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La callada presencia

Poema de la Ciudad de la Furia









Por Emilio Alberto Restrepo B.
Médico Ginecoobstetra

POEMA DE AMOR EN EL METRO

Antes de que tu partida hiciera explosión
en mi corazón
y mi espíritu quedara fragmentado
en mil pedazos
Yo amaba nuestros lugares y me alimentaba
de ellos
Amaba la cafetería, amaba la taberna
Amaba la estación, amaba el metro

Eran los espejos donde reflejaba lo mejor
de mí

Eran los espacios vitales
donde el día a día compartía la grandeza
de nuestras ilusiones

Eran el carrusel donde girábamos en torno
a nuestros sueños más absurdos
y a nuestros proyectos más delirantes

Y estaba completamente loco por tí
Vivía y moría por tí, eras el pilar de mi existencia

Al principio del día y al final de la tarde
luego de nuestra rutina cadenciosa y rígida
siempre estábamos allí, juntos
en un renacer de alegría sin nombre
Pero ya no estás
Ya no hay cafetería ni taberna
Sólo las obligatorias estaciones y el necesario metro
Y a éste lo miro a lo largo de mi angustia

Y sólo es

Como una serpiente de diez kilómetros de nostalgia
Como quince estaciones de melancolía que me parten el
alma
Como un esqueleto de pescado que me atosiga de  soledad
Como diez mil techos de recuerdos

Porque estoy sólo y no te tengo
Porque sigo loco por tí
Porque ya no vivo
Y me estoy muriendo por tí

 

 

EPITAFIO

De niño siempre quise ser
El más rápido, el más ágil
El más alegre

De adolescente quise ser
El más bonito, el más atractivo
El más cotizador

De universitario quise ser
El más inteligente, el más interesante
El más agudo

De adulto quise ser
El más próspero, el más  exitoso
El más rico

De maduro quise ser
El más bueno, el más noble
El más justo

De viejo quise ser
El más sabio, el más generoso
La última palabra

Ahora desde mi orilla
Contemplo que los gusanos piensan
Que no soy
Ni más sabroso, ni más especial
Ni más apetitoso
Que otro cualquiera

Y con el último resto
De cerebro y corazón
Que aún los bichos carroñeros no devoran
Me pregunto
Si todo ello bien valió la pena.

 

 

 
 
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