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Perfiles
José Restrepo Jaramillo
Jericó 1896 - Medellín 1945

Por Mario Escobar Velásquez
Periodista y Literato
José Restrepo Jaramillo escribió como una de sus primeras novelas “La Novela de los Tres”, una obrita sin demasiados merecimientos en la cual la acción interna es mucho más intensa que los hechos externos. En donde las reflexiones suplen a la acción y aún a la trama. Y, entonces, con una total prescindencia de toda su obra posterior, se le clasificó por el siempre de los siempres como al creador en Colombia de la novela y el cuento “sicológicos”.
Pero ninguna otra de sus obras pudiera en propiedad ser catalogada como “sicológica”, ni siquiera ninguno de sus cuentos. Por lo demás, esto de una escuela o una corriente literaria que cupiera en esa clasificación es de casi imposible señalamiento en el país: es difícil mencionar autores que la practiquen, u obras que la acrediten.
Quien esto escribe se carga una ardua sospecha: la mayoría de nuestros críticos y reseñadores se calcan unos a otros, continuamente. Carga la sospecha amarga de que no leen al autor al cual van a reseñar o criticar, sino los encasillamientos que ya tuvo. Y que es por ello que las críticas y las reseñas se parecen tanto las unas a las otras.
Por ello, y en contra de otras ubicaciones, quien esto escribe piensa que la obra del jericoano es una obra amamantada en la realidad. Que los actos de los personajes, no sus reflexiones, dibujan su carácter, y que en esa obra lo exterior es no sólamente fundamental sino que es, además, fácilmente reconocible. Por ejemplo, señalaría que casi cualquier jericoano de los años treintas hubiera sido capaz de ubicar la casa de “Las Cristeras”, personajes del cuento seleccionado para esta antología, edificada casi sobre el lomo de alguna loma y que, a lo recordado, todavía se sostiene sobre postes resecos por los años y los años, descansando sobre soportes de barro recocido que guardan alguna semejanza con ánforas. Una casa de muros gruesos de tierra pisada, tejas de barro recubiertas a partes de musgos, al frente de la carretera que se trazó sobre el viejo camino de herradura y que se asfixia de polvos en el verano y se enjabona de barros en el invierno.
Pero, ciertamente, José Restrepo Jaramillo fue un innovador notable, que rompió para la literatura antioqueña con los moldes que le habían diseñado la fuerte personalidad de Tomás Carrasquilla y la de su acólito Francisco de Paula Rendón, como sostenedor. Si se mira con detenimiento, la literatura de estos dos maestros es la de unos personajes cuya ortodoxia es una constante, y que por esto mismo tienen unas facetas sumamente peculiares: son personajes puros de los asuntos carnales. Eran espíritus sin pasiones, o tenían apenas las bien miradas de una gula controlada o el de uno que otro tabaco en rama fumado cuando la tarde se hundía en morados. Parecería que no hubieran tenido sexo. Se daba por supuesto que los asuntos del cuerpo deberían ocurrir únicamente entre esposos bendecidos de cura, y solamente con un fin determinado: el de tener hijos “para el cielo”. Ni gozaban la carne, ni la padecían. Lo que le atañera era impropio, mal mirado, se diría que inexistente: en tal forma la excluyeron de su obra los dos de Santo Domingo.
Pero en “David, Hijo de Palestina”, la pasión carnal es un otro personaje. Se la estudia como a los demás que se mueven por un pueblo de cordillera, más largo que ancho. La pareja que se ama por fuera del matrimonio halla que su fornicación no es degradante, ni pecaminosa, y que el mero goce del cuerpo es una presea y no un baldón. Vindica que sobre sus cuerpos y sus actos privados son dueños ellos mismos, y no una sociedad.
Se hace necesario recalcar que Restrepo Jaramillo escribió y publicó su obra en un tiempo hipócrita que vetaba a Fernando González porque no usaba de eufemismos para llamar a las cosas, sino su nombre castizo: pan al pan, y vino al vino. Un tiempo tal en el cual un monseñor predicaba que era pecado mortal leer la obra del de Envigado porque filosofaba no ortodoxamente, y en el cual una Academia Colombiana de la Lengua vetaba al filósofo como merecedor del Premio Nobel de Literatura precisamente por lo mismo, su heterodoxia sistemática.
La obra de José Restrepo Jaramillo abrió brechas para una literatura sin cortapisas. Por esas brechas cuya importancia no se reconoce pasaron después los que quisieron escribir de seres de carne y de hueso que gozaban o padecían del sexo, y que no tenían ya que ser vetados por una ortodoxia que pretendía a los seres según unas tablas que no son las de este mundo real. Mucho le debemos a este jericoano que pintó como nadie antes en el país a los seres como son, y no como debieran ser según los pensares de algunos y de algunas morales.
José Restrepo es un maestro de la prosa, que se adorna a veces ligeramente de poesía, pero dentro de una mesura que tiende a hacerla un instrumento y no un fin en sí misma, un medio para comunicar los asuntos del carácter de sus personajes. Como fue Cónsul de Colombia en Panamá, dos de sus obras se ubican en este país. “Las Cenizas de Ella”, que también hemos escogido es parte de “Relatos de Sabas Pocahontas”, cuyo entorno es el Istmo. Es, además, y hasta donde lo sabe quien esto escribe, el primero de los escritores antioqueños que manejó con propiedad tanto al cuento como a la novela. Hasta él los escritores fueron o cuentistas o novelistas, cosas que se diferencian harto aunque están hechas con los mismos materiales. Murió relativamente joven, sin cumplir los cincuenta años. Es dable pensar que en su madurez habría alcanzado mayores desarrollos literarios, munido de la sabiduría que los años acumulan. Sin embargo, dejó una obra nutrida y vigorosa.
Obras: «La Novela de los Tres, Roque, Ventarrón, y de reciente publicación, Dinero para los Peces, y David, hijo de Palestina. Hay al parecer, otra novela inédita cuya importancia desconocemos.
Libros de Cuentos: «Veinte Cuentos», además de algunos no librificados que se publicaron en periódicos y revistas.
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