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Ventana indiscreta

Sobre mis antecedentes académicos

Reflexiones sobre el concepto de evolución (Parte II)

Por Alfredo De Los Ríos
Médico Psiquiatra

 

…Uno de mis primeros artículos, en los cuales intentaba sintetizar algunas de las ideas filosóficas y científicas del momento, publicado en el primer o segundo número de un periódico estudiantil de ese colegio jesuítico, que se llamaba “El Globo”, editado por el compañero y por mí, fue un escrito en el cual el personaje preponderante era Teilhard de Chardin, y una gran foto del jesuita acompañaba el texto que ocupaba las dos páginas centrales.

Después de 1966, cuando ingresé a la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana (¡siempre los jesuitas!), todavía me acompañaban algunas de estas ideas, pero ya una visión de la biología y de la misma evolución se planteaba de manera más materialista. La profesora de Biología del primer año de Medicina, que fue a quien le oí por primera vez los temas de genética y de los ácidos nucleicos, pese a ser docente de una universidad católica en esos años, no tenía empacho en decir que para ella una cosa era la religión y otra la ciencia, y que ésta no se podía desarrollar dándole gusto o razón a la religión. Fue la primera vez, ya en el medio universitario, que oí hablar de las teorías de Darwin de una manera más sistemática, separadas de los principios católicos y con ciertas bases en la genética, en las mutaciones y en los elementos de la adaptación natural, el por qué de la relación filogenética entre vertebrados y mamíferos superiores, y los primates, y prehomínidos; también la teoría del eslabón perdido; la importancia del hombre de Neanderthal, de los australopitecos y pitecanthropos (que en algún sentido ya me eran familiares después de las lecturas de Teilhard ). Además, en los años 67 y 68, después de que me había trasladado de la Javeriana a la Universidad del Rosario, cuyo primer decano de Medicina era un patólogo muy inquieto políticamente, Guillermo Fergusson Manrique, empecé a tener contacto con las obras de escritores marxistas, tanto clásicos como F. Engels en “La Familia, la Propiedad Privada y el Estado” y en “Dialéctica de la Naturaleza”, lo mismo que un texto más corto y “pedagógico” que era “De la transformación del mono en Hombre”, este último dedicado a la teoría de la evolución desde el punto de vista del materialismo dialéctico clásico, donde se citaban autores como Morgan, Bachofen, Lamarck, Darwin, Haeckel y además los rusos que se convertían en autores muy leídos de temas biológicos y evolucionistas, como Oparin; otro libro cuyo autor no recuerdo, pero que tuvo una gran influencia sobre mí, que de hecho ya estaba interesado en temas que después me llevarían por el camino de la psiquiatría, fue el que tenía por título “El origen de la conciencia humana”, en el cual se planteaba con toda la doxa materialista dialéctica el desarrollo del sistema nervioso de los animales superiores; allí, por vez primera, leí términos como “telencefalización”, “bipedestación”, “sistemas de señales”, y las primeras teorías evolutivas de la aparición de la representación mental, la conciencia y el lenguaje humanos.

También como una buena parte de la masa estudiantil de fines de los sesenta y comienzos de los setenta, estuve imbuido por las ideas marxistas, leninistas, luego maoístas y hasta trostkistas, y siempre en esas lecturas y debates, la condición humana era el producto superior de la Naturaleza, y luego venía el proceso de transformación histórica –todo lo relativo a la fuerza del materialismo histórico– que para mí tenía ecos no muy lejanos de las ideas del “Fenómeno Humano” de Teilhard, con otra óptica, ya totalmente desligada de la religión. Además, aquí en la práctica, se buscaba el desarrollo de la revolución y el adelanto del proceso hacia la etapa del socialismo y el comunismo. Es decir, con ideas más materialistas, pero también con una teleología de las causas finales, del proyecto que ya no mira al Punto Omega, pero sí a la sociedad igualitaria y feliz del futuro, cuando se logre superar la explotación, la iniquidad y la acumulación individual.

En la Universidad del Rosario, en el quinto y sexto semestres, después de haber visto Microbiología, Patología y Parasitología, se veía introducción a la Genética y luego Genética clínica. El docente era el que ya tenía cierta aura legendaria y después la ha seguido acrecentando, el profesor Emilio Yunis, quien sin lugar a dudas era un excelente docente, y fuera de sus clases técnicas donde los términos de mitosis, alelos, cromatina, replicación, traducción, transducción, ribosoma, aparecían con gran frecuencia reflexiones y anécdotas que nos hacían mirar la ciencia con ojos más críticos; fue de manera mucho más amplia que en el curso anterior de biología mi primera inmersión real en el mundo de la genética; fuera de lo puramente genético; a Yunis le encantaba hablar de historia de ese nuevo dominio, de los experimentos de Mendel, de los viajes y la vida de Galton y Darwin y los alcances de la genética para el futuro. Fue él a quien primero escuché lo del carácter totipotencial de las células madre, y la capacidad de la evolución de crear la diversidad en el mundo de la vida; idea que más recientemente le volví a oír, de manera más elaborada y contundente, cuando en una exposición en el contexto de una Expo-universidad, hace pocos años aquí en Medellín, combatía la clonación y defendía a toda costa, la biodiversidad. Parece que en otros aspectos y “negocios” de su vida, este docente e investigador ha tenido otras dificultades, que incluso han salpicado nuestra Alma Máter, que es también la suya, porque fue egresado de su Facultad de Medicina.

Cuando inicié la lectura de Freud, al final de la carrera de Medicina y durante la residencia de Psiquiatría, me volví a encontrar con las ideas de Darwin, por intermedio del fundador del psicoanálisis, porque el científico inglés fue uno de los principales influjos científicos en las ideas del joven Freud, que se formó en la escuela materialista, de tradición físico-química de su maestro Brücke, en el Instituto de Fisiología de Viena. Para Freud, en sus primeras investigaciones neurológicas, los principios evolucionistas fueron importantes, porque su exploración era seguirle la pista a la conexión filogenética del sistema nervioso de animales inferiores como lampreas y peces, con el sistema de las células ganglionares de la medula espinal humana y eso le ayudó a tener una visión funcional de las diferentes partes del cerebro y a aportar en la teoría de la neurona, que luego cristalizó Sherrington y que también había recibido los aportes de otro neurólogo inglés: Hugling Jackson, quien también tenía una mirada evolucionista respecto a los niveles jerárquicos del funcionamiento cerebral humano. Freud plantea una idea que viene no sé si de Darwin, o de uno de sus seguidores, de que la “ontogenia en el individuo repite la filogenia de la especie” y la aplica en su esquema del desarrollo psicosexual.

Otro momento en mi historia intelectual de re-encuentro con Darwin, fue cuando estuve trabajando las ideas y conceptos del filósofo y epistemólogo de la ciencia Karl Popper quien, en varias de sus obras, pero especialmente en “El Yo y su cerebro”, que escribió en conjunto con el neurólogo Sir John Eccles, plantea su clara tradición evolucionista y darwiniana, pese a que en los aspectos del monismo y dualismo, dice que se declara no monista ni dualista, sino “trialista” o de más niveles, por aquello de su teoría de los “tres mundos”: material, funcional y el de los productos de la mente, pero no en sentido substancialista, como el caso del dualismo cartesiano clásico, sino en el sentido de los accidentes, es decir de las formas de presentación de los fenómenos. De hecho Popper denomina a su manera de concebir la ciencia, como una epistemología evolucionista.

Un autor, que también me ha tocado trabajar desde el punto de vista del origen de sus ideas epistemológicas y de su aplicación a la psicología, es Jean Piaget, cuya teoría básica se denomina Psicología genética, aquí no en el sentido de la genética genómica, sino de la génesis del pensamiento y los niveles cognitivos, en el desarrollo del niño. De hecho, existe una línea evolutiva, desde el período sensorio-motor, y la ausencia del lenguaje, hasta las diferentes etapas en la que los aportes epigenéticos y los desenvolvimientos de la capacidad innata, van haciendo surgir las capacidades del pensamiento pre-operacional, operacional y simbólico y la complejización de las formas y usos del lenguaje.

Desde un punto de vista general, y desde las épocas de la formación en medicina, siempre he aceptado las ideas evolutivas, tanto en su aspecto de origen materialista, como en la capacidad del desarrollo que tiene la vida para producir mutaciones y cambios, sean dañinos o beneficiosos para las especies, en especial para la humana. Pero ese evolucionismo, ya despojado de toda idea religiosa, porque también todo ese conjunto de ideas durante la carrera y después de ella, me alejaron radicalmente de mi formación religiosa jesuítica, en cierto sentido era ingenuo, muy global, poco ilustrado en sus mecanismos esenciales, porque realmente no había profundizado de forma precisa en los mecanismos íntimos de la evolución. Creo que sólo hasta ahora, con la nueva mirada sobre Darwin y sus principios, sobre las diferencias con Lamarck, con las reflexiones atinadas y pertinentes de Monod, con los planteamientos más inquietantes pero bien sustentados de Stephen Jay Gould y las lecturas de los aspectos técnicos del curso de Biología Celular y Molecular, en el contexto de la Maestría en Filosofía, con énfasis en Bioética, que actualmente curso en la Universidad de Antioquia, es cuando he logrado entender aspectos que antes daba por ciertos, pero que yo mismo no hubiera podido explicar.

 

 
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