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Difícil trabajar salud mental, bienestar humano y cultura democrática en una sociedad dominada por la ley del más fuerte (generalmente sólo con estudios primarios), por la impunidad, la corrupción, los “realitys”, las telebobelas, el fanatismo al fútbol, la silicona, la violación de los semáforos en rojo, el boleteo, el mal ejemplo de algunos curas, dirigentes y hasta del presidente, quien viene dando el ejemplo de que “el fin justifica los medios”, imposibilitando la implantación de una cultura de respeto a la diversidad ideológica –especialmente la de izquierda-, entre las nuevas generaciones de colombianos.
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Como nunca antes, el país requiere de la protección y fortalecimiento del Polo Democrático, partido que representa la otra cara de la moneda en la forma de educar, asistir y repartir los recursos, para que realmente mejoren las condiciones de vida de todos los colombianos, y no sólo la de los grandes empresarios. El Polo debe ser más activo y creativo en la presentación de las propuestas para acabar con la desigualdad y construir democracia; y el alcalde de Bogotá debe mostrar la diferencia entre una administración del Polo, y una del partido conservador o de la U. |
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