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Informe especial

Y la muerte no tendrá señorío

Por Luis Reinaldo Franco Restrepo
Comunicador Social Periodista U. de A.
Asesor en Comunicaciones de Asmedas Antioquia

“Ni la distancia ni la muerte pueden separarnos de aquellas personas que, en el transcurrir de la vida, fueron nuestros amigos de infancia en el barrio en que nacimos, o nuestros compañeros transitorios en el colegio, o nuestros amigos del alma en la universidad en cuya compañía le dimos vigor a un ideario que nos hacía sentir orgullosos de ser estudiantes, a partir de cuestionarlo todo y procurar una solución para los problemas del momento que en realidad, así hayan pasado varias décadas, no han dejado de ser los mismos problemas que nos agobian hoy, incluso con mayor agudeza”.

Con esta frase inició su discurso la secretaria general de la Universidad de Antioquia, doctora Ana Lucía Vega, delegada del señor Rector, en el acto de clausura del homenaje “Y la muerte no tendrá señorío” a cinco grandes defensores de los derechos humanos: Héctor Abad Gómez, Leonardo Betancur Taborda, Luis Fernando Vélez Vélez, Pedro Luis Valencia Giraldo y José María Valle -vilmente asesinados en 1987, los primeros cuatro, y en 1997 el último-, acto éste convocado por la Universidad de Antioquia, la Corporación Héctor Abad Gómez y la Secretaría de Cultura Ciudadana de la Alcaldía de Medellín.

Resaltamos que el día 25 de agosto de 1987, a las 7:30 a.m., fue asesinado el presidente de ADIDA, doctor Luis Felipe Vélez,, a la entrada de dicha Asociación; y en ese mismo sitio y el mismo día, a las 5:30 p.m., fueron asesinados los médicos Héctor Abad Gómez y Leonardo Betancur Taborda.

Del 17 al 24 de agosto, en diferentes escenarios del Alma Máter, se rindió un sincero homenaje y se recordó el pensamiento, vida y obra de estos profesores universitarios que vivieron de acuerdo con sus propias convicciones, y que siempre enarbolaron la bandera de la libertad, defendieron el derecho del ser humano a vivir dignamente y lucharon por la verdad y la justicia, siempre con el deseo de reivindicar un país más democrático, más justo y más equitativo.

En la jornada programada para conmemorar este vigésimo aniversario, se hicieron presentes Juan Pablo Corlazzoli, representante en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos; el abogado y ex magistrado Carlos Gaviria Díaz; el escritor William Ospina; el periodista Juan José Hoyos Naranjo, el representante a la Cámara German Enrique Reyes Forero; el alcalde de Medellín Sergio Fajardo Valderrama, y una serie de personalidades que, de una u otra manera, tuvieron la oportunidad de compartir escenarios y pensamientos con los defensores de los derechos humanos homenajeados.

Momento Médico quiso vincularse también a esta celebración, y por ello decidió dedicar un espacio a la transcripción de algunos apartes de las semblanzas que, otros líderes sociales, de quienes aún tenemos la satisfacción de contar con presencia en este mundo, hicieron de estos personajes quienes, sin duda alguna, dejaron un importante legado a las presentes y futuras generaciones.

El Sembrador siempre nace
En los veinte años del asesinato de Héctor Abad Gómez

Por Saúl Franco Agudelo
Médico Salubrista

… La expresión “el sembrador siempre nace” contiene dos afirmaciones sustanciales.  La primera: que Abad Gómez fue un sembrador.  La segunda: que quien dedica su vida a sembrar, nunca muere.  Sembró, desde su infancia en Jericó hasta su muerte en la puerta de la sede de los maestros antioqueños aquí en Medellín, ideas de amor y respeto a la vida; de rebeldía contra la pobreza, la injusticia y la exclusión; de nuevos sentidos para la salud pública, la medicina social, la promoción de la salud y lo que hoy se llama determinantes sociales de la salud.  Sembró cinco hijas y un hijo en las entrañas fértiles de doña Cecilia.  Sembró organizaciones y apoyó movilizaciones por la defensa del agua limpia, de la leche pura, de la vacunación preventiva, de los hospitales públicos, de los marginados del poder y del dinero, de los derechos de sus colegas los profesores universitarios y de los derechos humanos, su suprema y costosa obsesión.  Sembró rosas en su refugio de Rionegro. Sembró dudas y esperanzas en quienes tuvimos la suerte irrepetible de haber sido sus alumnos…

… Y claro, quien tanto siembra, vive renaciendo. Por eso nunca muere, aunque lo maten con seis tiros como a él. Lo hirieron en el pecho, y no murió. Lo abalearon en la cabeza y en el cuello y, aunque cayó para siempre, nunca murió. Ha estado vivo cada día de estos primeros veinte años de orfandad de todos nosotros. Y resucitó para siempre en el monumento vivo e indestructible que le construyó su hijo Héctor Joaquín en el libro apasionado y riguroso “El olvido que seremos”…

… Por las balas que lo mataron prematuramente, por su constante inquietud intelectual y por una especie de compulsión que lo llevaba a cambiar de tema con frecuencia y a no dar continuidad a algunos desarrollos, muchas de las lecciones del doctor Abad en salud pública quedaron inconclusas o les faltó mayor cultivo y profundidad. Nos toca a los que seguimos y a los que vendrán después, decantar y aplicar sus enseñanzas, discutir sus propuestas embrionarias y tal vez corregir algunos rumbos y hasta refutar algunas argumentaciones.  Todo ello es necesario y creo que él estaría feliz de ver germinar sus semillas y recortar las malezas que inevitablemente crecen en cualquier campo, más cuando tiene la complejidad del campo de la salud pública.  Y tranquilos que él, intensamente vivo, nos seguirá acompañando y enseñando.  Porque el sembrador siempre nace.

 

Luis Fernando Vélez Vélez…
Después de veinte años, sigue entre nosotros

Por Julio González Zapata
Profesor Facultad de Derecho y Ciencias Políticas
Universidad de Antiquia

… La grandeza de su espíritu, la generosidad de su alma, la firmeza de sus convicciones, la coherencia con sus principios, la valentía para defender sus posiciones y respetar las contrarias, son apenas unos pocos trazos de su polifacética personalidad, que lo hace inolvidable para quienes tuvimos el privilegio de compartir una parte de su vida y evocable para quienes no lo conocieron…

… Ese afán por conocer al hombre no sólo fue una preocupación intelectual, sino una manera, -su manera-, de relacionarse con el mundo.  Nunca admitió que entre los hombres pudiera haber superioridades o inferioridades: sólo diferencias.  De esas diferencias entre los hombres, hay algunas del orden de la naturaleza y otras que son el fruto de las desigualdades económicas, sociales y políticas; de la discriminación y de la exclusión; del racismo, el fanatismo y la intolerancia.  Una inclaudicable lucha contra esas diferencias creadas y mantenidas artificialmente nos explican la trayectoria de su vida como intelectual, como profesor, como ciudadano y en esa lucha estuvo siempre del lado de los más débiles: los indígenas, los condenados, los marginados, los acallados, los estigmatizados, los subyugados y humillados…

… Luis Fernando también utilizó su inmensa capacidad comunicativa para expresarse por escrito y nos dejó poemas, cuentos, ensayos y relatos… Quisiera, para terminar, referirme al que parece ser el último de sus poemas, pero con las palabras de uno de sus grandes amigos, Fernando Meza Morales: “Antes de su muerte, lo supimos luego, escribió un canto a la libertad… En él nos dice que la libertad no es la que aparece escrita en un papel que pasa de mano en mano, sino que es comunión de corazón a corazón.  Que la libertad es un ideal por el cual es necesario luchar cada día, o morir como lo hizo él.  Que en su búsqueda a veces es preciso caminar una calle de amargura, como lo pregona su ejemplo.  Que por ella a veces se hace imperativo gritar, y todos los rincones de este recinto venerado están pletóricos de su grito.

 

A la memoria de Leonardo Betancur Taborda

Por Carlos Alberto Giraldo Giraldo
Médico Psiquiatra
Presidente de Asmedas Antioquia

… En estos días de evocación, se ha mencionado reiteradamente la relación entre el olvido y la muerte.  La que me ha parecido más elocuente es la expresión de Rilke que leí en alguna ocasión y que hace referencia a que con el olvido se está infinitamente muerto.  En esa lógica, el recuerdo puede hacer a alguien infinitamente vivo si se le imprime vida al recuerdo.  Esto significa que no puede ser cualquier recuerdo… Debe ser el recuerdo que presente al personaje como un ideal a seguir, como un modelo a imitar, como un prototipo moral, un inspirador de la reflexión y de la acción…

… En el tiempo que le correspondió vivir estaba en auge lo que Joseph Ramoneda llama la pasión política.  Se vivían los efectos de la revolución cubana; se asistía a la crítica al socialismo soviético; se recibían los ecos de la revolución china; el mayo del 68 había dejado su estela.  Esas influencias eran recibidas por una juventud soñadora; de una sensibilidad social sin límites, ávida de transformaciones sociales y políticas.  Toda esta ola tenía como epicentro a las universidades, hábitat esencial de Leonardo.  Como reacción atravesaba a Latinoamérica la ideología de la seguridad nacional, de un anticomunismo cerrero, que veía con sospecha a todo aquel que se saliera de la fila de un pensamiento oficial.  Esta ideología consideraba las estrategias paraestatales para mantener la seguridad que era equivalente a silenciar a los contradictores.  Esta era la atmósfera que se respiraba en los tiempos de Leonardo, poseído él de la pasión política…

… En el año de la celebración del Cincuentenario de la Asociación Médica Asmedas, tengo la obligación de expresar que en la vigencia actual de la organización, en el hecho de que sobreviva a la andanada antisindical del pensamientoneoliberal, de que goce de cabal salud contra todos los pronósticos, influyó de manera muy importante el empeño de Leonardo en el trabajo gremial  Podríamos nombrarlo héroe, no mártir, como lo dijera Carlos Gaviria en discurso memorable; héroe moral como le expresara Hernán Mira en artículo periodístico reciente.  Maestro cabal que es capaz de darlo todo por transmitir su pasión, hasta la vida misma.

 

A Pedro Luis Valencia

Por Álvaro Olaya Peláez
Médico Salubrista

… Fue tenaz en sus proyectos, emprendedor de luchas quijotescas convencido de que hacía lo correcto aunque las fuerzas dominantes de la sociedad intentaron demostrarle por diversos medios que sus ideales no tenían cabida en una patria que aún espera su consolidación como un estado social pleno de derechos y libertades.  Sus convicciones políticas y los sueños de justicia y bienestar fueron los nutrientes de su empecinada actitud de frente a la realidad, sin concesiones ni renuncias, como lo hacen los jóvenes que asumen proyectos de vida preñados de ideales y de sueños…

… Su profesión de médico le permitió ampliar el panorama y comprender la magnitud de una crítica situación que en este país y en aquellos tiempos (en estos también) ha prevalecido.  En cada paciente que atendió durante su práctica profesional -siempre desde el sector público-, tuvo la capacidad de ver en las personas, más allá de las dolencias del cuerpo, unas enfermedades quizás más graves y difíciles de curar: la iniquidad, la pobreza, el aplazamiento indefinido de las aspiraciones afectivas y culturales y la miopía de un Estado más preocupado por la supervivencia de su aparato gubernamental que por el cumplimiento de sus fines fundamentales…

… En su actividad política fue en donde se hizo más visible su capacidad de lucha.  No es fácil ser comunista en una sociedad que no lee ni aplica los derechos fundamentales de libertad política y libertad de expresión.  Con una vinculación ideológica fundada más en convicciones que en oportunismos, salió a la plaza pública, trabajó con sectores marginados, difundió consignas y, lo más importante, construyó caminos para la apertura democrática… A Pedro Luis lo mataron, pero no lo acallaron.  Su legado queda y en nosotros está el deber de portar sus estandartes, sus enseñanzas, sus sueños.

 

Jesús María Valle Jaramillo
Diez años de su muerte

Por Carlos Ruiz Ospina
Miembro organizadores de la conmemoración del décimo aniversario

… Ese hombre en su extrema soledad, que llevaba nueve años ejerciendo la presidencia del Comité Departamental de Derechos Humanos, realizó dos hechos históricos en esa conmemoración.  Pronunció un discurso en donde denuncia la relación de los comandantes militares, de los comandantes de la policía, con las convivir y con los paramilitares; y, en dicho evento, se realiza el segundo acontecimiento pues se suscribe un acta de renovación de compromiso por la Defensa de los Derechos Humanos.  Ese hombre era Jesús María Valle Jaramillo quién, más que ser un abogado, era un jurista, verdadero defensor de los derechos humanos y para quién era principio fundamental apoyarse en la “fuerza de la razón y no en la razón de la fuerza”…

… El 25 de agosto de 1997, en el recinto del Paraninfo de la Universidad de Antioquia, se conmemoró el décimo aniversario de la muerte de los hoy homenajeados y, en medio de un lleno total en el auditorio, Jesús María hizo una intervención que culminó así: “Por eso, esta noche, la presencia de todos ustedes, de la familia Abad, Betancur, del honorable magistrado de la Corte Constitucional doctor Carlos Gaviria Díaz, de los coordinadores del comité, de hombres y mujeres, nos llena de alegría.  Y en este recinto histórico podemos decir hoy: Héctor Abad, Leonardo Betancur, Fernando Vélez, Pedro Luis Valencia, Carlos, Felipe… ¡aquí estamos!; podemos decir: Heli Gómez, personero de El Carmen; profesores perseguidos, víctimas: ¡AQUÍ ESTAMOS Y ESTAREMOS SIEMPRE, EN EL FRAGOR DE LA LUCHA O EN LA QUIETUD DE LA MUERTE!

Jesús María Valle Jaramillo, el insigne Maestro luchador por los derechos humanos fue un símbolo ético de nuestra historia; el más vivo ejemplo de las virtudes que se deben imitar por su grandeza de alma, por la reciedumbre de su carácter, por la pureza de su corazón y por la magnificencia de sus ideales.

 

 
 
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