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German… un monumento
a la persistencia
Por Hernán Gaviria Q.
Médico Director Cajanal
Como cualquier notario de pueblo, ciegamente puedo dar fe que GERMAN REYES FORERO, desde hace más de 35 años, no ha llegado a faltar a un sola marcha del PRIMERO DE MAYO; cumple anualmente con esa, que pudiera ser, su fiel promesa con la clase obrera. En los últimos casi 20 años que laboró en el Instituto de los Seguros Sociales, confrontó a sus directivos en defensa del gremio médico y de sus trabajadores; en los 15 años de vida de METROSALUD, no ha llegado a pasar un sólo Gerente al que GERMAN no le haya reclamado.
Hace 35 años, por allá en los inicios de la década del setenta, lo conocí, aún estudiante de Medicina, quien religiosamente, todos los fines de semana subía a la vereda El Alto de Los Fernández en el Municipio de Fredonia a cumplir con su labor misional de luchar al lado de los campesinos. El proyecto de extensión de la Universidad de Antioquia, conocido como “campamentos universitarios”, fue la chispa que prendió en muchos de los muchachos de Medicina, Ingenierías, Derecho o Economía, su inquietud por la llamada “lucha obrero-campesina”, la que también atrajo a “encopetados” estudiantes de las universidades Pontificia Bolivariana, Medellín y Nacional.
GERMAN siempre creyó, y puso todo el entusiasmo, en que el triunfo de la Revolución sería, a más tardar, a mediados de la década del setenta. El toque de optimismo lo dio el triunfo de Vietnam y el ascenso de la lucha antiimperialista en América Latina. Empecé a conocer y comprender sus cualidades soñadoras. El optimismo crecía animado por la lucha campesina, “la tierra para el que la trabaja”, grito que impulsaba el movimiento estudiantil. Pero, el frente de pelea no se quedaba al lado de los campesinos; también había que abarcar el avance de la lucha proletaria.
Tampoco hubo asambleas sindicales a donde GERMAN no se hubiese asomado. En algunas ocasiones, por su condición de estudiante de Medicina, fue tildado de “pequeño-burgués” y eso que poco se sabía de su origen santandereano; cuando se le descubría, altivamente se tildaba de “comunero”, hijo de un combativo y aguerrido comunista de Bucaramanga. Como quien dice, revolucionario por punta y punta. El recuerdo de muchos de los luchadores está en su mente, como también fue testigo mudo de ese dolor que recorre nuestra historia por la muerte asesina de HÉCTOR ABAD GÓMEZ, LEONARDO BETANCUR, PEDRO LUIS VALENCIA, LUIS CARLOS CÁRDENAS, DARÍO HENAO, JOSÉ ARNOLDO MARÍN, etc., de esa larga lista de miles y miles de colombianos que han caído a manos de este régimen y que no es fácil enumerar, y que tan sólo cito a los más allegados a esa lucha en que se ha involucrado GERMAN.
Su paso por la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia tampoco fue desapercibido. A él, y a muchos de aquella época, se les tildó de “comunistas” que no dejaban preparar los “doctores”; se criticaba, por parte de profesores, que al Médico no se le debía mezclar con lo social, lo económico, político o cultural. Héctor Abad sostenía que aquel que de Medicina sólo sabe, ni Medicina sabe; éstos, aburridos de no poder implementar su modelo, se fueron a fundar Facultades de Medicina en otra parte (Bolivariana y CES). Hoy, creo que andan cuestionando seriamente la pérdida del “humanismo médico” y, por qué no decirlo, de su marcado analfabetismo social y filosófico. Estos fueron los mementos de GERMAN, entre muchos otros, de su paso por el Consejo Estudiantil y Académico de la Facultad.
Algún día, testigo de las luchas solitarias de ALBERTO BOTERO o de LUIS FERNANDO MUÑOZ, en la Junta Directiva de Asmedas, inspiró el movimiento “Alborada Médica”, el que creció tan rápido que fue fácil asumir el control del sindicato médico. No sabía que aquella tarea implicaría desalojar a JAIME RESTREPO CUARTAS, entre otros, hoy furibundo “Uribista”, pregonero o peón de la arremetida contra el gremio de los trabajadores de la salud, que hipoteca nuestro conocimiento y engrandece los bolsillos de los comerciantes de la enfermedad.
GERMAN llegó a la Junta Directiva y alguna vez escribí que Asmedas se convirtió en su moza; lo único que faltó fue trasladar su cama y su ropa. Su dedicación ha sobrepasado cualquier límite imaginable. La casa, otrora refugio perfumado de los médicos, hoy es un sindicato que generosamente ha brindado solidaridad a todas las demás organizaciones de trabajadores y usuarios de la salud y otros sectores populares.
Su hoja de vida no es como la de aquellos que hacen curso de burócratas clientelistas, para luego anidar en los cuerpos colegiados prevalidos de cobrar antiguos favores. Su dedicación ha sido la de ser médico, por lo cual en este año empezó a disfrutar de su jubilación y la de luchador social de tiempo completo.
El paso que le espera es ir al Congreso de la República, no a catapultar el engaño, la pérdida de la soberanía, la negación de la democracia, sino a levantar la bandera de la denuncia y la confrontación que ha arreado por más de 35 años o, al menos, es el tiempo en que lo conozco. Ante esa persistencia, es el mejor reconocimiento que le podemos hacer.

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