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Mujer

La ceguera del gremio médico





Por Martha Lucía Correa E.
Secretaría de la Mujer Asmedas Antioquia



Para nadie es un secreto que el panorama del empobrecimiento de la clase media es desolador. En la última década, el gremio médico, en particular, ha ido descendiendo aceleradamente de los estratos 5 y 6 a los estratos 3 y 4. El número de médicos que solicitan el subsidio del Estado para adquirir vivienda popular es cada vez mayor.

El permanente y desesperante aumento en el precio de la gasolina y del IVA son políticas directamente dirigidas en contra de la clase media que aún tiene carro o capacidad de compra de algunos artículos necesarios para una vida digna.

En los Estados Unidos, donde la gente tiene ingresos mucho mayores y más altos niveles de vida, la gasolina costó en el último mes 2,12 dólares por galón, mientras en Colombia está por encima de los 2,32 dólares.

El acceso de los hijos de los médicos a la formación secundaria y a la universidad es cada vez más limitada debido a la privatización de la Educación, sin ningún control de costos ni de calidad por parte del Estado, y ni qué decir de los costos de los servicios públicos y de la atención en salud.

La proliferación de universidades de garaje para la formación médica con la aquiescencia del gobierno no es, en forma alguna, una cuestión accidental; obedece claramente a una política de estado con el fin de generar un ejército de desempleados médicos que suplan prontamente los cargos de todos aquellos que traten de disentir, de protestar o de organizarse.

El deterioro del trabajo médico es progresivo y contundente tanto en las condiciones laborales y económicas, como en el irrespeto a la ética y al criterio médico por parte de los poderosos grupos económicos apropiados de la “atención en salud”, los cuales se enriquecen gracias al trabajo del médico y de los demás trabajadores de la salud.

Como afirma Eduardo Galeano: “En el mundo actual, el trabajo vale menos que la basura... Ya nadie tiene ni la más remota esperanza de hacerse rico trabajando. Ahora los dos motores son el miedo y el miedo: miedo a perder el empleo, miedo a no encontrar empleo, miedo al hambre, miedo al desamparo. Los sindicatos defendían a los trabajadores en tiempos que ahora parecen prehistóricos. A los organismos internacionales que velan por los derechos humanos, esta escandalosa violación no les mueve un pelo; y el ejemplo cunde. El sindicalismo, fruto de dos siglos de luchas obreras, está en crisis en todo el mundo, como están en crisis todos los instrumentos de defensa colectiva y pacífica de la gente que vive de su trabajo y que ahora, librado cada cual a su suerte, sobrevive obligada a aceptar, sí o sí, lo que los empleadores exigen: el doble de horas a cambio de la mitad del salario.”

No es, por lo tanto, comprensible que a estas alturas de la crítica situación del gremio médico y del empobrecimiento de la clase media en general, ellos sigan unidos estrechamente a los intereses de los magnates del poder económico y político, apoyando servilmente a Álvaro Uribe Vélez y haciendo suya su ideología, convencidos de que su victimario, a través de la Ley 100 y de sus políticas actuales, será su salvador.

Es hora de que el gremio médico abra los ojos y asuma su propio destino a través de una fuerte organización gremial y política, dejando de cargarle ladrillos a cuanto dirigente político corrupto se aparezca. Es necesario ingresar al escenario político, es decir, a hacer parte de los hilos del poder, a través de unos representantes que puedan ser elegidos, dirigidos y supervisados por el Gremio.

Es necesario, además, una participación activa y consciente en la vida del país y en la de nuestros propios intereses; y, para ello, es absolutamente necesaria la organización, ya que, como ha sido definida, “La Participación es una forma de intervención social que le permite a los individuos reconocerse como actores que, al compartir una situación determinada, tienen la oportunidad de identificarse a partir de intereses, expectativas y demandas comunes, y que están en capacidad de traducirlas en formas de actuación colectiva con cierta autonomía frente a otros actores y políticas.

 
 
   
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