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Cocina y Cultura
Atún en lata, ¡espectacular!

Por médico Carlos Enrique Escobar G.
Profesor. Historia, Medicina y Sociedad
Facultad de Medicina, U. de A.
E-mail: ginofiloculinario@hotmail.com
Les comento, mis fraternos culinarios, que en aquellas cada vez más frecuentes conversaciones que practico conmigo mismo y mi nomo culinario, producto de un convencimiento profundo en aquella frase “mientras más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”, y en razón de que no tengo perro, me he puesto como tarea el encontrar aquellos productos gastronómicos que despiertan mi admiración y asombro.
A pesar de que es posible que ustedes, mis estomacales amigos, tengan otras propuestas, recuérdese que en cuestiones de gustos no hay disgusto; en definitiva, aceitunas rellenas, cubos de caldo de gallina y atún enlatado están dentro de los primeros de mi lista.
Respecto a la primera, y a pesar de que las respuestas pueden ser más simples de las que yo he imaginado, no dejo de preguntarme: ¿Cómo carajos sacan la pepa y le meten la anchoa o el pimentón sin dañar la fruta?
Por otro lado, eso de abrir una cajita de tamaño menor al de una de fósforos y extraer de allí todo el sabor de una gallina para elaborar un delicioso caldo, es cosa que me deja perplejo. Sin embargo, aquí sí hay que hacer una necesaria aclaración, en este caso, me estoy refiriendo a los caldos de “antes”. No vayan a pensar mis caros comensales que por eso de la edad soy de los que piensan que todo lo pasado fue mejor pero, en definitiva, en lo que hace referencia a productos alimenticios elaborados en Colombia, no tengo duda en afirmar que los de antaño eran superiores.
Y es que, hasta hace unos cuantos años, el caldo de cubito era toda una delicia cargada de sustancia, casi con pluma y cacaraqueo incorporado. Ahora, cuando más, el insípido caldo que venden clasifica para agua de pollo que se convierte en toda una proeza culinaria transformarla en algo que parezca caldo o fondo del susodicho Gallus gallus. Parecería que en cuestiones de productos alimenticios, pero también en productos industriales, según me lo comentó un experto en ello, y por supuesto en cuestiones de salud, se está cumpliendo en Colombia la paradoja de que a mayor palabrería acerca de la calidad, en la práctica ésta se deteriora cada vez más.
Ahora, no crea que por la proximidad de la Semana Santa es que coloco al atún en lata como el número uno de mi lista. A mi modo de ver las cosas, el atún, siempre y cuando sea en lata, no sólo es admirable sino también espectacular. Los argumentos son múltiples y de diferente orden.
Aún cuando usted no lo crea, entro en casi estupor emocional cuando compruebo, como usted también lo puede hacer, que este delicioso pescado de mar, denominado por algunos como el marrano del mar, se encuentra en todos los océanos del mundo pero también en casi todas las tiendas de barrio y fondas de pueblo, de este no tan bienaventurado país, y ello se debe precisamente a la latica a que hacemos alusión.
¿Que cómo hace el atún para meterse a la lata y, en especial, en forma de lomito? Es posible que a usted no lo asombre, cosa que, por supuesto, no ocurre con mi nomo, pero seguramente algo perplejo lo dejaré a usted cuando le afirmo que en Colombia es uno de los pocos productos proteicos animales que ingieren todas las clases sociales. Eso sí, por diferentes razones.
Los ricachos lo ingieren por sus propiedades saludables, su concentración de omega 3 y cosas por el estilo, en ello algo tienen de razón. La clase media, con pretensión e ínfulas de ricachos, lo consumen, uno, por que los ricachos lo ingieren; dos, igual a la anterior, tres, por aquello de la dieta y evitar aquellas acumulaciones lipídicas que hacen que algunos cirujanos de lo plástico coman el atún por la primera razón mencionada.
Otras razones tienen aquellas clases medias menos pudientes, generalmente: empleados, profesionales independientes o propietarios de pequeñas empresas, quienes, a pesar del “trabajar, trabajar y trabajar” como la criatura enuncia, cada vez les es más difícil pagar colegios y universidades, mantenerse al día en la deuda con los bancos y continuar pagando impuestos cada vez más crecientes que sólo alimentan la guerra, la corrupción y las banalidades de algunos, ejemplo, las pirámides de nuestro ex alcalde matemático. En esta clase, por cierto bastante numerosa, la lata de atún es la solución a diversas necesidades.
Si usted llega fundido del trabajar y trabajar a preparar su comida o el almuerzo para el otro día: pasta corta, emparedado o ensalada, por supuesto con una lata de atún, siempre serán una muy buena alternativa especialmente cuando la nevera y el bolsillo están vacíos. Sin duda alguna, nuestro atún en lata es la base de la comida rápida más sencilla, barata y saludable de elaborar.
Por otro lado, si usted no alcanza a clasificar en las clases sociales mencionadas y, en especial, si no tiene nevera o la tiene pero con energía desconectada por Empresas Públicas de Medellín, la del gerente Juan Felipe Gaviria, la latica de atún no debe faltar ya que es forma barata, rápida y práctica de incorporar a la dieta un elemento que, como el atún, gramo a gramo es mucho más rico en proteínas que pollo, vacuno o chancho.
¿Se dio cuenta de por qué mi admiración?
Buen apetito.

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