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Jubilados
¡Gracias, maestro!
Medellín, abril de 2007

Por médico Roberto López Campo
Vicepresidente Fondo Social Médico de AMDA
El pasado 16 de abril finalizó su recorrido por este mundo nuestro apreciado maestro, el escritor Mario Escobar Velásquez.
Nacido en Támesis (Antioquia) en el año 1.928, de los 79 años de su existencia más de cincuenta los dedicó al estudio de la lengua castellana, y ese entusiasmo lo llevó a escribir más de dieciocho obras, entre las cuales quiero mencionar: “Cuando pase el ánima sola” (1979); “Un hombre llamado todero” (1980); “Toda esa gente” (1982); “Antología comentada del cuento antioqueño” (1985); “Marimonda” (1985); “Con sabor a fierro y otros cuentos” (1991); “Canto Rodado” (1991); “Cucarachita nadie” (1993); “Historia de Animales” (1994); “Muy caribe está” (1999) y “Diario de un escritor” (2001).
Autor de varios ensayos y biografías de personajes antioqueños, fue maestro rural, periodista y orientador de los talleres de escritores de la Universidad de Antioquia, del Politécnico Colombiano y de la Asociación Médica de Antioquia Asmedas, así como profesor de cátedra del Alma Máter.
Como recuerdo de sus vivencias en el Urabá antioqueño, Mario Escobar fue reiterativo en varias de sus obras el tema relacionado con los animales y su comportamiento. Celoso del idioma, en los diversos talleres que dirigió siempre fue muy exigente con sus alumnos, pues quería que sus cuentos y narrativas estuviesen lo mejor relatadas, al emplear correctamente las normas de la gramática de la lengua española.
Como gran observador de los hechos que rodearon su existencia, y muy sensible ante el comportamiento del ser humano, dejó plasmadas algunas frases en su obra “Diario de un escritor”, publicada por la Editorial Universidad de Antioquia, en agosto de 2001: “A veces el autor los siente (a sus personajes) tan reales que conversa con ellos, y los ve. Cuando esto de verlos y conversarles se logra, se está en capacidad de hacer que los demás los vean y los oigan.” (página 38).
“Creo que sin la mutabilidad del escritor, que le permite ser otro, pero conservando su propia calidad de expresión, no se puede ser buen escritor. Y entiendo por bueno al que hace sentir al lector que ya no está dentro de sí, sino en las páginas de la novela”.
“Escribir bien no es manejar bien la gramática, sino el sentir ajeno.” (página 295).
El Maestro tuvo la paciencia de orientar a un grupo de personas ya maduras (del que yo hacía parte), para que hiciera realidad la narración de historias, reales o ficticias, que habían permanecido adormecidas en sus mentes durante muchos años. Él nos animó, no sólo para que las escribiéramos con entusiasmo, de la manera más correcta, sino también para que nos arriesgáramos a publicar algunas de ellas.
Con su ejemplo, él no enseñó que los libros suelen ser los mejores amigos que nos ayudan a evitar el tedio y a desarrollar nuestras fantasías.
MARIO:
Tus discípulos del “Taller de Escritores”, desarrollado durante los últimos seis años en la Asociación Médica de Antioquia (Asmedas), siempre te recordaremos, con el agradecimiento sincero, por tu interés y tus enseñanzas.


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