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En la lógica del mercado, el sector privado no puede generar seguridad y bienestar
 

Entrevista realizada el 16 de noviembre de 2004 por los doctores Marlene Cardona A., Economista Universidad de Antioquia, PhD en Ciencias Sociales Colegio de la Frontera Norte México; y Carlos Alberto Giraldo Giraldo, Presidente de Asmedas Antioquia, Médico Psiquiatra Universidad de Antioquia.

El actual Congreso de la República no pasará a la historia como aquel que realizó un debate profundo sobre nuestro sistema de seguridad social. Los asuntos fundamentales se han soslayado. No se han formulado preguntas como: si el modelo de desarrollo económico sobre el cual se asienta la seguridad social realmente produce bienestar y seguridad para los asociados; cómo es posible que una economía estructuralmente inestable puede generar recursos estables para la financiación del sistema; cómo puede proveerse el ciudadano del común la salud y los servicios que el sistema no alcanza a suministrar; cómo es que los actores privados pueden confluir para generar un bien público; qué es lo prioritario la prestación de servicios o la salud. Por el contrario, las preguntas que han circulado han sido más del tipo: cómo hacer para aumentar el número de asegurados; cuántos deben ser los administradores del régimen; cuántas deben ser las etapas del flujo de los recursos; cómo regular y controlar el sistema.

El que sea uno y no otro el énfasis, no es consecuencia de una omisión involuntaria, sino que refleja que la voluntad política no es mejorar el nivel de salud de la población, sino disponer de unos recursos para ponerlos a circular en el entorno financiero y someter lo servicios de salud a la lógica del mercado. Es un viejo debate –del siglo XVIII- que enfrentó a Adam Smith y David Ricardo con Jeremy Bentham y John Stuart Mill. Es la contraposición al clásico laissez faire, a la armonía natural de los intereses de los individuos y el darwinismo social, con la necesidad de buscar activamente la mayor felicidad para la mayoría de los asociados, la responsabilidad del gobierno de buscar una armonía artificial de los intereses y la desconfianza ante las fuerzas del mercado como fuente de bienestar y felicidad.

Afortunadamente, el país se está sacudiendo del pensamiento económico único, de una fuente monopólica de obtención de los datos y de las interpretaciones oficiales de los fenómenos económicos. Para muestra, el debate que se generó recientemente con relación a la medición de la pobreza que realizó el Departamento Nacional de Planeación y la forma de interpretar los datos que propuso el Centro de Investigación del Desarrollo de la Universidad Nacional del cual es director nuestro entrevistado el doctor Jorge Iván González.

¿Por qué usted siempre coloca el sector salud como un caso ejemplar de por qué no se pueden someter algunos sectores de la economía a las reglas de juego del mercado?

Jorge Iván González: Los países más importantes tienen la salud como un problema del Estado. Para México, Estados Unidos, Europa, los grandes programas de salud son estatales. La salud no se puede financiar de la manera como se pretende en el país, la única forma de financiarla en el mundo es con recursos del Estado, con impuestos. Con el sistema de cotizaciones cada día se hace más angustioso porque la programación de un año adicional de salud se hace más y más costosa. El hecho de que la población del mundo tienda a envejecer es una de las explicaciones del incremento incontrolable de los costos. Por lo tanto, la única forma de resolver el problema de salud es a través de programas estatales financiados. No se puede pretender que con cotizaciones de los aportantes privados se resuelve el problema de salud del mundo, de la sociedad.

De otro lado, dado que el bien salud es muy pantanoso en cuanto a su valoración, no hay un bien salud definido y, por lo tanto, no hay un sistema de precios que le corresponda, no hay ninguna forma de precisar cómo actúa la salud en un mundo de mercado porque es un bien muy etéreo. Entonces se presentan aproximaciones de mercado como la Ley 100 que, de todas maneras se quedan siempre lejos de lo del mercado por tratarse de un bien tan complejo (salud, vacunación, son dimensiones tan enredadas que el sistema de precios no las puede captar). Yo creo que el mundo cada día se está convenciendo más de que si la salud no se trata como un problema de Naciones Unidas o de los grandes gobiernos no se podrá manejar. Basta imaginarse, por ejemplo, drogas para el SIDA sin intervención ni control del monopolio; además, está el control de patentes y las peleas con las patentes de las multinacionales. ¿Quién pelea con ellos? Los estados o, sino, nos aniquilan a todos.

Otro punto que nos parece muy delicado es la alianza tan directa que se ha construido entre el Estado o Gobierno y el sistema financiero. ¿Cómo pudiera romperse dicha alianza?

La Ley 100 es estatal pues fue aprobación del Congreso, y considero que eso ha sido muy dañino. Las instituciones privadas han demostrado más ineficiencia que las del sector oficial. Antes de la Ley 100, las entidades se demoraban para pagar, pero ahora hay demoras en el pago por parte de las EPS hasta de tres años. Las EPS y ARS tratan de llevar la situación hasta el límite máximo de la contención de la demanda: personas que se mueren en el camino hacia la atención; los tratamientos de SIDA que se están haciendo en Bogotá son un ejemplo: como el gobierno obligó a las EPS a atender personas con SIDA, éstas son atendidas en Ciudad Bolívar, y son muchas las personas que tienen que transportarse a ese lugar, lo cual les demora hasta más de dos horas. Si usted es de clase media o media alta, le toca ir al hospital más pobre de Bogotá para que lo atiendan por SIDA.

Las EPS tienen formas de desestimular la demanda con la demora en la atención. Estos son mecanismos muy perversos que utiliza el sector privado, más ineficientes que en el modelo anterior; además, nunca se habían cerrado tantos hospitales como está ocurriendo actualmente. Se trata de una situación muy grave: Sistema Privado ineficiente y Sistema Público en proceso de cierre. Pero, bueno…en alguna medida se ha ido tomando conciencia de esta realidad.

¿Cuál s su concepto sobre el asunto de lo privado en salud, ya que este toca muchos aspectos de la salud como el funcionamiento de las EPS, la administración de la capacidad instalada asociada a que las IPS sean Empresas Sociales del Estado y la aplicación de las teorías empresariales al sector salud?

A las IPS públicas las están obligando a que tengan la misma o más rentabilidad que a la del sector privado cuando no pueden tenerla y una razón, entre otras, toca el aspecto de la seguridad social y la dificultad de manejar la salud. Un médico no sabe cuánto tiempo deberá permanecer un paciente hospitalizado ni cuánto medicamento habrá que suministrarle. Las estrategias que utiliza una entidad hospitalaria pública para lograr una producción óptima son diferentes a las que utiliza una privada, por su misma naturaleza, y no existen modelos económicos claros que determinen cuál debe ser el nivel óptimo de una y otra, pues existen factores externos (fluido eléctrico, terremotos, etc.) que pueden, en un momento determinado, alterar el funcionamiento normal de dichas entidades de salud y cambiar, lógicamente, su estado de producción.

¿Qué opinión le merece la fusión de los ministerios de Salud y de Trabajo y Seguridad Social en uno solo, el de la Protección Social?

Nunca estuve de acuerdo con esa fusión porque, si miramos bien, el aspecto de protección social es mínimo, casi nulo; además, me parece que la racionalización de recursos que se pretendía con esa fusión no se da realmente.

En esta reflexión que nos deja el doctor Jorge Iván González, es importante resaltar la discusión de lo público y lo privado y la forma de administrar los recursos para una sociedad. Esta búsqueda es sólo por el bienestar y el bienestar de la sociedad, por su felicidad.

 

 
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