De Maquiavelo a Uribe Vélez (Parte II)


(Apartes del ensayo presentado por él a la Universidad Autónoma Latinoamericana para optar al título de Especialista en Cultura Política. Fuente bibliográfica: El Príncipe de Nicolás Maquiavelo).
Publicado en el periódico Lazos de Unidad, Edición número 31, del mes de septiembre de 2004. CUT Subdirectiva Antioquia
Para iniciar esta reflexión, es conveniente que recordemos las tres categorías conceptuales fundamentales de la obra EL PRÍNCIPE de Maquiavelo, como son la virtud, la fortuna y la razón de estado.
Muchos han hecho importantes analogías entre la política colombiana y la esencia política de la obra de Maquiavelo, pero con el gobernante que actualmente guía los destinos de Colombia, el abogado Álvaro Uribe Vélez, hay mucho por exponer. Considero que el manejo del Estado lo hace merecedor del análisis político a la luz de El Príncipe de Maquiavelo, independiente de que se comparta o no su ideología.
“Si quiere, pues, vuestra ilustre casa imitar a los insignes varones que libraron sus provincias, es necesario, antes que cualquiera otra cosa, como verdadero fundamento de toda empresa, proveerse de ejércitos propios (Cap. XXVI, El Príncipe).
No queda duda de que el ánimo de la contención a la subversión armada ha llevado al presidente Uribe a conformar ejércitos a los que él les reconoce el máximo de confianza. Los soldados campesinos, el millón de informantes, el ejército, fuerzas unificadas antiguerrilla y otros, demuestran que el Presidente no está distante de lo sostenido por Maquiavelo en el último capítulo, donde exhorta a Italia a liberarse de los bárbaros. En el caso colombiano, a liberarse de los tentáculos de los guerrilleros a como dé lugar.
“Un príncipe, por tanto, debe aconsejarse siempre pero cuando él quiera, y no cuando quieran los otros; Incluso, debe quitar a cualquiera las ganas de aconsejarle sobre cualquiera cosa, si él no se lo pide”. (Cap. XXIII. El Príncipe).
En el presidente Uribe se advierte terquedad; los expresidentes de la República, la prensa, la radio, la televisión y muchos aduladores gratuitos le envían consejos porque están preocupados por su seguridad, porque les da miedo que continué fracasando en el Gobierno, porque se le están cayendo leyes importantes, porque es necesario el intercambio humanitario y la solución política al conflicto interno, hasta las Naciones Unidas lo recomiendan. Pero, permanece tal como es, impávido e indolente; es un presidente que poco sonríe y que, si se da cuenta de las preocupaciones de sus amigos o de las críticas de sus detractores, poco le interesan, al menos es lo que demuestra. En su accionar político se advierte a un hombre autoritario y antidemocrático, que gobierna según su capricho y no según las necesidades del pueblo.
“Por tanto, un príncipe prudente no puede ni debe mantener fidelidad en las promesas, cuando tal fidelidad redunda en perjuicio propio y cuando las razones que la hicieron prometer ya no existen”. (El Príncipe, Cap. XVIII).
En esto ha sido abundante el señor Presidente; habló en contra de la politiquería y la corrupción, pero la verdad es que, una vez en el poder, se dio cuenta de los enredos de un parlamento carcomido en su mayoría por la corrupción, igual que algunos de sus colaboradores más cercanos. Es este un problema estructural y cultural, no es coyuntural ni genético, por lo tanto, esta promesa se cae y no es necesario insistir en ella. La politiquería ha estado presente y tampoco pudo sacudirse de ella, pues el poder es la suma de trampas, y el primero que debe saber sortearlas es el gobernante; de ahí que más bien la viene afianzando con prebendas y con su propuesta de la reelección presidencial.
En cuanto a la inversión social, punto clave de su campaña, se quedó en el discurso; ahora es la guerra la que absorbe el presupuesto y, por lo tanto, no es posible cumplir promesas. Con razón dice Antonio Caballero que “el presidente Uribe no es serio”.
“Las armas auxiliares, que son las otras armas inútiles, son cuando se llama a un príncipe poderoso para que con sus tropas venga a ayudaros y a defenderos (…) estas tropas pueden ser buenas y útiles para sí mismas, pero son casi siempre perjudiciales para el que las llama; porque, si pierdes, quedas derrotado, y si vences, te haces prisionero suyo”. (El Príncipe, Cap. XIII).
En este campo, el presidente Uribe está más mal que Pastrana; se ha postrado totalmente ante el gobierno de los Estados Unidos al ceder espacios del país para tener tropas que entrenan y combaten la subversión en Colombia. A decir verdad, el presidente Uribe, al igual que los anteriores, es ya un prisionero de la arrogancia militar norteamericana. Ahora, se cayó más hondo al dar un extraño respaldo a la invasión de Irak y al extraditar a los Estados Unidos a su antojo. Considero que esta determinación se corresponde con la inteligencia militar o de estadista que tiene nuestro gobernante. Esta es la mejor muestra de que no tenemos ninguna independencia frente al águila del norte.
“El que llega al principado con la ayuda de los grandes, se mantiene con más dificultad que el que llega con ayuda del pueblo, porque se encuentra el príncipe rodeado de muchos que se tienen por iguales que él, y por esto no puede mandarlos ni manejarlos a su manera (…) Concluiré diciendo sólo que a un príncipe le es necesario tener al pueblo de su lado, de lo contrario, no tiene remedio en la adversidad”. (El Príncipe, Cap. IX)
Es tal la astucia del presidente, que se rodea de las principales elites del país para sostenerse en la máxima representación del Estado. Los ministros, en su mayoría, no son impuestos por ningún partido, pero él se percata de que compartan un mismo ideario, así no sean los más idóneos; además, el bipartidismo hoy no tiene diferencias políticas. En un momento histórico de caos en el país, está al frente del Estado el que representa el poder del dinero, el poder de la tierra y el poder de la guerra. A pesar de su aparente popularidad mediática, el presidente Uribe ya empieza a perder terreno, pues sus propuestas de empleo, salud, anticorrupción y antipolitiquería se quedaron en el papel, por eso la bandera del referendo uribista fue un fracaso y un duro revés para el Gobierno, tal como lo será la reelección.
El poner en orden las cosas en una país que lleva más de cincuenta años en luchas violentas y sin democracia real, no es tarea fácil, ni algo que se logra con mano dura, ni menos con reelección; es una tarea para la inteligencia, la racionalidad y la justicia social, así mismo para la construcción de la democracia en Colombia.
Este escrito es, ante todo, un documento de análisis y un aporte al debate académico y político en momentos difíciles que vivimos y una forma de rescatar la vigencia histórica y política de El Príncipe de Nicolás Maquiavelo.
Es lógico que tengamos diversas maneras de ver el mundo, pero también es cierto que la guerra injusta, la violencia indiscriminada, el terrorismo de Estado y la destrucción sin sentido, no corresponden a la civilidad ni llevan a la construcción de una sociedad realmente democrática y justa.
COLOFÓN: En la visita del presidente Uribe a Europa, recibió críticas de los partidos verdes y de la izquierda Unida que lo acusan de “tenderle una trampa a Europa vendiendo la política de seguridad democrática como un plan de paz cuando en realidad es un maquiavélico plan de guerra”. Palabras del eurodiputado J. Wutz.
