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La nueva ley de reforma de la Seguridad Social en Salud

La creación de la Comisión de Regulación en Salud









Por médico Eduardo Cano G.
Salubrista

Muchos nos quedamos sorprendidos con las novedades que trajo la nueva versión de la reforma a la Ley 100 de 1993. Y más sorprendidos con el alborozo que mostraron los tecnócratas que dirigen las diferentes empresas de salud en el país.

Y no es para menos. Detrás de este engendro burocrático se esconde, hace guiño, bizquea, un fantasma que el gobierno, desde que se realizó la reforma en nuestro país, no ha podido espantar: la falta de participación del sector salud en las decisiones del sistema.

Porque la Comisión de Regulación en Salud CRES es sólo esto, un engendro burocrático que sólo busca paliar a última hora ese vacío que tiene nuestra reforma en cuanto a participación de los sectores que, como se reconoce en muchos de los países de Europa, son los únicos dueños de los sistemas de salud: el sector salud y los usuarios.

Tanto en la configuración de sus miembros, como en sus funciones, lo que se está buscando es el apoyo del sector salud para la regulación de aquellos aspectos más técnicos de la estructura de la reforma: Expertos de la universidad, de los centros de investigación en salud, de los centros de investigación en economía de la salud, de las asociaciones de profesionales de la salud y de las asociaciones de usuarios debidamente organizados.

Todos estos expertos, debidamente controlados por el Ministro de la Protección Social y por el Ministro de Hacienda, para que ayuden a regular los aspectos técnicos más caros de la reforma de la salud de 1993. Como quien dice los aspectos más técnicos no de la salud, sino del negocio de la salud en el que se convirtió la prestación de servicios de salud en Colombia, para que le den el espaldarazo al gobierno.

Y, como si lo anterior fuera poco, esta comisión debe presentar cada año, ante las comisiones séptima de Senado y Cámara, la evolución del sistema de seguridad social en salud y las recomendaciones para mejorarlo, se entiende que dentro del ámbito de sus funciones.

Tendríamos que ser ingenuos para pensar que cinco “expertos” provenientes de los sectores, por demás siempre subvalorados y poco tenidos en cuenta por los diseñadores de la reforma, ¿podrán contrarrestar el poder político y decisorio de dos ministros como el de la Protección Social y el de Hacienda, a la hora de proponer cambios radicales a nuestro sistema de salud?

Tan subvalorados han sido estos sectores, llamados a colaborar en la regulación, que ni dentro de las funciones de la CRES figura para nada el problema fundamental y estratégico de los recursos humanos en salud. Es decir, de todo aquello que tenga que ver con la formación, utilización, vinculación, contratación y remuneración del personal de salud en el país, asunto clave para el buen desempeño de cualquier sistema de salud, en cualquier país del mundo. ¿Por qué? Simple y llanamente porque no les interesa que sea regulado. Este tema resulta claro, no es del agrado de nuestro sistema de salud, por razones obvias de costos institucionales y sectoriales.

Lo que sí les interesa, y la Ley es muy explícita en ello, es que los “expertos” de las universidades y de otros sectores como los de investigación en salud y en economía de la salud y los usuarios avalen la razón perversa que alimenta la microeconomía del sistema de salud. Que pongan sus conocimientos y también sus desconocimientos, (léase ignorancias) al servicio de los engranajes de la caja negra del sistema para que el gobierno, a la hora de la verdad, pueda apoyarse cómodamente en ellos, frente al país y frente al Congreso.

Mucho tendrán que pensar quienes aspiren a pertenecer a este engendro burocrático, por dos razones fundamentales. La primera, porque su remuneración será, indudablemente, muy buena y serán muchos los que quieran meterse allí y muy pocos los escogidos. Y la segunda, porque esta Comisión no deja de ser más que un simulacro de participación del sector salud en las decisiones del sistema y, avalarla con su presencia, puede ser, en la etapa actual de la reforma, una forma de desgaste y de descrédito.

La participación del sector salud tiene que nacer de sus bases (médicos, enfermeras, odontólogos y personal auxiliar y usuarios), que son quienes han sufrido la desmejora en sus condiciones de trabajo, la persecución, la represión y el despido. También porque son ellos los que realmente conocen la realidad de la prestación del servicio en la actualidad.

 

 
     
 
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