Clutural
La trova antioqueña, ingenio y poesía

Por Luis Fernando Macías
Profesor Taller de Escritores Asmedas Antioquia
Durante el festival de la trova de 1976 o 77, que se realizaba en el Orquideorama del Jardín Botánico de Medellín, ocurrió un enfrentamiento entre Hernando Castro Eusse y “El negro” Antonio Arenas. Recuerdo la primera serie de trovas, gracias a la riqueza estética del momento.
Empezó Castro Eusse:
Vengo de un pueblo minero,
lugar que quiero y acato.
Me enorgullece decir
que yo vengo de Marmato.
“El negro” Arenas respondió:
Usted viene de Marmato,
yo también soy campesino,
si usted viene de Marmato
soy un negro tamesino.
Considerando la naturaleza del enfrentamiento, vemos que este inicio cumple con todos los cánones de exquisita cortesía de la poesía popular: presentación, saludo y declaración de procedencia.
Continúa Castro:
Es un negro tamesino
es un asunto muy cierto.
No es lo mismo por su nombre
arenas en el desierto.
***
Arenas en el desierto,
yo no le digo que no,
pues de cierto “El negro Arenas”
es lo mismo que soy yo.

Con estos dos pares de trovas queda planteada la estrategia: Hernando ataca y “El negro” se defiende. El escenario de la lucha es el lenguaje, los juegos de palabras y de sentidos que ponen a prueba el ingenio y la rapidez de pensamiento. Al juego simple de asociación de Castro, de “Arenas” con las “arenas”, “El negro” opone el juego complejo —también de paronimia— entre “desierto” y “de cierto” (Calambur), pero además propone la sentencia bíblica de afirmación de la identidad como respuesta: “Yo soy lo que soy”, digna del famoso soneto de Shakespeare.
Al verse disminuido u opacado por el ingenio de su contrincante, Castro apela al insulto:
Es lo mismo que soy yo,
que ofrezco mi corazón,
al enfrentarme esta noche
a un simple negro jetón.
A lo cual “El negro” responde:
A un simple negro jetón,
me lo dice con ternura,
pues yo no tengo la culpa,
mi mamá era teti-dura.
Cito hasta aquí, porque esta última trova decide la contienda. Lo demás es cuestión de tiempo, mientras “el gallo acaba de morir”.
La salida de “El negro” ante el insulto, es la inesperada sorpresa de la picardía. Sin igualarse a la bajeza del contendor, lo pone en evidencia, resaltando su condición de víctima pero, al mismo tiempo, ridiculizando el contenido del insulto, armas que en la contienda verbal destrozan a cualquiera.
Además de la belleza plástica de ciertos cuartetos o versos, en el enfrentamiento de trovas se manifiesta un agudo sentido psicológico del ingenio popular. Cada vez que la recuerdo, encuentro mayor riqueza cultural en esta “tanda de trovas” y veo que, por sí misma, nos muestra el pleno significado de la trova antioqueña.
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