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Médicas EPS S.A.: a competir por "el mercado del dolor"

Por Alberto Mendoza A.
Médico Cirujano
Universidad del Cauca

“He vivido dentro del monstruo y conozco sus entrañas”
José Martí

Cuando en el mes de Abril del año 2000 asumimos el compromiso de iniciar una cruzada nacional prerreforma de la Ley 100 de 1993, los aspectos en los que nos identificamos eran: profunda crisis del sector manifestada por incertidumbre financiera de los prestadores públicos y privados más cierre de muchos de ellos, cobertura aproximada de un 50% de la población, enriquecimiento exagerado e injustificado de unos pocos intermediarios(EPS), deterioro de la calidad de la atención y pérdida de la dignidad profesional y laboral de los trabajadores de la salud.

Hoy, esos mismos condicionantes no sólo siguen existiendo, sino que algunos de ellos se han profundizado y han surgido otros, lo que determina que la reforma en salud es una necesidad y una reivindicación política vigente para el conjunto de todos los colombianos.

Es sabido y aceptado, que las reformas en salud de los ochenta y noventa, y dentro de estas la Ley 100/93, respondieron a la lógica global de las políticas macroeconómicas centradas en el ajuste fiscal, la disminución del tamaño y papel del Estado y la desregulación de los mercados como parte del cumplimiento de la agenda trazada por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

El Consenso de Washington es el centro de referencia de todas las directrices políticas para los países de América Latina y se materializa en el área de la salud de Colombia en el llamado Modelo Plural Estructurado (Julio Frenk y Juan Luis Londoño, Inter.-American Development Bank –BID-, 1996), y los criterios de Protección Social (Holzmann y Jorgensen del Banco Mundial, 2000). El modelo de Aseguramiento y la transformación del Ministerio de Salud en Ministerio de la Protección Social responden a directrices políticas foráneas de estricto cumplimiento.

Según los ideólogos del modelo de Aseguramiento, la reforma era una necesidad ya que había que introducir correctivos a las grandes deficiencias del viejo Sistema Nacional de Salud, lo que se reflejaba en rezago epidemiológico y en una gran brecha por falta de universalidad, por no integralidad en la prestación de los servicios de atención en salud, ineficiencia técnica, ineficiencia administrativa, desarticulación de las instituciones, proliferación de prestadores, insatisfacción de usuarios, segmentación de los servicios y el surgimiento de enfermedades emergentes y reemergentes.

Se introduce el aseguramiento en salud, columna vertebral de la Ley 100/93, lo cual no significa prestación de servicios de atención en salud sino que todos los potenciales demandantes de dichos servicios, que somos todos, por estar sometidos a riesgos contingenciales en salud, debemos estar protegidos por un seguro que garantice el pago de los servicios médico-asistenciales que demandemos. Lo que el sistema y el modelo buscan es distribuir el riesgo en el grupo asegurado para disminuir el efecto financiero de las contingencias para el asegurador y el costo por asegurado, ya que el manejo y pago de los servicios se realizará por parte de las Organizaciones para la Articulación de los Servicios de Salud, forma inicial como Juan Luis Londoño y Julio Frenk trabajadores del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo llamaron lo que después denominarían EPS.

La Ley 100 concedió el manejo del aseguramiento tanto a empresas públicas como privadas, en los regímenes contributivo y subsidiado, ampliándosele al sector privado el mercado en el que venían participando solo como prestadores de servicios de atención en salud.

El modelo de Aseguramiento crea una póliza de seguro que en nuestras condiciones fue denominado Unidad de Pago por Capitación como un cálculo para que el asegurador, en función de las variables de costo y frecuencia de riesgos, asumiera en forma probabilística los riesgos sociales en salud denominado Plan Obligatorio de Salud (POS).

La condición esencial, lo más importante de este modelo es la afiliación, independientemente que no exista accesibilidad y oportunidad para la atención. Una cosa es cobertura global (70% de la población cubierta según el Minprotección Social, año 2004), cifra maquillada y con la cual se especula; y otra cosa, cobertura efectiva (52% Contraloría General de la República, año 2004) que es la que se materializa cuando se demanda el servicio de salud y la persona es realmente atendida con oportunidad.

La creación del mercado de aseguramiento y el surgimiento de los intermediarios en el proceso de la entrega de servicios de salud han profundizado la fragmentación del sistema, aspecto que la reforma tenía dentro de sus objetivos lograr erradicar, generándose altos costos de operación y acentuando la segmentación como por ejemplo el de los afiliados al régimen subsidiado, y quienes siendo pobres no pueden acceder al beneficio del subsidio por efectos de la focalización que se ejerce a través de la aplicación del índice SISBEN, el cual no logra captar en forma adecuada un sector significativo de la población con situaciones particulares de pobreza para el disfrute de una buena salud.

El Modelo de aseguramiento desarrollado a partir de la reforma, introduce mecanismos como la obligatoriedad del aseguramiento (EPS), la existencia de un fondo único (FOSYGA) al que confluyen todos los recursos, el pago de los asegurados per cápita ajustado por riesgo (UPC) y la exigencia de un Plan Obligatorio mínimo de beneficios (POS) los cuales constituyen la naturaleza del actual modelo.

“Al apoderarse de la financiación y del manejo de los servicios de salud, los intermediarios financieros se han convertido en fuerzas políticas poderosas en cuanto a mantener el actual caótico, pero altamente rentable, sistema de salud. Tanto los médicos como los pacientes son rehenes en cuanto a las decisiones de los aseguradores que operan con ánimo de lucro” (Richmond JB, Fein R. Harvard University).

Por ser las EPS, parte esencial del modelo de aseguramiento, promocionarlas es lo más aberrante que pueda hacer un sector como el de los profesionales de la salud. El Colegio Médico Colombiano (CMC) y la Asociación Nacional de Profesiones de la Salud (ASSOSALUD) con la propuesta de dar vida a la llamada Médicas EPS, S.A., Stevenson Marulanda e Ignacio Ruiz y todos quienes la apoyan, se convierten “automáticamente” en abanderados del Modelo de Aseguramiento que en su momento dijeron combatir, respondiendo con la misma racionalidad política como respondió el neoliberalismo en su momento frente a la problemática en salud colombiana.

Algunos profesionales de la salud desde un principio observamos con desconfianza muchas de las propuestas agenciadas por estos personajes: el cambio de nombre de Asorreforma Ley 100, la tendencia hacia la empresarización de la anterior(tarjeta de crédito Davivienda Assosalud Visa), excluir dentro del paquete reivindicativo de la reforma los aspectos laborales y profesionales que atañen a los profesionales de la salud, la conformación de los Colegios, el reencauche en el sector de Dilian Francisca Toro cacica política del norte del Valle, el apoyo al Proyecto de Ley 024, la defensa de la recertificación como negocio, el apoyo al “ahogado” Proyecto de Ley 052, el congraciarse con el ejecutivo (Presidente y Viceministro de Protección Social) a través del periódico El Signo Vital, el apoyo político a un amplio sector de candidatos uribistas algunos de ellos con “lazos cuestionados” y mañana, lo más seguro, es que apoyarán la Propuesta de “reforma” de Gina Parody lugarteniente uribista y jefe política de muchos de ellos. Las últimas noticias nos confirman que, desde que llegaron a la organización de los profesionales de la salud, ya traían su libreto a desarrollar.

La razón de ser de las EPS es la rentabilidad económica, pisotear la dignidad laboral de los trabajadores de la salud; el constreñimiento del acto de los profesionales de la salud ha sido una constante con el consabido detrimento de la calidad de la atención, la negación de los beneficios del POS como otra forma de generar más ganancias en el ”mercado del dolor”, ejercer selección adversa como forma de excluir comunidades costosas en salud que generan pérdidas, ser responsables de la bancarrota de hospitales y clínicas tanto públicas como privadas, no contribuir al cambio del perfil epidemiológico de nuestra población, captar afiliados mediante la compra de los mismos a los alcaldes, contribuir con la politiquería instando a los afiliados a que voten por los caciques que les apoyan en el Congreso y ante los organismos de Control del Estado cuando contra ellos cursen investigaciones, incentivar la auditoria médica y de cuentas mediante glosas que retardan pagos oportunos, promocionar las acciones de tutela con el objeto de captar mayores recursos procedentes del Fosyga, traficar con afiliaciones múltiples y con afiliaciones de N.N., entregar a los pacientes medicamentos de mala calidad, asociarse a ACEMI, etc.

Sólo llevando a cabo las anteriores prácticas, Médicas EPS S.A. podrá llegar a ser una empresa “exitosa”, y mañana, competir por los primeros lugares de las empresas más importantes y rentables del país. Simple y llanamente, de no poner en práctica esta nueva empresa, las aberraciones denunciadas, nacerá como intermediaria administradora y financiera, muerta. Novísima estrategia ésta de reformar la Ley 100/93 por dentro, tornando a las EPS “buenas”, para de esta forma hacer “bueno” el execrable modelo de aseguramiento propuesto y, de carambolas, hacer “bueno” también al neoliberalismo. ¿Serán ingenuidades o, por el contrario, descaradas propuestas para cazar incautos y servir de paso al establecimiento? ¿Quién responde por esos $15 millones que le quieren birlar a cada uno de los socios que están en plan de cautivar?

Pero como no hemos perdido la memoria, a los nuevos “reformadores” les repetimos:

“…Hace unos pocos años recorrían el país y comandaban las acciones por revocar la Ley 100, al frente de un movimiento llamado Pro Reforma Ley 100; condenaban a cuanto político pudieran; juraban nunca entrar en estos «sucios juegos». HOY ENTRAN EN LOS MÁS OSCUROS INTERESES DE LA POLÍTICA; HOY APOYAN LA LEY 100; HOY APOYAN AL GESTOR, PONENTE, CREADOR Y TAIMADO DEFENSOR DE LA LEY 100; HOY INVIERTEN SUS UTILIDADES EN PATROCINAR POLITIQUEROS”.

“Hace unos pocos años condenaban y criticaban a Uribe y todo lo que a él se pareciera, por el perjuicio que había causado a la salud y a los médicos; hace unos años odiaban a las EPS,la Ley 100, las ARS; hace unos años criticaban a morir la intermediación. HOY SALEN EN PANCARTAS DE LA MANO CON URIBE; HOY HASTA PROPONEN LA CREACIÓN DE NUEVAS EPS; HOY DEFIENDEN CUANTO ASPIRANTE URIBISTA SE LANZA Y NOS QUIEREN HACER CREER QUE HAN AYUDADO A LOS PROFESIONALES”.

“Hace unos pocos años se lamentaban por los hospitales que este gobierno estaba cerrando y liquidando sin piedad; hace unos pocos años pedían mejores condiciones para los médicos… HOY PROMUEVEN LAS COOPERATIVAS DE INTERMEDIARIOS; HOY LOS HOSPITALES NO IMPORTAN, HOY SÓLO VALE LOGRAR LA RECERTIFICACIÓN Y COBRAR POR LA EDUCACIÓN CONTINUADA PARA TODOS LOS PROFESIONALES, ASÍ NO TENGAN EMPLEO”.

“Penetrar las organizaciones, para hacerlas cambiar de rumbo en sus objetivos, es otra de las formas sutiles como actúa el enemigo, y los enemigos de nosotros están claramente identificados: el modelo de aseguramiento y la intermediación financiera. Mientras ocurre que el Colegio Médico Colombiano y ASSOSALUD, con su propuesta de creación de “Médicas EPS, S.A.”, propugnan porque la salud continúe siendo una mercancía, nosotros continuaremos con todos aquellos que reivindican la salud como un Derecho. Una nueva situación en salud es posible para los colombianos por fuera del modelo y concepción neoliberal.

¡VIVA ASOREFORMA LEY 100!

Bogotá, D.C. 2 de julio de 2006.

 

 
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