Por Álvaro Cardona S.
Médico Salubrista
Desde la segunda mitad del siglo XIX, los países más desarrollados de Europa incorporaron a su cultura política la oposición entre propuestas de izquierda y derecha en búsqueda de la conducción de sus gobiernos. Y así se estila en los 25 países que hoy conforman la Unión Europea, aceptándose que sobre la base de la participación en elecciones democráticas, cualquier partido o coalición partidista puede llegar a encabezar las instituciones de la nación.
Lo interesante de esa actitud europea ante la confrontación política es que sin que los debates entre los opositores dejen de expresarse de manera muy intensa y en no pocas ocasiones en términos bastante desobligantes, nunca se llega a la sugerencia de que sea necesario excluir de la actividad política a alguno de los dos polos ideológicos.
No ha ocurrido lo mismo en Colombia. Contrariamente, ha sido persistente la idea de que nuestra realidad sociopolítica está negada para la confrontación entre esas dos expresiones polares del pensamiento político contemporáneo. Se ha asumido fácilmente que esa manera de discernir los asuntos de gobierno es ajena a nuestra cultura. De trasfondo ha estado la intencionalidad de hacer creer que solamente la derecha política puede tener cabida en nuestro modo de resolver los asuntos de Estado.
Por fortuna, hay algunos cambios importantes en la situación política del país. En la opinión pública parece estar claro que las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2006 se dirimirán entre las opciones de izquierda y derecha. Esta nueva manera de hablar el lenguaje de la política representa, sin duda alguna, un adelanto significativo.
Si la izquierda colombiana sabe sacar conclusiones acertadas de su largo historial de frustraciones, deberá entender que le ha llegado el momento de encontrar inteligentemente los caminos de la unidad. La grandeza y capacidad de sus dirigentes estará puesta a prueba en esta etapa, quizás con mayor responsabilidad ante el país que nunca antes. Específicamente, esas cualidades deberán demostrarse en la escogencia de su candidato presidencial y de sus aspirantes al Congreso de la República.
Creo que debe mantenerse el más absoluto respeto por los procesos internos que cada organización de la izquierda esté realizando para cohesionarse ideológicamente y posicionar sus candidatos. Pero lo que no debe olvidar ninguna de ellas, es que será imperdonable que incurra en actitudes y prácticas que pongan en riesgo la unidad necesaria para enfrentar las candidaturas de la derecha.
Medellín, 26 de Marzo de 2005
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