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Cocina y Cultura

Lo que va de banquete a convite

A propósito de los consejos comunitarios









Por médico Carlos Enrique Escobar G.
Profesor Historia, Medicina y Sociedad
Facultad de Medicina U. de A.
E-mail: ginofiloculinario@hotmail.com

Por si no lo sabían, la realidad puede ser descrita de formas muy distintas, allí está el lenguaje como herramienta que permite mostrar notables diferencias en hechos que en apariencia son similares.

Pero no se confundan, mis fraternos culinarios, y no vayan a pensar que estoy haciendo “pinitos” para clasificar como filósofo del lenguaje. No. Mis propósitos, como siempre, sólo tienen intenciones gastronómicas y las consideraciones anteriores surgen en razón de una vieja inquietud.

¿Qué se come en un consejo comunitario? Porque en esos eternos sábados, desde la madrugada hasta bien entrada la noche, algo tienen que comer los asistentes y más cuando con el estilo tan particular del presidente, las muy frecuentes alusiones a los problemas de las gallinitas de Rosa, las vaquitas de Juan o la cosechita de cualquier cristiano, seguramente deben incitar en los asistentes numerosos quejidos y protestas gástricas e intestinales.

Pues bien, mis amigos, infortunadamente y a pesar de varios intentos investigativos, no me ha sido posible obtener la información pertinente y, por lo tanto, y a modo de hipótesis, recurro a la vía deductiva para llegar a algunas conclusiones de carácter provisional.

Estoy seguro que muchos de ustedes estarán de acuerdo conmigo en que las primeras filas de los asistentes a dichos consejos: senadores uribistas aún no detenidos, alcaldes y gamonales, periodistas y escritores con cabida en la gran prensa, algunos platudos y no pocos lagartos, se darán una escapadita para calmar el gusanillo del hambre con una comilona estilo banquete.

El banquete, aún cuando etimológicamente proviene de algo tan humilde como un banco o silla, el idioma y la tradición le han asignado la función de representar una comida esplendida de las clases más pudientes de la sociedad.

La historia de la gastronomía está llena de páginas que hacen alusión a las curiosidades de este tipo de comida. Para citar un ejemplo, el caviar que fue, durante muchos siglos, un alimento de las clases populares, especialmente de Persia y Turquía, hoy es considerado como uno de los más encopetados ingredientes de un banquete de raca mandaca.

Pero menú de banquete de medio día, y en consejo comunitario, está lejano del caviar y, por el contrario, exige en nuestro medio: punta de anca en término medio bien madurita y jugosa o, si el colesterol asusta, plancha de pechuga de pollo o pescado asado. Por el contrario, los asistentes de las filas posteriores, aquellos que no alcanzan a clasificar para banquete, la necesidad gástrica los llevará a un yantar que quizás sea mejor descrito como convite.

El convite guarda diferencias significativas con el banquete y, generalmente, hace alusión a una comida que se realiza como parte de pago a unos trabajadores.

Con lo anterior, estamos sacando una conclusión que no es atrevida. Y es que en estos consejos, como en toda actividad política donde se quiere mostrar al pueblo por los medios de comunicación, parte del pago por asistir a estas parafernalias es una buena comilona acompañada de algunas promesas veintejulieras difíciles de cumplir.

Muchos de ustedes estarán de acuerdo conmigo en que: aguantar con la paciencia de Job las intervenciones vía satélite de Moreno de Caro desde la remota Sudáfrica (donde le deseamos que se quede largos años, ojalá lustros), los ensalmos y alabanzas de la criatura II; Andrés Felipe Arias y las gangosas y zalameras intervenciones del poco competente: ISS- Terminator, Palacio Betancourt (con el cual la medicina tiene una deuda; pedirle su renuncia), merecerían algo más que caviar con un buen champán. Pero, el convite está irremediablemente unido al sancocho, allí las gallinitas de Rosa bien desmenuzadas en un caldo inundado de abundante agricultura se encargará de llenar la panza a los invitados de menor categoría.

Ya para terminar, y en aras de la precisión, falta una breve referencia a aquellos que no se logran ver en la televisión; los que ni siquiera logran acceder al recinto mientras esperan largas horas a la intemperie en espera que el monarca a modo de dádiva, les extienda un cheque de subsidio por ser: madres, cabeza de familia, desplazados, desempleados o de la tercera edad.

El almuerzo de ellos, cuando lo hay, cuando más llegará a colombiana con pan y salchichón que, frecuentemente, será sin pan y salchichón y, en muchos casos, tendrán que regresar a sus vidas y miserias sin: cheque, sin comida y sin ilusiones.

Última anotación:
A modo de apostilla

Para que aprecien el verdadero poder del lenguaje como herramienta para interpretar la realidad, basta señalar que los manifestantes que llenaron la Plaza de Bolívar en Bogotá para protestar contra la Ley de Transferencias en trámite y el Plan Nacional de Desarrollo, fueron señalados por la Ministra de Educación y el Monarca como ignorantes, manipulados y desinformados. El Problema es que fueron OCHENTA MIL. ¿Cómo les parece?

 

 

 
 
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