En una corrida de toros, el sufrimiento del animal comienza instantes antes de que salga a la arena, al serle clavado un arpón que identifica su origen. En la primera parte de la corrida, dos hombres a caballo atacan al toro clavándole repetidamente la Pica, un arma cortopunzante que produce heridas de nueve centímetros de profundidad y tres centímetros de diámetro, con el fin de desangrarlo y debilitarlo.
En la segunda aparte, los banderilleros le clavan seis banderillas (como las que aparecen en la foto), las cuales tienen una longitud de seis centímetros y un ancho de 1,6 centímetros. Estos arpones desgarran las carnes del animal con cada movimiento. El dolor, el desangre y la debilidad de la víctima aumentan cada minuto.
En la última parte, cuando el toro ya está muy débil, entra el torero a darle la estocada final, que deja al animal tirado en la arena en agonía.
A diferencia de los picadores, banderilleros y matadores, el toro nunca es preparado para este sangriento espectáculo. Una corrida de toros dura aproximadamente quince minutos; no dura más porque el toro no lo aguantaría; no dura menos porque el sádico público no se “divertiría” lo suficiente.
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