Muchas de sus políticas domésticas e internacionales de salud son polémicas
(Traducción realizada por el médico Carlos Alberto Giraldo Giraldo, Presidente de Asmedas Antioquia, del Editorial de British Medical Journal de enero de 2005, 330: 155-156 (22 january, doi:10.1136/bmj.330.7484.155), escrito por Martin McKee, Profesor de Salud Pública de Europa)
Cuando George W Bush regrese a la Casa Blanca después de la ceremonia de posesión, es improbable que la salud esté en el primer lugar de su agenda. En los meses siguientes, él deberá idear las estrategias para sortear los problemas presupuestales y un déficit en la balanza comercial sin precedentes, y preparar el terreno para la salida de una guerra cada vez más impopular como la de Iraq. Aún así, más muchas de las otras decisiones que él y su administración deben tomar, tendrán conse-cuencias profundas para la salud de los americanos y de habitantes de muchos otros países.
Que el Sistema Americano de asistencia sanitaria está en dificultades es de dominio público hace mucho tiempo, a pesar de gastar grandes y crecientes cantidades de dinero (tres veces más por persona) que Suiza, el país que le sigue en inversión en salud. A diferencia de los otros países industrializados, Estados Unidos no procura propor-cionar la cobertura en salud para todos sus ciudadanos, y el número de personas no aseguradas ha aumentado de 42 a 45 millones en los últimos cuatro años. Aunque el país gaste casi 15% de su ingreso nacional en la asistencia médica, sus resultados son desalentadores, con morta-lidades entre jóvenes con algunas enfermedades cróni-cas comunes tres o cuatro veces más alta que en países europeos. Las reformas que se proponen contienen algunas ideas potencialmente buenas, tal como la reforma de la ley de reclamos por mala práctica, el aumento de los centros de salud comunitarios y la ayuda para las pequeñas empresas para que se conviertan en compradores de seguros más efectivos. Otras son franca-mente desenfocadas, como el concepto de cuentas de ahorros de salud.
Un individuo inscrito en una cuenta de ahorro en salud recibe cubrimiento para las enfermedades catastróficas. La otra asistencia médica debe ser pagada primero por el individuo, hasta un límite definido (típicamente varios miles de dólares), después de lo cual pueden utilizar el fondo libre de impuestos que ellos y sus empleadores han pagado. El dinero de estos fondos que se gasta durante el año se traslada a un fondo para cualquier necesidad futura. Las cuentas llaman la atención de personas ricas que tienen más inclinación a abandonar los esquemas existentes. Los demás son desproporciona-damente pobres y enfermos y encarará las primas más altas debido a la pérdida de las subvenciones cruzadas, lo que aumenta aún más el número de personas no aseguradas.
Otras políticas domésticas posiblemente despertaran polémicas. El cambio esperado en la composición de la Corte Suprema facilitará una revisión de la legalidad del aborto. Las políticas sociales acentuarán los criterios fundamentalistas con respecto a la sexualidad y las relaciones familiares, con una educación sexual basada en el modelo ineficaz de promover la abstinencia. Como resultado, la tasa ya alta de embarazos adolescentes es probable que se incremente.
Como Estados Unidos quedó como la única superpotencia global, las políticas adoptadas en Washington tienen implicaciones para todo el mundo. La administración de Bush ha mantenido una campaña sostenida contra el multilateralismo, procurando bloquear la acción en asuntos tan diversos como el calentamiento global y las minas antipersonales. Ha decidido que la Convención de Ginebra no aplica a algunos de sus presos y se ha negado a aceptar la autoridad de la Corte Penal Internacional. Las Naciones Unidas han sido objeto de ataques mordaces por parte en los medios de comunicación americanos, y la administración de Bush ha buscado, donde es posible, liderar coaliciones con los que estén dispuestos a desconocer Las Naciones Unidas y sus agencias especializadas. Un ejemplo es el Plan Presidencial de emergencia para el Alivio del SIDA que existe en paralelo con el fondo global de lucha contra el SIDA, la Tuberculosis, y la Malaria, desviando recursos necesarios. El plan presi-dencial de emergencia ha sido lento en el gasto del dinero disponible, y mucho de lo que se ha gastado ha sido utilizado para comprar costosas drogas patentadas en vez del genérico más barato.
Tales mecanismos son atractivos para la adminis-tración en tanto proporcionan medios para proyectar las políticas domésticas en, por ejemplo, la sexualidad, a muchos otros países, un proceso ayudado por la regla del sometimiento global según la cual cualquier organización que reciba fondos del gobierno americano debe compartir el propósito de no asistir a quienes buscan consejo para abortar y no hacer gestiones para la legalización del aborto. Algunos signos, sin embargo, muestran la disposición de la administración de revisar este enfoque como lo ilustra su rápido abandono de la coalición de los cuatro países que se creó para proporcionar alivio a las víctimas de la tsunami en el Océano Índico.
Como otro segundo período, el Presidente Bush W. tendrá un ojo puesto en su lugar en la historia. El epitafio más grande para un político es que é ha dejado el mundo en un mejor estado que en el que lo encontró. La historia lo juzgará.
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