
La educación pública es un término demasiado amplio pero, básicamente, comprende tres aspectos: La instrucción en los diversos conocimientos que le serán útiles al ciudadano para desarrollar una vida productiva en la sociedad, la educación en todos los aspectos que tienen que ver con la convivencia y el respeto a los demás y, finalmente, la educación en el aspecto físico que contribuye al armónico desarrollo corporal.
La educación, en cuanto a cultura general e instrucción, es de una amplitud inmensa. Tiene que ver con la historia, el arte, todos los aspectos de la actividad social, con la tecnología y las matemáticas. Los adelantos de la tecnología exigen una actualización permanente. Además, actualización en la ciencia y en el avance de las comunicaciones.
Fernando Savater afirma que la educación no es suficiente con formar “personas capaces de ganarse la vida”. En la verdadera educación que sirva a los ciudadanos se necesita inculcar la noción de lo que es una democracia. Esto implica respetar a los conciudadanos, pero también que el Estado respete las garantías constitucionales y haya quien las sepa reclamar.
Es empalagoso decir que la educación empieza en la familia. Si se trata de la formación de un ciudadano respetuoso del orden, respetuoso en todos los sentidos de los derechos de los demás, en la actualidad se podría dudar de que los padres estén desempeñando esta labor. No la saben hacer, no le ponen la atención suficiente a la conducta de sus hijos o saben que éstos no les hacen casos porque están siguiendo el ejemplo de sus amigos o porque viven hipnotizados por las múltiples conductas humanas que se aprecian en los medios electrónicos y que están saturados de violencia, engaño, infidelidad, del afán de lujo y del éxito fácil que atropella a sus semejantes.
Educar es crear una personalidad gregaria, es crear un hombre libre, que no se deje esclavizar por una tiranía política ni por un imperialismo comercial, venga de donde venga. Un hombre libre que sea el eje de su familia por su ejemplo y por su sentido de responsabilidad.
En la educación hay que exaltar la cultura popular. Demostrar el interés por la cultura, por el arte en todas sus manifestaciones. El Estado tiene la obligación de hacer grandes inversiones en las manifestaciones culturales populares, en la música, en el cine, en la enseñanza artística, en el sostenimiento de los museos, en los teatros de destinación exclusivamente artística, en favorecer la visita de máximos artistas mundiales no sólo en música sino también en pintura, en escultura, etc. Los artistas de orden comercial tienen sus propios representantes, se defienden solos y hacen parte de otra forma de explotación.
El mundo moderno ha conocido el estado totalitario que programa la educación exclusivamente para servir a los intereses del Estado, con la unificación de un propósito para una nación, con la particularidad de que dicho propósito es para servir a los fines de los amos que pueden dirigirse contra otra raza o contra sus vecinos. En otras ocasiones tienen el propósito de servir a un régimen teocrático de un fanatismo ciego. Este tipo de educación estatal conduce formar un ciudadano sumiso, arrodillado, aún esclavizado. Y lo es, puesto que un régimen totalitario no permite el pensamiento libre, que se considera amenazante. Otros gobiernos educan y forman una casta dirigente, privilegiada, que pronto crea un grupo no sólo dominante sino una burocracia prepotente pero ineficiente.
El único medio para alcanzar el equilibrio social y el bienestar general es proporcionar educación al 100% de la población, no basta sólo con erradicar el analfabetismo sino que también es necesario cumplir los estudios de bachillerato. A propósito. Muy recientemente, el doctor Marco Palacios se queja de la baja calidad de la educación del bachillerato, y es fácil deducir que la primaria es igualmente deficiente. Un nivel productivo alto no lo alcanza ningún país mientras la educación no capacite al ciudadano en todos los campos. El empresario, el profesional, el técnico, son las fuentes de los impuestos que sostienen una economía.
Del pensum colombiano ha desaparecido la educación cívica que contiene tantos valores éticos, además de informar cómo es el funcionamiento de las instituciones que defienden al ciudadano. Parece que Gobierno ha dejado que el fútbol defienda el orgullo nacional. Anteriormente, teníamos modelos de gran alcance cultural e histórico.
La actual situación de deterioro que vive la sociedad colombiana está estrechamente relacionada con la falta de objetivos y orientaciones cívicas en que se ha colocado a la educación. No basta con pagar maestros y mantener abiertos los colegios. El Gobierno ha cedido a la educación privada su mayor obligación. Es lastimoso pero, solamente cuando el presupuesto nacional dé prelación a la educación, el país se compactará, la clase media será más fuerte y universal y la necesidad de ejército será simbólica.
