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Cátedra abierta
Los efectos de la moda neoliberal en las relaciones interinstitucionales
Por Eduardo Cano G.
Médico Salubrista
E-mail: educano32@hotmail.com
Al tratar de realizar alguna evaluación del impacto de la Institución Prestadora de Servicios Universitaria (IPSU) sobre la salud de la Población de Medellín y Antioquia, han de tenerse muy en cuenta sus actores, sus orígenes, la historia y el entorno ideológico, político y social dentro del cual nace y se desarrolla esta institución.
A mi modo de ver, la IPSU nace de una profunda contradicción y competencia, existente de tiempo atrás, entre las directivas del Hospital Universitario San Vicente de Paúl (HSVP) y las directivas de la Universidad de Antioquia (UdeA), particularmente su Facultad de Medicina, contradicción que se venía acentuando alrededor de un tema estratégico para ambas instituciones: la articulación docente asistencial, algo tan importante a lo que los gobiernos anteriores nunca le dieron la importancia que se merecía, contradicción agudizada en esa época por la ideología neoliberal de la Ley 100 de 1993 y la Ley que facultó a las Universidades Públicas del país para organizar sus propios servicios de salud; así como por la existencia de las nuevas escuelas de medicina privadas, carentes de campos de práctica adecuados, lo cual llevó a estos últimos a convertirse, ellos también, en una mercancía valiosísima.
Además, me temo que en esta situación haya tenido mucho que ver el “atornillamiento” en los cargos por tiempo indefinido, tanto de las directivas de la UdeA, como del HSVP, lo cual ha alimentado por décadas los problemas personales entre sus directivas, y ha reproducido los errores sin posibilidad de oxigenación y de un debate independiente, entre las cortes aduladoras de sus respectivos soberanos. También, y es el caso de la UdeA, la pérdida de la importancia del horizonte de la salubridad colectiva y la asunción, en un todo y por todo, de la ideología neoliberal, empresarial y gerencial por parte de la Facultad Nacional de Salud Pública.
Dos hechos importantes se hacen evidentes en ese momento de la evolución del conflicto:
Primero, que el HSVP, como institución de origen privado (que hoy y siempre estará en discusión,) utilizó en forma oportunista, para estudiar la posibilidad de cobrar a la Universidad de Antioquia o a cualquier otra universidad, sus campos de práctica necesarios para la formación de postgrados en medicina. Y segundo, que la Universidad, por otro lado y con base en la Ley que la facultó para organizar sus propios servicios de salud, contempló a su vez la posibilidad, de acuerdo a algunas experiencias internacionales, de poseer su propio Hospital para impulsar su propio desarrollo “científico y tecnológico” y, de paso, posar como empresaria de la salud.
Hasta aquí vemos cómo dos instituciones que, a través de casi un siglo, habían convivido en armonía, de acuerdo a la voluntad tanto de los fundadores del HSVP como de la Honorable Asamblea Departamental, que en un momento histórico específico le hizo entrega de los destinos del hospital a una junta creada por ella, con la condición de que sirviera de campo de práctica para la Facultad de Medicina de la UdeA, resuelven por la intemperancia, la ambición y la soberbia de los unos y de los otros, separarse, buscando su propio lucro institucional.
Recuerdo que fui consultado por el señor Rector de la Universidad de Antioquia por la época en la que estaba en remojo la idea sobre un modelo para organizar los servicios que se pensaban crear. Al respecto, presenté un modelo de atención con varios niveles dentro de los cuales figuraban el propio HSVP, dos hospitales de la ciudad de Bello y la propia IPSU, modelo basado en la estrategia de la atención primaria en salud (APS), en la que siempre he creído, con integración administrativa horizontal e integración clínica vertical, modelo que no fue del gusto del señor Rector de la Universidad. Y no podría serlo porque el objetivo oculto era otro muy diferente.
No recuerdo que haya existido algún tipo de acuerdo entre las dos instituciones (UdeA –HSVP), para la creación de la IPSU. La Universidad, haciendo uso de su autonomía administrativa y jurídica, creó sobre la base del antiguo Consultorio Departamental un modelo de institución privada que le permitiría utilizar toda la parafernalia de los instrumentos para la flexibilización de la relación laboral de la muy tristemente célebre Ley 50 que se reflejó, por mucho tiempo, en el mal trato que se dio al personal de esa antigua dependencia.
Además, la UdeA creó una junta directiva de la cual fui miembro en representación del Honorable Concejo Superior Universitario, conjuntamente con el Rector de la universidad, quien la presidía, el decano de la Facultad de Medicina, un representante de los Usuarios, un representante de los Médicos y otro de la Corporación para el Desarrollo de la UdeA, entidad medio fantasma, utilizada precisamente como testaferro para crear la IPSU, como una entidad dependiente de la UdeA, pero de naturaleza privada.
Luego, vino el proyecto de dotación de la IPSU con todas las facilidades necesarias para el diagnóstico y tratamiento de sus pacientes. Fue cuando renuncié pues en este momento la IPSU destapó su objetivo muy claro de convertirse en la primera piedra de aquel otro objetivo oculto que la había visto nacer: la conformación de un hospital propio para la Universidad de Antioquia.
Como en ningún momento de mi desempeño como Rector de la UdeA, ni de mi posterior desempeño, por casi nueve años, como jefe de la Oficina de Planeación del HSVP, estuve de acuerdo con la separación de las dos instituciones, lo cual consta en varios documentos de dicha Oficina de Planeación del HSVP, en los cuales se rechaza la idea de la separación y se proponen alternativas de solución, como también mi rechazo a la creación de más instituciones hospitalarias en el zona del Centro de la ciudad, me vi en la penosa obligación de renunciar a la Junta Directiva de la IPSU para no cohonestar con algo con lo que nunca había estado de acuerdo: la ruptura de las relaciones entre el HSVP y la Universidad de Antioquia.
Lo que siguió fue el lógico desarrollo de una ideología universitaria y de formación de especialidades médicas basada en la “ciencia y la tecnología”, apuntalada por la ideología neoliberal triunfadora en esos momentos y por la Ley 100 de 1993, en la que se desconocía el valor y la experiencia del modelo de la APS, cuya utilización nos habría evitado cometer tantos errores, técnicos y asistenciales.
Pero los problemas no pararían allí. Cuando todo está permitido, porque se tiene el poder, “la guerra por el centavo” llevó al Gobernador del Departamento a buscar la creación de una institución hospitalaria propia, puesto que el HSVP, de manera unilateral, había decidido no contratar con el Departamento para, en primer lugar, evitarse la Auditoria del Servicio Seccional, en la cual se estaba configurando como una de las instituciones que más “chuzo echaba” y, en segundo lugar, para cobrar por caso atendido a los costos que el HSVP consideraba convenientes, abusando de su poder de monopolio.
Por esa época, y cuando la UdeA hizo alianza con el Gobierno nacional y con su Ministro de la Protección Social para acabar con el Instituto de los Seguros Sociales Seccional de Antioquia, se hicieron evidentes cuatro hechos de importancia fundamental:
1. Que la Ley 100 de 1993, instrumento neoliberal por excelencia, había logrado su objetivo fundamental: crear un ambiente de competencia salvaje entre los grandes hospitales de la ciudad por la atención de los pacientes, algo por demás absurdo e inconveniente tratándose de un servicio como el de la atención médica.
2. Que la Universidad de Antioquia, nuestra Alma Máter de la Raza, estaba privatizando los servicios de salud, puesto que se había prestado a servir de testaferro para acabar con el Seguro Social en Antioquia. En otras palabras, que la UdeA se había puesto al servicio de la ideología neoliberal sin ninguna cortapisa ni vergüenza, como un buen ejemplo para sus egresados.
3. Que de paso, el Alma Máter había cumplido con su objetivo secreto de apoderarse de un hospital para sus prácticas docente asistenciales en el campo de las especialidades: la antigua Clínica León XIII de Medellín, y
4. Que la época era de “corrosión del carácter”, de falta de ideales, de principios ideológicos progresistas y de ética de la atención, como no fueran válidas sólo aquellas consignas que acompañaban el pragmatismo, basado en que el fin justifica los medios puesto que, para tomarse la Clínica León XIII, utilizaron la forma más baja y violenta como fue el desalojo, en las horas de la madrugada, de quienes trabajaban allí, y lo hicieron con el apoyo de los mismos carros antimotines que tantas veces, históricamente, habían violado y masacrado el espacio de Ciudad Universitaria.
Luego, la Clínica León XIII, como todos los edificios de su época, resultaría obsoleta desde todo punto de vista, en especial desde el estructural, pues carece de una estructura antisísmica, requisito fundamental para ser una clínica de tercer o cuarto nivel. Sólo algunas especialidades de las que orienta la Facultad de Medicina han podido trasladarse allí y otras siguen en el HSVP.
Pero el viejo conflicto, atizado por la sociedad neoliberal, sigue vigente, ya que el HSVP sigue presionando la salida de la UdeA y, aún más, cuando en la actualidad ha decidido convertirse en formadora de postgrados y exportadora de servicios especializados, al amparo de una libertad de empresa neoliberal, en estos momentos afortunadamente desenmascarada y fracasada en el mundo entero y, lo peor, mirada como responsable de la miseria de la gran mayoría de la humanidad.
En una ocasión, Krisnamurty dijo que el hombre es un ser cruel, egoísta, ambicioso, mezquino, utilitarista, que ha creado una sociedad a su imagen y semejanza. Más aún cuando la sociedad neoliberal, ahora agonizante, puede reaccionar como los animales salvajes volviéndose mucho más agresiva y letal sobre el carácter de los hombres, para convertirlos, tal vez, en los meros monstruos del Apocalipsis que se avecina.
Por todo lo anterior, y convencido de que la medicina curativa no aporta mucho a la situación de salud, es decir, al estado de salud promedio de la salud de una colectividad, y luego de ver el descarado “San Alejo” en el que se ha convertido un problema de competencia y celos entre dos grandes instituciones que fueron paradigmáticas en la historia de nuestra medicina, pienso, sin riesgo a equivocarme, que poco favor le han hecho a la salud de los antioqueños con estos proyectos locos que convierten a la enfermedad y a la salud en empresa privada con ánimo de lucro.

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