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La desgracia de la inseguridad social en Colombia
La Seguridad Social: derecho o negocio
Por Carlos A. Carreño F.
Médico
Hoy cursa, por todos los medios, la información de la puñalada final al Instituto de Seguros Sociales, el que nació por la Ley 90 de 1946, no como regalo, sino como resultado de luchas internacionales y nacionales de los trabajadores de antes y de entonces. Luego, trabajadores y pueblo viajaron en ese barco y, como germen de la Seguridad Social de nuestro país, lo disfrutaron como pasajeros, ignorando el puerto del que había zarpado, ignorando que la Seguridad Social como derecho histórico ha sido construida por cada pueblo, en difícil lid contra los establecimientos de cada sociedad que dominan, explotan y expolian a pueblo y trabajadores.
Si hablamos de Seguridad Social (SOCIAL), en el momento, ¿qué es lo peor de la desgracia?: No es que el gobierno nacional actual, reelecto, acabe o cierre o venda o transfiera al Instituto de Seguros Sociales, ISS, o Seguro Social. No, porque eso lo sabíamos desde que el doctor Álvaro Uribe Vélez se lanzó como candidato presidencial para el período 2002-2006; su lujoso estilógrafo venía cargado con la tinta indeleble que marcaría los trazos de la firma que dictaría la sentencia de muerte para el ISS; al actual Presidente de Colombia le molesta, le fastidia, de manera obsesiva y compulsiva, el bienestar de los trabajadores que han construido la riqueza de Colombia, y del resto del pueblo que está alrededor de los trabajadores, de eso no hay duda; lo repite todos los días y, en concordancia, actúa.
La Desgracia: La desgracia del momento no es que maten al ISS como germen de nuestra seguridad social, a sabiendas de que lo matan para que, con sus restos, se fortalezca el negocio mercantil en que el neoliberalismo ha convertido a la Salud, Pensiones y Riesgos Profesionales; así han hecho con Cajanal, con Caprecom, con las cajas institucionales y territoriales y lo están haciendo con la red hospitalaria PÚBLICA, es decir, con patrimonio del pueblo, de toda la nación colombiana. La mafia neoliberal, en todo el mundo, en América Latina y acá en Colombia, desde hace rato ha aprendido que darle el sesgo de mercancía a los “servicios” es muy buen y rentable negocio comercial. Pero, el pueblo está en estado de obnubilación y anestesiado por el mesianismo mediático, el unanimismo y la pseudocultura “videns”, y no sabe lo que le está pasando a cada uno y al país.
Lo peor de este momento contra nuestra Seguridad SOCIAL es que la población de la sociedad colombiana, en 60 años de tratar de hacer germinar y desarrollar nuestra Seguridad Social, ese pueblo no se ha enterado, no se ha ubicado en la realidad, no ha analizado y comprendido la noción, ni el contenido, ni la dimensión íntegra de lo que es la Seguridad Social; por eso aplaude que le maten, o vendan, su patrimonio social, llámese ISS, Cajanal, Caprecom, Hospital San Juan de Dios, Instituto Materno Infantil, Hospital Erasmo Meoz de Cúcuta, Hospital Ramón González Valencia de Bucaramanga, Hospital Universitario de Cartagena, Hospital Universitario San Jorge de Pereira, Hospital San José de Popayán, Hospital Universitario de Caldas en Manizales, Hospital de Chiquinquirá (Boyacá), Clínica de los Andes en Barranquilla, Clínica Rafael Uribe Uribe en Medellín, Clínica San Pedro Claver en Bogotá, Clínica León XIII en Cali, Hospital Universitario del Valle en Cali, las Clínicas Santa Rosa de Lima y Fray Bartolomé de Bogotá (de las eliminadas Cajas Cajanal y de Previsión Distrital, de Bogotá), tan sólo para mencionar unos poquitos de los más de 400 hospitales públicos, clínicas del ISS y de las cajas de previsión listas para bocado de los grandes negociantes del sufrimiento, el dolor y la muerte.
Ese pueblo, sus dirigentes y líderes sindicales, trabajadores, pensionados, amas de casa, jóvenes estudiantes, trabajadores, tercerizados o desempleados, a todos, poco les importa el fracaso previsto del llamado proceso de reestructuración, o amputación de las llamadas ESE escindidas del ISS que, ni siquiera, han sabido qué es eso; poco les importa eso de la ESE Rafael Uribe de Antioquia, la Policarpa Salavarrieta (Meta, Tolima, Cundinamarca, Huila, Caquetá, Boyacá y Casanare), la ESE Francisco de Paula Santander (Santander, Norte de Santander y Arauca), la José Prudencio Padilla de la Costa. Tampoco les importa que se las engulla un monopolio mercader de la salud, como SaludCoop (que de Coop poco o nada tiene), o un Sánitas, o cualquiera de los monopolios mercantiles aseguradores de salud norteamericanos que van a llegar con el TLC; todo eso, al pueblo lo tiene sin cuidado, porque el pueblo se está preocupando es por cosas mucho más importantes que esas tonterías de lo que llaman Seguridad Social. A un pueblo entronizado y amaestrado en el “modo de vida norteamericano” no le importa que se pierda un hospital público, o un Seguro Social, y mucho menos que, con la arremetida neoliberal final, se maten las organizaciones sindicales que algo defendían los salarios, la Seguridad Social y los recursos naturales del país, como el petróleo, el gas, el carbón, el níquel, los páramos, los recursos hídricos, los bosques, toda la flora nativa, incluyendo la flora medicinal y, algo tan simple, tan sencillo, tan de poco valor, como el AGUA y todas sus fuentes, los nevados, lagunas, lagos, humedales, ciénagas, ríos… y ACUEDUCTOS… Ese pueblo está ocupado… muy ocupado en el consumismo mercantilista que le entra por los ojos a través de las pantallas “videns”, que le forma y crea necesidades bagazo y lo mantiene en los centros comerciales…
Ese pueblo, y muchos miles de los trabajadores colombianos, no saben qué es el domus, qué es el derecho real y cómo se llega a él, cómo se conquista; qué es el derecho a la Seguridad Social Integral, que no es sólo atención a la Salud, Pensiones y Riesgos Profesionales, sino todas las variables y valores que suman al BIENESTAR, la FELICIDAD y la DIGNIDAD de los seres; tanta televisión, videos y noticias mediáticas no pasan en vano, no dejan pensar, sólo creer. Por eso, el pueblo aplaude el que le cierren lo PÚBLICO, es decir, lo que es de TODOS, y henchido de vanidad se va a pisar los tapetes persas del negocio privado de EPS, Fondos Pensionales, Riesgos Profesionales y las ARS del Subsidiado; tapetes comprados con el rendimiento de la mercancía llamada dolor humano. Por eso, la gente NO LUCHA por el DERECHO sino que, ciego y anestesiado, paga, paga y paga servicios, compra y compra tarjetas para supuesto aseguramiento POS, incluso, compra SISBÉN, POS básico, POS Complementario, Prepagos, (y hasta pagos-POS, es decir, para después de morir); planes, o pólizas de cuanto Seguro de Vida le presenten, y le hace fieros al hermano, al amigo y al vecino, y su portapapeles está gordo de tarjetas de muchos colores y variados logos, sin darse cuenta que Él NO TIENE DERECHOS; porque el derecho, o se tiene o no se tiene, pero no se compra; lo que compra y compra son mercancías, mercancías sacadas de sus propias miserias y desgracias, sin darse cuenta que, además, ese gran negocio que han montado con la Ley 100 de 1993, llamado modelo de mercado neoliberal globalizador de miserias y pobreza, denominado, de manera falsa, de seguridad social, es la MERCANCÍA más costosa que existe en los anaqueles comerciales de este sufrido país llamado Colombia.
La anestesia neoliberal y consumista es profunda, la alienación comercial es una desgracia; por eso, el pueblo, independiente de su estrato, es feliz con su desgracia. El problema se verá cuando pase la fiebre mesiánica y el pueblo despierte de esa anestesia del populismo cínico, unanimista, mediático y mesiánico.
Entonces, al pueblo le tocará volver a aprender lecciones históricas de vida digna y del derecho, aprender el domus, caminando por senderos duros y espinosos, porque ha estado ciego, en parte por su voluntad, frente a su propia desgracia y triste realidad, pero henchido de vanidad; entonces recordará que “la letra, con sangra entra”. El pueblo ha cometido un error histórico, como es el haber degustado la fruta inmadura de la incipiente seguridad social que estaba germinando en el país, pero no supo valorar su sabor y contenido, tampoco le importó de qué árbol venía, ni cuáles eran sus raíces; el pueblo de estas generaciones presentes no sabe en qué bosque se encuentran los árboles que producen los frutos llamados derechos; y resulta que los únicos árboles, vecinos del mismo territorio, que producen derechos, son el magnánimo árbol de la CONSCIENCIA y el fértil y seguro árbol de la LUCHA, y que los dos se inseminan de manera mutua y armoniosa.
La seguridad social que se debe aprender: El pueblo y la sociedad colombiana no aprendieron en estos pasados 60 años que la única y verdadera Seguridad Social SOCIAL, NO es la del egoísmo individual lleno de tarjetas, sino la Seguridad Social de TODOS, Integral, Única, Solidaria, del Colectivo Universal del país, es decir, de TODA la SOCIEDAD, equitativa y sin exclusiones, sin POS diferentes, u otros.
Algún día, posiblemente en largo tiempo, pasará el letargo de la anestesia y, al pueblo, frente a su realidad concreta, como lo demuestra la historia, le tocará tomar consciencia, vomitar su vanidad y destruir su cobardía, para unir sus manos, como montañas solidarias, pararse, alistarse, sin miedo, para luchar por sus derechos, por los derechos de TODOS, reconstruir y definir nuevos domus, dentro de ellos, el más universal, el más solidario, el derecho a la Seguridad SOCIAL.
Ya llegará ese momento, tarde o temprano, por ahí pasa todo camino.


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