Por Eduardo Cano G.
Médico Salubrista
-¿Te has fijado Isabel en el juguete que está haciendo furor entre los niños?
-Claro Aníbal, eso es un hecho: ¡el llamado transformer! No se habla de otra cosa.
-Bueno ahí está resumida la ideología del mundo capitalista en estos momentos. Se trata de un juguete con una estructura definida por sus herrajes, pero que está dividida en módulos o partes coyunturales, cosa que le permite al artefacto adoptar múltiples formas según el deseo del niño. Puede pasar de dinosaurio a robot y de éste a avión o a vehículo terrestre o a buldózer. Es una perfecta estructura funcional que se adapta al gusto del usuario sin abandonar su estructura original férreamente rígida por sus coyunturas, a tal punto que si el niño las fuerza demasiado el juguete se rompe. La idea es que todo se puede cambiar sin que nada cambie.
-Gravísimo para la psicología infantil, Aníbal, pues le está mostrando al niño la forma de ser oportunista y de no comprometerse con una forma definida en la vida. La importancia de ser flexible y transformarse según las necesi-dades que se pidan o exijan. El oportunismo formal de las estructu-ras funcionales. Niklas Luhmman y su sociedad como sistema servido a la carta.
-Claro Isabel, y es esto lo que está pasando con el sistema de competencia en el mercado en el país y, quién lo creyera, también con la mentada reforma de la Ley 100. En ambos casos, tanto en la estructura de la compe-tencia como en la de la Ley 100, estamos en presencia de estructuras que todo el mundo sabe que son perjudiciales e inade-cuadas, pero que no se modifican, sino que se transforman, se reordenan. Hacen como el niño con su transformer: le mueven una pieza para allá y otra para acá, le rotan otra hacia la derecha y otra hacia abajo y milagro, aparece un reordenamiento como dicen en el proyecto de ley que pretende reformar la Ley 100 de 1993.
-Aníbal, es más que vergonzoso eso del reordenamiento en un proyecto que pretende dizque reformar una Ley. Aprovechando las vacaciones de fin de año, yo reordené mi apartamento. Cambié de lugar el sofá, volteé la mesa del comedor y puse los cuadros que estaban en el comedor en la sala y la camita la puse con la cabecera para el sur y los pies frente a la puerta, así los orientales digan que eso es malísimo para la energía del Fen- Shu. Eso sí, en el baño no pude hacer nada, porque para entrar allí me tengo que bajar las braguitas afuera y entrar en reversa, pero no tenía más que hacer. Pero según la ideología del transformer, he reformado mi apartamento.
-Así es Isabel, debes estar orgullosa de tus capacidades reformadoras, ¡eres una gran reformadora! Qué diría Núñez de este tipo de reformas. Debe estar revolcándose en su tumba el viejo, al menos muy avergonzado allí al lado del Capitolio con las reformas modernas. Lo malo de todo esto es que nadie sabe si todas estas movidas, tipo transformes, que para los niños son muy divertidas, aunque con consecuencias impre-visibles para su futura psicología, serán convenientes para la salud del pueblo colombiano. Pero, ante todo, debemos aceptar que cualquier sistema de salud tiene tres componentes fundamentales y que las reformas propuestas no tocan en su fundamento ninguno de estos componentes.
-A ver, Aníbal, déjame a mí yo te digo cuáles son los componentes fundamentales de un sistema de salud, ¿quieres? o ¿vas a seguir hablando tú solo? Primero estructura organizacional, segundo financiamiento y tercero el modelo de aseguramiento. ¿Estamos de acuerdo?
Repite médico: según nuestro propósito, porque todo sistema de salud debe tener un propósito, diseñamos un modelo de organi-zación, luego valoramos el modelo de organización para saber cuánto nos va a costar y cómo lo vamos a financiar y, por último, escogemos un modelo de aseguramiento para saber cómo vamos a asegurar a la población, si con fondos del Estado o con fondos del bolsillo del usuario o con fondos mixtos, del Estado y de la población.
-De acuerdo Isabel, pero anali-cemos cada uno de los componentes por separado. Empiezo yo:
-No hay en el proyecto de reforma que hoy cruza en el Congreso, ninguna nueva organización que apunte a mejorar el caos existente en la actualidad. Se habla entre gallos y media noche de redes de atención, pero no se aclara de qué se trata, y se sigue privilegiando las instituciones hospitalarias de alta tecnología. Por otro lado, se trata de desestimular la integración vertical, horizontal y patrimonial, cuando este mecanismo en sí mismo no es malo y tiene que hacer parte de cualquier tipo de redes que aspire a funcionar. Lo malo es que sólo se integren horizontal, vertical y patrimonialmente algunas entidades privadas, para capar costos y constituir monopolios. ¡Eso sí es muy grave! Pero la integración vertical, horizontal y patrimonial debe darse para configurar redes de atención con la participación de instituciones públicas y privadas de un área determinada con base en alianzas estratégicas.
-¿Qué opinas, Isabel, de una alianza estratégica entre el Hospital General de Medellín, Metrosalud y otras instituciones, públicas y privadas, por zonas de la ciudad? Eso sería algo nuevo y efectivo en donde se podrían tener todos los niveles de atención desde la atención primaria hasta el nivel más especializado.
-Y lo mejor es que las Escuelas de Medicina, incluidas las nuevas, tendrían campos de práctica en abundancia para preparar a sus muchachos en atención primaria, que es la necesidad fundamental del país.
-¿Y por qué no se hace Aníbal?
-Porque en este campo hay que tomar decisiones que hace tiempo se amarraron a las ganancias de las EPS particulares. Sólo por eso Isabel. Para que no pase en salud lo que dice FENALCO del comercio en diciembre: “Que el canibalismo de los grandes supermercados favoreció a las tiendas de barrio y al sector informal.” Ahí se ve clarito cómo piensan los ricos de este país. ¡Les duele que a los humildes les vaya bien!
-Eso está muy claro, Aníbal. Pero, fuera del engendro centralista del FOCUS, este remedo de reforma nada dice de nuevo sobre la organización del sistema. Tampoco se dice nada sobre el régimen de personal de los trabajadores de la salud y eso resulta fundamental en este momento. No puede existir una organización seria sin tener en cuenta el personal de salud, sus calidades y su régimen de personal incluida su remuneración.
-En otras palabras, Isabel, no se puede seguir con el modelito de las cooperativas, que sólo sirve para explotar al personal de salud. Se necesita otro modelo más acordecon las necesidades salariales y académicas del personal y con las necesidades de salud de la población.
-En segundo lugar, Aníbal, está el componente de la financiación. Es decir, una vez llegado a un acuerdo sobre una organización determinada, hay que costearla para pensar en la forma como se va a financiar. Tampoco vemos en el proyecto de reordenamiento ninguna novedad sobre la financiación de la seguridad social en salud.
-¿Por qué razón se desecha en forma tan olímpica, Isabel, la financiación por impuestos para el régimen subsidiado, cuando organizaciones internacionales tan respetables como la OIT y la OMS, la recomiendan? ¿Sobretodo en un país en donde el empleo es un privilegio y, por lo mismo, el régimen contributivo cada vez es más débil? El régimen subsidiado tiene todo el derecho, desde el punto de vista de sus derechos fundamentales, y particularmente del derecho a la vida, a tener las mismas prestaciones del régimen contributivo, con base en un impuesto específico para la salud.
-Y en estrecha relación con el tema de la financiación, tenemos el del aseguramiento, Isabel. ¿Quién va a asegurar a quién? y lo más importante, ¿qué se va a asegurar?
-¿Quién va a asegurar a quién Aníbal? El único que puede asegurar la salud de sus asociados en forma integral es el Estado. Pero no puede pensarse en sana lógica que en un país plagado de desempleo se hable de aseguramiento parcial para el régimen contributivo o para el mismo régimen subsidiado sólo con la intención de presentar una demagógica ampliación de cobertura.
-En resumen, Isabel, la ideología del transformer que tanto deleita a nuestros niños: muevo aquí, muevo allá, roto esta pieza, saco esta otra, meto aquí y, como en un chirimbolo de prestidigitador, todo cambia para que nada cambie.
