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Cátedra abierta
El péndulo de la modernidad

Por Eduardo Cano G.
Médico Salubrista
E-mail: educano32@hotmail.com
Muchos enfoques, opiniones y análisis se han hecho durante los quince años de la Reforma de los Servicios de Salud en Colombia, por parte de los actores y analistas vinculados y no vinculados al sector salud, aquellos que siempre han estado de acuerdo con la teoría neoliberal que considera a los servicios de salud como una mercancía más.
Y, detrás de esta ideología, se han derrochado miles de millones de pesos y se han sacrificado también muchísimos recursos de todo tipo, se han destruido muchas instituciones con tradición y prestigio y se ha condenado al recurso humano en salud a la explotación más miserable, por un sistema de salud equivocado que ha corrido durante todo estos años tratando de morderse su propia cola, buscando ajustar sus finalidades e intereses económicos y financieros a la realidad social y epidemiológica del país, en busca de su verdadero objetivo o finalidad que, al no existir en la misma Ley 100, nunca ha podido encontrar.
Así, hemos visto pasar una y otra reforma de la Ley 100 de 1993 sin que el engendro logre morderse la cola. Unos, la mayoría, corren detrás de la atención médica curativa impulsados por la ideología y el poder político de los hospitales de tercer y cuarto nivel, que no van más allá de sus esfuerzos de competitividad y de la imagen que tiene de ellos una población enferma pero ignorante, movida por la publicidad y por las necesidades de atención.
Otros, embelecados por la tecnología, han corrido detrás de las ganancias que este enfoque deja, identificando en su desorientación sobre la salud la ciencia con la tecnología. Y otros, los menos, ingenuamente tratando de simular que corren detrás de la promoción de la salud, inventándose o innovando, como dicen ahora, engendros más parecidos a la vieja educación sanitaria que a la promoción integral de la salud.
Han corrido todos, unos con buena voluntad, no lo podemos negar; otros con aspiraciones no muy santas y buscando el enriquecimiento fácil; otros buscando pasar a la historia con proyectos faraónicos, creyendo que en realidad el modelo de la competitividad y de mercado funcionaba y que de su éxito comercial caerían migajas para seguir haciendo la caridad.
Pero otros creyeron a pie juntillas que el modelo era eterno y que la historia, como lo dijo Fucuyama, se había terminado y, por lo mismo, los problemas de la Ley 100 eran problemitas de la mano invisible del mercado y que, haciendo ajustes anuales, podrían llegar a morderse la cola, es decir, a encontrar la verdadera finalidad de un sistema de salud integral y universal.
Pero la trampa se ha terminado. Muy seguramente Barack Obama no vaya a cumplir todas sus promesas, pero de lo que sí se puede estar seguro es que los demócratas van a diseñar un sistema de salud más democrático y eficiente, que el existente en la actualidad, para su país y que el paradigma neoliberal a la sombra de la crisis financiera mundial ha dejado de tener una validez universal y se ha convertido realmente en lo que fue: una pesadilla, una página negra que debemos hacer el esfuerzo para superar lo más rápido posible.
En el fondo, lo cierto es que el péndulo de la modernidad ha llegado a su extremo derecho de desregulación y libertad de mercado, de dejar hacer y dejar pasar y que, una vez más, comienza a desandar el camino que nos llevó a treinta años de neoconservatismo en donde se perdieron todos los escrúpulos, toda la ética y todos los valores humanos, y se enriquecieron unos pocos, desde gerentes, tecnócratas, financistas, corredores de bolsas, banqueros, empresarios y hasta recién llegados al sector salud, oportunistas inveterados y políticos inescrupulosos e ignorantes que supieron pescar en río revuelto. Pero a su vez, también se empobrecieron muchos miles de millones de habitantes de todos los países del mundo. Este resultado es innegable, apabullante, vergonzoso para una sociedad que se cree civilizada.
En el caso de la reforma de los servicios de salud en Colombia, no está lejano el día en que alcancemos la posibilidad de tener un verdadero sistema de salud que cumpla con una finalidad precisa: Mantener y mejorar la calidad y el nivel de salud de toda la población de nuestro país. Porque de la finalidad que nos propongamos depende el que lleguemos a buen puerto y que alcancemos a visualizar todas las etapas necesarias para alcanzar nuestra meta.
Y aquí, de nuevo, están muchos de los usufructuarios del capitalismo neoliberal, entre otros nuestra universidad, atrapados en el laberinto de sus carencias, esperando a ver qué sucede, mirando con posibilismo qué va a pasar, sin ningún liderazgo ni ninguna claridad para mostrarle a la población del país, en este momento histórico concreto, cómo debe ser y cómo debe organizarse y funcionar un sistema nacional de salud que el país merece.
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