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Ventana indiscreta

El matrimonio de la colegiala
(Segunda parte)







Por Alfredo De Los Ríos
Médico Psiquiatra


… Como el resto del grupo quedaba al margen de esta preciosa información, y ya cursábamos en esta época el undécimo grado, varias compañeras solicitaron a la ya no tan recién casada, quien posaba como una veterana experimentada a leguas del estado de ignorancia y ansiedad de las demás, que compartiera algo de sus conocimientos y que pidiera a cambio lo que quisiera. Maribel, después de remilgos y expresiones tales como ¿cómo se les ocurre?, decidió ofrecer su experiencia a las demás, en dos niveles de intensidad y profundidad.

Al grupo que podríamos llamar A, sólo les permitiría saber generalidades sobre besos, caricias iniciales, maneras de expresión de la ternura conyugal y una especie de aproximación al erotismo superficial. Por razones de organización, ella misma las escogió dentro de las menos amigas y les solicitó como cuota de ingreso algún objeto de decoración de jardinería o una maceta para su apartamento. Realizaría con ellas un total de tres reuniones y podrían preguntar lo que quisieran, todo dentro de los límites establecidos en el menú inicial.

El grupo B, en el cual yo participé, un poco por la hipocresía de hacerme más amiga de Maribel, tuvo un temario que era más amplio y, fuera de lo tratado en el grupo A, se entraba a conversar y a preguntar sobre actividades nocturnas, formas de seducción y zonas de excitación, hasta aquí eran las mismas tres sesiones; pero la parte más emocionante y codiciada constaba de dos reuniones adicionales: la primera, una disertación muy completa y erudita sobre el miembro masculino. Tamaño, sensibilidad, posibilidades en cuanto a caricias y masajes, forma de funcionamiento, discusión sobre tiempos e intensidades, reacciones posibles del dueño, gustos adicionales y algunas alternativas como el uso de la boca y la lengua y el contacto con otras partes del cuerpo femenino. Aquí, recuerdo con malicia, irrumpieron preguntas entre nervios y sonrisas como: “¿Y es muy duro o suavecito? ¿Y si lo tocas mucho se puede salir la esperma? ¿Verdad que es como un géiser? ¿Si lo muerdes, cómo reaccionaría Raúl? ¿Si es cierto que se rompe una membrana? ¿En cuál momento puede entrar en la rajadura nuestra? ¿Te dolió mucho? ¿Qué es, pues, lo que se siente…??? Cualquier respuesta podría ser aceptable.

La segunda era una descripción detallada y minuciosa sobre el famoso acto conyugal, con todo lo relativo a las sensaciones femeninas, por una sola vez, con derecho a preguntas indiscretas y a revisión de alguna bibliografía del curso de la profesora Rodríguez. Aquí las preguntas eran algo así como: “Y si es verdad la sensibilidad del clítoris? ¿Cómo se siente con la lengua? ¿Cuándo se da uno cuenta de que está bien mojada? ¿Y es verdad que los pezones se ponen duros? ¿Cuánto se demora para que sientas el tal orgasmo, y cómo es? ¿Y si él se desarrolla primero, que hacen? ¿Hablan durante el acto? ¿Es cierto que los hombres se duermen después? ¿Cuántas veces lo hacen en una noche? ¿Te pica al otro día?

En este grupo más avanzado la cuota era más costosa, éramos unas doce, y por parejas deberíamos aportar objetos de decoración tales como una porcelana o un cristal, alguna terracota o de ser posible un electrodoméstico pequeño, que todavía la pareja no hubiera conseguido en su ajuar. Sobra decir que todo este proceso fue sin el conocimiento de profesores y padres, los aportes deberían ser con los ahorros personales y se dio el caso de algunas del grupo A que quedaron insatisfechas y solicitaron apuntarse en el grupo B el cual sesionó con posterioridad. Este grupo fue un éxito en términos de su propósito original. Todas salimos satisfechas en cuanto a la información pero bastante nerviosas y exaltadas en cuanto al contenido. ¡Los efectos en cada participante darían para un tratado sobre iniciación a la vida sexual y sus huellas sobre la psicología adolescente, en especial, como en mi caso, en las niñas virtuosas y desprevenidas!

En los cuatro años siguientes, y esto hace ya bastante tiempo, según mi estadística personal, de las del grupo A, ninguna -salvo las que pidieron el complemento en el grupo avanzado- había contraído matrimonio o había quedado en embarazo; no entiendo las razones. De las doce asistentes originales al grupo B, en ese mismo lapso ocho se casaron, sea que no ingresaran o dejaran los estudios universitarios; dos se embarazaron sin casarse, una de ellas abortó y falleció, y la otra ha seguido su vida de madre soltera, con el rechazo inicial de su familia y finalmente su aceptación y respaldo. Una se trasformó en hippie y lo último que supe es que vivía en Amsterdam elaborando artesanías y traficando con droga al por menor. De las tres que hicieron los dos cursos introductorios, una se fue de la casa con un señor casado y las otras dos han disfrutado una vida sanamente promiscua. La restante soy yo, que después de mucho más tiempo permanezco soltera, disfruté y me culpabilizé con la masturbación hasta que siguiendo el guión de la famosa reunión tuve un primer amante y ahora me acabo de separar de la segunda relación de convivencia. Me llaman la atención los grupos de mujeres y también la posibilidad de experimentar relaciones íntimas con algunas de ellas, experiencia que ya tuve hace algunos meses, con exquisita satisfacción física, pero algo de vergüenza con las enseñanzas de Maribel, que fueron mi ideal erótico.

Maribel y Raúl se separaron antes de los seis años de casados, ella no logró quedar en embarazo y decidió irse como misionera seglar con un grupo religioso a las tribus de Kenia. Y él convive actualmente con Mariela, la pelirroja anti-Maribel, que sólo había participado en el grupo A.

La profesora Rodríguez escribió un texto sobre el conocimiento del cuerpo y la sensualidad para niñas pre-púberes y púberes, al cual llamó Texto de iniciación sexual A y luego un Texto B de sensualidad avanzada e introducción al erotismo para adolescentes mayores. Han tenido verdadero éxito y se estudian a lo largo del bachillerato, el B en los dos últimos niveles.

Por último, quería registrar aquí, que todos estos recuerdos se me avivaron a partir de mis últimas sesiones, en un psicoanálisis al que asisto hace más de tres años y creo que apenas me estoy dando cuenta de lo que fue mi propia adolescencia, y de la importancia -no sé todavía cómo juzgarla -de mis compañeras, de Maribel y de Raúl y, en especial, del grupo B, que dejó huellas indelebles tanto en mi memoria como en todo mi cuerpo erótico, especialmente entre mis piernas.

Aunque la masturbación es a veces necesaria, prefiero estar con otro cuerpo de cualquier género en mis experiencias íntimas. Creo que el amor se da de cuando en vez, pero enamorarse es una verdadera locura; sin embargo, como tantas otras cosas, es necesario haberlo sentido por lo menos una vez en la vida... a veces quisiera tener una hija, pero con esta historia no sé si es conveniente.

En esta época, los asuntos de la sexualidad son mucho más enredados y son demasiadas las opciones. Yo creía que habíamos sido pioneras porque desde colegialas ya creíamos saber demasiado de la vida conyugal; pero las cosas han cambiado mucho: por ejemplo uno de mis hermanos, que nunca presentó nada distinto de los muchachos de su edad, se casó muy joven, a los tres años dejó a la mujer y ahora vive en Nueva York con su compañero masculino. Una de mis grandes amigas, que estudiaba en un colegio de monjas, se fue muy joven al noviciado, entró en crisis a los cinco años de tomar los hábitos y un poco camuflada en Bogotá, convive con una mujer más joven que conoció en el convento. Una de las secretarias de una empresa donde trabajé un tiempo, hizo creer a todos sus compañeros que había conseguido un estupendo trabajo en España, y supe hace poco que lo que había realizado con tanto éxito era una carrera como prostituta, inicialmente en Barcelona y luego ingresó a una cadena de trata de blancas y la encarcelaron en Marruecos. En estos días leí con cierta curiosidad el aumento de la prostitución masculina en Bogotá, Cali y Medellín y no son propiamente jóvenes pobres y analfabetas los que hacen este rentable oficio, sino muchachos de clase media, algunos con alto nivel de educación; en las entrevistas que les hacían decían que al principio no encontraban otro empleo, pero que en la actualidad les gusta y les da dinero y, aunque tienen riesgos con el sida y pueden ser víctimas de violencia, no desean dejar el ambiente.

En estos días he seguido la polémica en la prensa sobre la diversidad sexual y sobre los proyectos legislativos para que los códigos colombianos acepten la validez del matrimonio entre homosexuales, que parece ser que en algunos países ya es un hecho. Me han interesado también las discusiones y las conclusiones que emitieron en el último encuentro mundial sobre el sida auspiciado por la ONU.

Tengo una angustia muy grande, porque en el momento en que escribo estas líneas, recibo una llamada telefónica del Laboratorio Hematológico, en la cual me avisan que la reconfirmación de mi prueba de Elisa, para el VIH que me hice practicar por una antigua sospecha, era positivo.

 
 
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