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"La dignidad humana en el proceso de salud-enfermedad" luego de la Ley 100







Por médico Hernán Gaviria Q.
Especialista en Gerencia de Servicios de Salud
Docente universitario
E-mail: hernangaviriaquintero@yahoo.es

“El médico, antes autónomo, hoy es sometido a cambios en su ejercicio profesional dentro de la práctica médica institucionalizada, […] que indudablemente lesiona su independencia científica y, en muchas ocasiones, su ética, comprometiendo de esta manera su autonomía, su libertad, su secreto profesional, sus principios de discreción profesional y su criterio médico […], sus prescripciones son vigiladas y cuestionadas por personas extrañas a la relación con el paciente1

En el pasado mes de marzo, fue publicado el libro “La dignidad humana en el proceso de salud-enfermedad”2 de la médica Pediatra Rocío Gómez Gallego, especialista en ética y docente universitaria en Ética y Bioética, impregnada en su formación de pregrado por allá en la década de los 70 de la corriente de la Medicina Social y de ese movimiento estudiantil ligado a las luchas de obreros y campesinos y por las prácticas de la Pediatría Social como forma de entender el crecimiento y desarrollo del niño en su contexto social, económico, político y cultural, más que en simples o complejas enfermedades.

“Con el correr de los años, el médico no puede dejar de interrogarse sobre su práctica, sus alcances, sus finalidades, los cambios culturales que modifican el requerimiento que se le presentan” (Gómez, 2008:17), como parte de su hipótesis de trabajo que, para ubicarla en el tiempo, se debe analizar después de la Ley 100 de 1993, cuando se impuso el llamado modelo médico de mercado, en contra del biomédico, unido al cuestionamiento si dentro de éste es posible hacer “una práctica médica más humana”, acorde con la ética y la dignidad relacionada con la vida y la salud.  Esta frase podría ser el hilo conductor de su texto: “La Medicina se debate todos los días entre su eficacia y su alcance” (Gómez 2008:18); preguntaría por el alcance del término eficacia, unido al de calidad, pilares de las teorías del mercado.  Encontré de inmediato la respuesta en la misma autora: “Es indudable el esfuerzo que, a través de la práctica médica, se ha hecho por la salud y la enfermedad de los seres humanos, pero es lamentable que muchos de estos empeños, a nombre de otros intereses [el mercado], vayan en contra de la vida y la propia dignidad humana”, que niega de paso los derechos humanos, el derecho a la vida digna y saludable.

El texto de la doctora Gómez nos lleva a reflexionar en torno al quehacer de los médicos en los últimos quince años, apoyada en las teorías de Kant (Fundamentación de la Metafísica de las costumbres) pero que, a lo largo de sus tesis, pareciera abandonar esta inspiración ante la evidencia y base material (dialéctica) de las contradicciones.  Nuestra dignidad ha sido pisoteada al privarnos de la libertad en nuestras decisiones, a favor de los mandamientos del poder económico, la tecnología, las ciencias administrativas y gerenciales; en nuestras mentes taladra permanentemente la reflexión si “la dignidad constituye una sublime modalidad de lo bueno, lo valioso, lo positivo; la bondad de aquello que está dotado de categoría superior” (Gómez, 2008:25).

Lo cierto es que, tanto el médico como los pacientes han sido llevados a la pérdida de su interioridad, autonomía y respeto.  ¿Será posible, en este modelo de mercado, apelar a la propuesta Kantiana de “argumentar de manera racional que nadie está autorizado para atropellar los derechos de otra persona en aras de sus propios intereses” (Gómez, 2008:42), en esa lógica perversa de la enfermedad como mercancía?  Resulta indecente o carente de dignidad, cuando los actos o criterios del médico se subordinan o degradan en pro de otros intereses, irrespetándose a sí mismo y a los demás; resulta echa trizas en la ética kantiana la dignidad y la solidaridad como obligación de “tratar al otro como fin en sí y no como una cosa más” (Gómez, 2008:48).

En la práctica médica, reducida o condicionada a las teorías Taylorianas, cada vez más simplificadas, mecánicas y repetitivas, han convertido a los pacientes en una simple cosa.  Por consiguiente, tampoco han hecho posible la coexistencia de la dignidad humana, la salud, la vida, como pilares fundamentales del Estado Social de Derecho, con los postulados del mercado; en eso coincidimos con la doctora Rocío Gómez “El derecho a la salud y, con ello, a la vida digna, resulta a veces un poco problemático de reivindicar, de asumir y de proteger en las actuales condiciones.  Los profesionales sanitarios y, de manera muy especial, los médicos, estamos involucrados en ese encuentro tangencial entre la reivindicación y la protección de esos derechos fundamentales” (Gómez, 2008:70);  el complemento a esta afirmación lo expresa en los siguientes términos: Para millones de personas en todo el mundo, el pleno disfrute del derecho a la salud y a una vida digna es un objetivo remoto.  Todo esto por sus condiciones de pobreza y miseria, de discriminación y de falta de acceso físico a los establecimientos y servicios de salud” (Gómez, 2008:77).

El paradigma contemporáneo –hoy- de la práctica médica, desprofesionalizada y relegada a un mero oficio, supeditado a juicios técnicos y a la racionalidad de los servicios sanitarios, con el paciente como un objeto al cual hay que medir, cuantificar, escanear, ha convertido el encuentro médico-paciente por el de un contrato-usuario-institución, donde prima el criterio económico (Gómez, 2008:137).  Desde la ética Kantiana, surge la pregunta del qué debo hacer.  Asumir posiciones voluntaristas es la respuesta, de cofradía frente a sí mismo y frente al otro “dar testimonio de su pertenencia a la comunidad humana y, por ende, de su dignidad como persona” (Gómez, 2006:199), en contrario en quienes nos empecinamos en cambiar el modelo acorde con el Estado de Bienestar.  No obstante, pese al sesgo filosófico e ideológico planteado en el texto comentado, coincidimos, en que este modelo, el de la Ley 100, ha comprometido la eticidad y el deber-ser del médico, con graves efectos en la atención en la salud de las comunidades y ha impedido salvaguardar la dignidad humana, no sólo del médico sino del paciente, de la vida en condiciones dignas y la salud como un derecho fundamental.

 

1. Gómez Gallego, Rocío.  La dignidad humana en el proceso salud-enfermedad.  Facultad de Medicina.  Bogotá: Editorial Universidad del Rosario, 2008.  Pág. 79 – Colección Textos Ciencias de la Salud
2. Ibid

 


 
 
       
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