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Colombia, entre la popularidad y la mentira

Por Luis Fernando Muñoz R.
Médico Especialista en Salud Ocupacional
Especialista en Cultura Política
Tesorero Asmedas Antioquia
asmedascomunica@une.net.co
Para iniciar esta reflexión, recordemos dos consejos de Nicolás Maquiavelo a los príncipes por los años 1535 después de nuestra era (D. E.) en Italia: “El Príncipe mentirá en todos los casos” y “La traición será la clave de sus planes”. También es conveniente tener presente el pensamiento de Albert Camus que dice: “Existe una filiación casi biológica entre el odio y la mentira. No se puede odiar sin mentir e inversamente, no se puede decir la verdad sin sustituir el odio por la compasión”.
Reiteradamente, el Presidente quiere hacernos creer que “en Colombia no existe conflicto armado interno”, en tanto es suficientemente conocido y aceptado por la comunidad nacional y la comunidad internacional que en Colombia sí existe y que su solución pasa por una salida política negociada; así mismo, la misión en Colombia del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) registró un incremento en los casos de personas desaparecidas y de desplazamiento por razón del conflicto armado interno, dijo el saliente jefe de dicha misión Juan Pedro Schaener.
Manifiesta el Presidente que la política de seguridad democrática es una herramienta para la paz, concepto que ha sido desmentido por los partidos verdes y la izquierda unida de Europa quienes acusan al presidente Álvaro Uribe Vélez de “tenderle una trampa a Europa vendiendo la política de seguridad democrática como un plan de paz, cuando en realidad es un maquiavélico plan de guerra”; palabras del eurodiputado J. Wutz. Además, en los últimos cinco (5) años, en pleno gobierno de la tal seguridad democrática, según la CUT han asesinado a 267 sindicalistas y, por ello, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) calificó a Colombia como el país más peligroso del mundo para ejercer la labor sindical, situación por la cual el Gobierno tiene enredada la aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con EE. UU.
El señor Presidente se empeña en intentar convencer al país y al mundo de que los grupos paramilitares ya no existen en Colombia, afirmación que desmienten irrefutablemente los hechos, ya que el 14 de enero de 2008 la Defensoría del Pueblo informó que un grupo paramilitar incursionó en Santa Mónica, en el departamento del Chocó, asesinó a dos personas, se llevó a otras ocho y desplazó a cerca de 120 habitantes de la población, y la prensa ha registrado la aparición de las Águilas Negras como un grupo paramilitar de nueva generación. Otro hecho protuberante es que, hasta el momento, van 59 congresistas en ejercicio vinculados a la parapolítica y, si le sumamos a los ex congresistas, también en su mayoría uribistas, los líderes y políticos enredados judicialmente por semejante escándalo, esta cantidad se acerca vergonzosamente a cien, lo dijo Mancuso y lo confirmó la Corte Suprema de Justicia.
En su campaña presidencial, en el punto 60 de su Manifiesto, dijo Uribe Vélez: “Necesitamos salvar al Seguro Social porque la opción pública es esencial en el esquema de empresas promotoras de salud”… Advirtió que si se acababa “sobrevendría un monopolio de EPS privadas que sería totalmente dañino para los colombianos más pobres” y logró que muchos incautos votaran por él, pero una vez posesionado como presidente incumple dicha promesa y solicita facultades extraordinarias al Congreso de la República para liquidar empresas estatales y hace aprobar la Ley 790 de 2002; con base en esta ley, expidió el Decreto 1750 de 2003 por medio del cual escinde (entiéndase liquida) la IPS del ISS, esto es, sus 37 clínicas y sus 213 Centros de Atención Ambulatoria, y en la actualidad acelera el proceso de liquidación de la Empresa Promotora de Salud del ISS la cual fue entregada al sector privado a través de seis (6) Cajas de Compensación Familiar, liquidará la ARP – ISS y Pensiones del ISS. Qué forma tan cínica para “salvar al ISS”, al mejor estilo mafioso; esto es, mata al acreedor para no pagar la deuda ($62.5 billones).
Hay que destacar una mentira reciente del Presidente de Colombia cuando dijo a través de las cadenas de radio y televisión que no hubo operativos militares durante el rescate de las doctoras Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo; hecho desmentido por la propia ex parlamentaria Consuelo González de Perdomo cuando, en entrevista con los medios de comunicación, ratificó que el 30 de diciembre de 2007 sí hubo bombardeos en el sitio cercano donde estaban ellas con la misión de las FARC que las iba a entregar a la Cruz Roja Internacional y al Presidente de Venezuela.
Álvaro Uribe ha sido vehemente en afirmar que no negociará con terroristas ni despejará ningún territorio; pero miente de nuevo ya que desde hace varios años viene en un “aparente” proceso de paz con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y además despejó el territorio de Santa fe de Ralito. Es de anotar que la Unión Europea y los Estados Unidos tienen a los paramilitares en la lista de terroristas.
La Fiscalía hoy acusa al ex director del DAS Jorge Noguera de haber puesto ese organismo de inteligencia al servicio del paramilitarismo, pero Uribe lo defendió a capa y espada y estuvo a su lado con el argumento de que se trataba de “un buen muchacho”, en cuyo apartamento de Santa Marta había pasado él una noche, luego de un día de intensa campaña electoral, y lo intentó proteger nombrándolo Cónsul en la ciudad de Milán. De nada le sirvió porque hoy está preso.
Plantea el Presidente que la situación social y económica del país ha mejorado porque el crecimiento económico fue un poco más del 6.5% del PIB; pero la realidad es tozuda y lo desmiente, ya que en Colombia hay cerca de cuatro millones de personas desplazadas por la guerra lo cual ha llevado a una crisis humanitaria y no tienen la debida atención por parte del Gobierno; también existen cuatro millones de colombianos que se vieron obligados a trabajar por fuera del país, y no tienen la intención de regresar, porque las posibilidades reales de conseguir empleo no se dan y sobre estos colombianos, por las remesas que envían a sus familiares, recae el mayor porcentaje del crecimiento económico del país; otro aspecto que muestra que no hay mejoría y que, por el contrario, ha empeorado la situación del país, es la denuncia del señor Procurador en días pasados por la muerte de 20 mil niños en el año 2007, producto del hambre. Pero, qué contraste, en la política de seguridad democrática se ha gastado este Gobierno 55 billones de pesos y para la inversión social no hay plata.
El Presidente miente sin ruborizarse ya que llegó a estar físicamente presente tanto en Suiza como en una notaria de Bogotá el mismo día 21 de enero de 2008, tal como quedó en evidencia al conocerse los pormenores de su demanda contra el Honorable Presidente de la Corte Suprema de Justicia; por la llamada que le realizó Uribe Vélez, en la cual supuestamente le preguntó por asuntos relacionados con el señor Tasmania y con su primo Mario Uribe.
El asunto de fondo es la utilización de la mentira como arma política, tan legitimada como los abusos en la guerra, con el criterio de que en la política y en la guerra todo se vale; por supuesto, en la guerra y en la política la primera sacrificada es la verdad.
El manual propagandístico de Goebbles que recomienda repetir la mentira para convertirla en verdad, se viene aplicando a través de la gran estructura mediática de propaganda e información que tiene el grupo “Prisa” de España, el cual es propietario en Colombia, entre otros, del grupo Caracol, del diario El Tiempo y de otras 140 emisoras, para promover la falsa popularidad de un presidente que en realidad es impopular, ya que un mandatario mentiroso pierde toda credibilidad y, por consiguiente, carece de legitimidad; sin embargo, el uribismo en forma amañada le dio a la marcha del 4 de febrero un carácter politiquero y oportunista; por eso, sin dársele ningún asomo de vergüenza, propuso a los dos días de realizada dicha marcha la segunda reelección de Uribe a sabiendas que aquella tuvo un carácter pluralista y mostró un movimiento social solidario con los secuestrados y sus familiares, dejando muy claro que los objetivos fueron y son la libertad de los secuestrados, un no rotundo a la guerra y a las FARC, un sí contundente al acuerdo humanitario y un no al rescate militar.
Por todo lo anterior, considero que, con el presidente Uribe, no hay esperanza de solución a los problemas sociales, económicos y políticos ni para la clase media y ni para las clases populares del país.
Esta situación planteada sería el comienzo de una nueva era que dejaría las bases para reemplazar ideológica, ética y políticamente la desastrosa y tramposa gestión llevada a cabo por Álvaro Uribe y su gobierno en un poco más de cinco (5) años eternos. Con razón, el ex magistrado de la Corte Constitucional Carlos Gaviria Díaz ha venido sustentando la necesidad de descorrer el velo del embrujo autoritario de Uribe para mostrarlo tal como es.
Hoy es necesaria una alternativa política fresca, pluralista, democrática, con esperanza de cambio, con un timón al frente, con un hombre transparente, probo, pulcro, coherente y dialéctico, que recoja los intereses de vastos sectores de la sociedad, de los intelectuales y de todos los demócratas del país, para construir un Frente Común por la democracia real, levantando las banderas de la paz, del intercambio humanitario y la aplicación, sin más dilaciones, del Derecho Internacional Humanitario (Protocolo II de Ginebra), porque los plagiados, sus familiares y el pueblo no desean el rescate de más despojos mortales sino el acuerdo humanitario para que regresen vivos, como un paso hacia la consolidación de un proceso de paz con la insurgencia armada a través de una salida política negociada a este conflicto armado interno y posibilitar la justicia social para los colombianos.

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