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Jubilados
Roberto Koch
(Aniversario de un descubrimiento
Su vida y su obra

Por Roberto López C.
Médico Neumólogo
Miembro de la Sociedad Antioqueña de Historia de la Medicina
Roberto Koch nació en Klausthal, pueblo rodeado de bosques en las montañas de Harz, el 11 de diciembre de 1.843. Hijo de un minero, su padre fue para él un modelo de trabajo tenaz y honrado. A los 19 años inició estudios de Matemáticas y Ciencias Naturales en la Universidad de Gotinga, mas luego optó por la carrera de Medicina. En 1.864 obtuvo un premio por un trabajo histológico en el que, por vez primera, se utilizaba el microscopio.
En Gotinga tuvo noticias de los primeros hallazgos de Pasteur y de las nuevas ideas de Henle acerca del origen microbiano de los procesos contagiosos. Finaliza sus estudios médicos en 1.866, los que amplía en Berlín y en un hospital de la ciudad de Hamburgo. Luego de contraer matrimonio con Emma Fraatz, se dedica a ejercer la medicina en varios pueblos, hasta instalarse en la ciudad de Wollstein, (ahora Wolaztyn, Polonia), en la Prusia oriental, después de ejercer su profesión –como voluntario– en el ejército prusiano que invade a Francia.
Interesado por los fenómenos naturales, su inquieta personalidad no le permitió una completa satisfacción en el ejercicio de su profesión. El carbunco hacia estragos en Europa y Oriente. Su esposa Emma le había regalado un “moderno” microscopio con motivo de una fecha de cumpleaños. Allí en Wollstein, con su nuevo microscopio y su férrea voluntad, aunada a su constancia e inteligencia, inicia las investigaciones sobre el carbunco, que culminará con la publicación sobre la etiología de esta enfermedad, en 1.876
Luego de inocular carbunco a los ratones, tomaba fragmentos de bazo y los colocaba en una gota de suero fresco de sangre de buey o de humor acuoso de ojo de conejo, realizando así el cultivo de las bacteridias. Observó al microscopio su crecimiento en largos filamentos flexuosos y la formación de puntos brillantes en medio de éstos: las esporas. Una vez liberadas y sembradas en una nueva gota de suero, las esporas reproducían las bacteridias, idénticas a aquellas de las que procedían, y capaces, como ellas, de producir un ántrax mortal. Demostró, además, que las esporas sólo podían formarse en presencia de oxígeno y a una cierta temperatura (35º C en 20 horas), así como su resistencia a los agentes físicos y químicos, todo lo cual explicaba la epidemiología del carbunco.
En el año 1.876 publica su trabajo sobre “Etiología del Bacillus anthracis”, procedimiento para el estudio, conservación y fotografías de la bacteria”. Un año más tarde, en 1.877, publica: “Técnica de estudio de las bacterias”, e ilustra su trabajo con 24 fotografías de bacterias, tomadas con luz solar. Entre ellas figuran imágenes de bacteridias carbuncosas, de gran calidad.
Koch fue aplicando, una y otra vez, los perfeccionamientos de laboratorio y los colorantes, a base de anilina, con todo lo cual pudo dar a conocer, en su memoria sobre la “Etiología de las enfermedades en las heridas traumáticas”, seis enfermedades diferentes, producidas por inoculación a animales, a través de la vía sanguínea, de líquidos pútridos.
Los trabajos de Koch, efectuados con métodos más perfeccionados, le permitieron una serie de distinciones entre sus animales inoculados: la septicemia y la gangrena del ratón. Los abscesos generalizados, la septicemia y la erisipela del conejo. Separó, en los líquidos pútridos, los microbios patógenos de los no patógenos.
Tuvo el gran mérito de demostrar, en esta memoria, que cada una de las enfermedades que había individualizado experimentalmente, difería de las otras, tanto por los síntomas observados como por las lesiones anatómicas y los caracteres morfológicos de los micro-organismos aislados. Su publicación causó gran sensación, si bien, como era natural, fue muy discutida por los seguidores de la vieja escuela, quienes no admitían la generalización del papel patogénico de los microbios.
En los años 1.881–1.884, Koch realizó más descubrimientos: cultivos puros de bacterias en medio de gelatina al 2.5–5%. Esta demostración fue efectuada en el Congreso Internacional de Medicina (Londres, 1881), en presencia de Pasteur, Lister y Chauvau.
Koch trabajó, como médico general, durante más de 16 años, adquiriendo experiencia médica considerable, lo que tuvo gran influencia en su mentalidad y en su dedicación, frente al trabajo científico y de investigación. Fue testigo de enfermedades infecciosas, tales como el cólera y el carbunco, que se presentaban frecuentemente bajo la forma de epidemias, diezmando hombres y animales. Para la época, la Tuberculosis era una enfermedad corriente en los países de Europa, especialmente entre la población infantil y adulta joven.
En 1.882, en Prusia, la mortalidad por Tuberculosis se elevaba a más de 300 caso por 100.000 habitantes; más de un tercio de la mortalidad infantil, entonces muy elevada, era debida la Tuberculosis, y cada una de dos muertes ocurridas entre los 15 y 45 años de edad, era causada por esta enfermedad.
Para la época, existían conceptos contradictorios sobre la naturaleza de la tuberculosis, o como se la denominada entonces: Tisis o consunción. Laennec había sostenido que se trataba de una enfermedad unitaria no infecciosa, que tenía numerosas manifestaciones; Rudolf Virchpw, el patólogo más eminente de la época, abogó por su origen neoplásico. Cohnheim, Villemin y otros, aportaron pruebas inequívocas de la naturaleza infecciosa de la tuberculosis, pero tales observaciones no convencieron tanto como la teoría de la herencia y la neoplasia.
Con el descubrimiento de Koch, todo esto tuvo un cambio inmediato. Tal como el mismo lo afirmara en su informe a la Sociedad de Fisiología de Berlín:” realicé mis investigaciones en beneficio de la salud pública, a la cual, espero, ellas aportarán el mayor provecho” y, como lo expresara un comentario de la época “ha aportado pruebas convincentes de la naturaleza parasitaria de una enfermedad infecciosa humana, que se contaba entre las más temibles”.
De su informe, titulado “La Etiología de la Tuberculosis”, afirma Koch:: “ha habido intentos, hasta ahora sin éxito, para desentrañar la naturaleza de la tuberculosis. Los métodos de tinción tan frecuentemente adecuados para la demostración de microorganismos patógenos, han fallado al ser aplicados a esta enfermedad y hasta ahora.
Los experimentos diseñados para aislar y cultivar el virus de la tuberculosis, no pueden ser considerados exitosos”. “En mis estudios sobre la tuberculosis –prosigue Koch- empleé primero los métodos conocidos, sin poder dilucidar la naturaleza de la enfermedad. Pero varias observaciones indirectas me llevaron a abandonar estos métodos y a seguir otros caminos que finalmente me llevaron a resultados positivos. El objetivo de este estudio tenía que dirigirse primero hacia la demostración de algún tipo de forma parasitaria, extraña al organismo, que pudiera ser interpretada como la causa de la enfermedad. Esta demostración fue exitosa, en verdad, con el empleo de ciertos procedimientos de tinción que pusieron en evidencia bacterias características y hasta ahora desconocidas en todos los órganos tuberculosos.
Inmediatamente después, describe Koch la forma en que procedió, el material utilizado, la coloración empleada, la forma como inoculó lo animales de experimentación, los fenómenos observados durante la realización de sus experimentos, etc. Así, estudió los cadáveres de 11 casos de tuberculosis miliar, 12 casos de bronquitis caseosa y neumonía, 1 caso de tubérculo cerebral, 2 casos de tuberculosis intestinal, 3 de ganglios tuberculosos y 4 de artritis, en seres humanos.

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