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Literatura


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Literatura

En el circo












Por Vital Balthazar G.
Médico Pediatra Endocrinólogo
vitalbalthazar@une.net.co

El perro llevaba dos días sin probar comida.  Estaba cansado, sin aliento; pero seguía su marcha por diferentes sitios de la ciudad.  Atrajo su atención un ruido de muchas personas; algunos olores de animales y alimentos lo hicieron estremecer.  Insistió en su búsqueda sin destino definido olfateando aquello que se atravesaba en su camino.  De pronto, agazapado se introdujo en el sitio por donde venía el bullicio.  Él no lo sabía, pero estaba debajo de la carpa de un gran circo.  A esa hora tenía lugar una función vespertina.  Había niños de todas las edades y adultos acompañantes que se mostraban sonrientes, alegres y despreocupados.

Sonaron tambores, música y pitos.  Hubo aplausos y gritos.  Se había iniciado el desfile de todos los participantes en el espectáculo quienes, después de darle una vuelta completa, se perdieron en la puerta principal.  Pudo observar que, entre los que desfilaron, iba un perro de buena familia, limpio y juguetón.  Tuvo un poco de envidia, pero no de la mala, sino por el hambre que tenía.  Con nuevos ruidos musicales y bulla de la gente, empezó el entretenimiento y la sorpresa del perro fue cuando vio a un señor con un aro encendido, con fuego de verdad, que le hacía señas al galgo de buen linaje para que saltara y atravesara el aro incandescente y lo hizo con rapidez bien aprendida, lo que originó entre el público voces y gritos de alegría que se acompañaron con aplausos frenéticos.  En cambio el perro, en medio de su fatiga, se puso a observar al que hizo la proeza y vio que, cuando atravesó el aro en llamas, lo estaban esperando con ciertos alimentos en la mano de uno de los señores del circo.  No lo pensó dos veces, cuando se repitió el acto; emprendió veloz carrera; pero su agotamiento no le permitió dar el salto y quedó enredado en el aro encendido.  El público soltó un grito de pesar y luego se iniciaron los aplausos.  Lo recogieron con quemaduras en todo el cuerpo y su mirada extraviada buscaba a quien le iba a dar algo de comer.

 

 

 
     
 
     
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