parece tenebroso que un médico mande una radiografía y sea un administrador, ni siquiera otro médico, quien finalmente decida si se cumple o no esa orden médica. Esto es involucrarse en el acto médico; ni yo, que soy médico, puedo opinar ni cuestionar la orden emanada de otro colega. Para yo cuestionar eso, mínima-mente tengo que examinar al paciente y conocerlo. Y ante eso el médico se ha dejado manipular porque, aunque se han hecho denuncias, no hay una protesta unificada que busque contrarrestar esa medida”.

Asegura, además, que la salud en Colombia tiene los recursos suficientes para ofrecer una buena atención y un buen servicio pero que el problema es que los recursos se están desviando (la intermediación, las EPS, la corrupción, el gobierno mismo, etc.): “La UPC plantea un porcentaje por la administración de los servicios el cual no es ni la quinta parte, es casi un 22% si mal no recuerdo, y la intermediación se está llevando más del 50%, eso está comprobado”.

La Ley 100: Una ley insolidaria

“Pienso que la Ley 100 acabó con la solidaridad en salud. Antes de entrar en vigencia, recuerdo, por ejemplo, que cuando un paciente necesitaba un trasplante y no tenía recursos, el Seguro lo admitía y, si al mes de estar cotizando resultaba el trasplante, el Seguro cubría ese gasto. La solidaridad, pues, consistía precisamente en eso, en que muchos pacientes cotizaban al Seguro aunque no utilizaran sus servicios porque no lo necesitaban, pero esa era la real y verdadera solidaridad: Si yo no uso ni abuso del recurso del Sistema, pero hay personas que lo necesitan, yo no tengo ningún problema en que mi aporte se utilice para ese otro paciente que sí lo requiere. Hoy la situación ha cambiado: un claro ejemplo lo tenemos en la atención por enfermedad catastrófica que resulta ser un desastre, que generalmente se logra por las tutelas que colocan los pacientes; la verdad es que se abusa de la ignorancia de los pacientes y del pueblo, muchos se van muriendo porque desconocen los trámites legales o se aburren con tantas vueltas o porque no tienen quién los ayude. Entonces, ahí no hay ninguna solidaridad. Si yo estoy trabajando como médico en un sistema que para mi es insolidario, de hecho yo me convierto en insolidario. Por eso, a muchos médicos nos importa muy poco, casi nada, si al otro colega lo echaron, pues yo tengo mi empleo y tengo que seguir viviendo. ¡¡No, eso no es solidaridad!!”.

El desempleo médico

“Hay desempleo médico pero no porque no haya trabajo sino precisamente por toda una serie de irregularidades existentes al interior del Sistema que impiden que se genere empleo. Además, y aunque parezca paradójico, generar el desempleo médico favorece toda esta serie de situaciones. En mi concepto, esto es lamentable más cuando los recién egresados son evaluados por número y volumen de exámenes que manden, por las remisiones a los especialistas, por el tipo de medicación que formulen la cual debe estar contenida en el POS y que no permita que los pacientes de pronto tengan posibilidad de exigir por otro lado un derecho sobre el uso de determinada droga. Entonces los médicos se ven constantemente sometidos a esta situación y sé también de la cantidad de dificultades a que se ven sometidos para enfrentar esa realidad, lo que se convierte en otro punto que, indiscutiblemente, afecta la ética profesional”.

Las facultades deben involucrarse más

“Yo creo que a las universidades, más concreta-mente a las facultades de salud, les compete analizar el sistema de salud y hacer propuestas que lo beneficien, pero realmente ellas no lo hacen. Al médico y a otros profesionales les dan el cartón cuando se gradúan pero hasta ahí. Claro que en los últimos años, con la creación de algunas asocia-ciones de egresados y la reali-zación de algunos encuentros de profesionales, las universidades, aunque todavía tímidamente, han comenzado a tomar cartas en el asunto. Sin embargo, les falta involucrarse mucho más.”

Las nuevas generaciones médicas

“A los recién egresados, a los residentes, a los internos, etc., les he recalcado constantemente la necesidad de agremiarse, organi-zarse y luchar colectivamente por los derechos profesionales, laborales, económicos, perso-nales. Las Cooperativas de Trabajo Asociado se quedan cortas ya que lo único por lo que luchan es por las reivindicaciones salariales y se olvidan de su bienestar personal, de su estabilidad incluso emocional, cosa que Asmedas, como sindicato que nos representa a escala nacional, sí ha hecho”.

Afirma el doctor Quintero que el médico ha caído en una vil trampa: Se le ha hecho creer que gana más que los profesionales de otras áreas del conocimiento y que eso no es justo; pero se ha olvidado que los médicos también trabajan más: “Si miramos la relación hora/salario, el costo hora profesional nuestro es mucho más bajo; lo que ocurre es que el médico tiene una posibilidad que muchas profesiones universitarias no la tienen; por ejemplo, un abogado no trabaja de noche. Afortunada o desafortunada-mente, al profesional médico se le puede ir todo el día y toda la noche ejerciendo su profesión si es necesario y él no puede, éticamente, negarse, pero yo creo que debiera existir una mínima recompensa por su esfuerzo laboral; pero eso muchos no lo entienden”, comenta.

(Entrevista realizada por Luis Reinaldo Franco Restrepo, Comunicador Social Periodista de Asmedas Antioquia)


 
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