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Palabras proféticas

"Bienvenida al negocio de la Salud"
(Juan Luis Londoño De La Cuesta)

Por Juan Guillermo Londoño C.
Jefe Departamento de Ginecoobstetricia
Facultad de Medicina, U. de A.

En diciembre de 1993, una vez aprobada la Ley 100 que establecía el nuevo Sistema General de Seguridad Social en Salud en Colombia, el entonces Ministerio de Salud (q.e.p.d.), en la alocución ante los medios de comunicación del país, le dio la bienvenida al “Negocio de la Salud”. Doce años después podemos corroborar que las palabras del señor Ministro fueron proféticas. Miremos por qué: hoy las EPS se han consolidado como empresas líderes en el concierto económico nacional; ya no sólo incursionan en el aseguramiento, sino también en la asistencia, la inversión en sectores diferentes a la prestación de servicios de atención y hoy empiezan a incursionar en el “negocio” de la Educación Médica.

En días pasados se anunció en la prensa nacional la apertura de una Facultad de Medicina y otra de Enfermería por parte de una importante EPS de la capital de la República. Podemos ver claramente, entonces, que en lo económico el balance de los intermediarios de la salud ha sido un rotundo éxito, pero en lo social y lo esencial, la salud pública, su fracaso es inocultable.

Para el ciudadano común este hecho puede ser intrascendente, pero no lo es para quienes desde la Universidad Pública somos testigos de la grave amenaza que representan las políticas neoliberales vigentes para la educación en salud.

Hoy asistimos como testigos de primera fila a la quiebra de la red pública y al cierre de un número importante de hospitales universitarios, algunos de ellos como el Instituto Materno Infantil de Bogotá con una rica historia de logros en formación del recurso humano, investigación y servicios. Estas instituciones históricamente han sido el tradicional escenario de práctica de los estudiantes de la Universidad Pública.

Hoy, las facultades de medicina de las universidades públicas del país son una minoría, cada día tienen mayores dificultades para ofrecer una educación médica con calidad, debido al cierre de sus campos de práctica ya que paulatinamente han sido reemplazados por IPS de carácter privado que están sometidas a normas impuestas por las EPS, que condicionan los contratos a que no incluyan convenios de carácter docente-asistencial, bajo el supuesto, del incremento de los costos en la atención por la docencia.

A la luz de estos argumentos, no queda claro por qué esta EPS abre facultades de salud. ¿Será que la situación cambió? No, lo que descubrió es que podía acceder a un nuevo “negocio en salud” sin ningún tipo de barreras y aprovecha, entonces, el campo libre dejado por el cierre de hospitales universitarios y apoyada en el concepto de rentabilidad económica, concepto clave para el perverso sistema de salud vigente que antepone la rentabilidad económica a la salud y educación de los colombianos.

Para algunos gerentes, no es rentable que las EPS tengan programas de promoción y prevención, ni que las IPS cuenten con ambulancias, bancos de sangre, ni acepten estudiantes del área de la salud de la Universidad Pública. Pero, cuando se trata de recibir millonarias sumas por matrículas, la cosa cambia radicalmente.

¿Será entonces que en las nuevas facultades de Medicina, sus estudiantes irán a responder a una ética corporativa que antepone los intereses económicos de la EPS a la vida y salud de los pacientes? ¿Sabrán que existe una ética hipocrática? O ¿será que van a cambiar y por fin van a entender que el protagonista del acto médico no es la factura, sino el paciente o el cliente como ellos lo llaman? ¿Entenderían por fin que lo esencial en un sistema de seguridad social es la salud pública y no la rentabilidad económica de sus empresas?

Si lamentablemente no es así, y la apertura de estas nuevas facultades de salud empresariales será simplemente un negocio más, muy pronto seguramente recibiremos la noticia de que también explorarán el negocio de las honras fúnebres y que, en Colombia, con la pérdida del norte de los entes rectores de la salud y la falta de eficiencia de los organismos de control, los clientes sobrarán y con toda seguridad no irán a poner tutelas.

 
 
   
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