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Editorial
Trabajo Decente: Talento humano
Un trabajo decente es, por lo menos, aquel suficiente en calidad y cantidad. Según el Director de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) Juan Somavía (1999), el trabajo decente podría definirse como aquel trabajo productivo en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad, en el cual los derechos son protegidos y que cuenta con una remuneración adecuada y seguridad social. Cada una de estas características cumple, además, una función en el logro de metas más amplias como la inclusión social, la erradicación de la pobreza, el fortalecimiento de la democracia, el desarrollo integral y la realización personal. Por debajo de esos estándares debe considerarse que se han violado los derechos humanos del trabajador afectado y que no existe trabajo propiamente dicho.
La actividad laboral que dignifica y permite el desarrollo de las propias capacidades no es cualquier trabajo; no es decente el trabajo que se realiza sin respeto a los principios y derechos laborales fundamentales, ni el que no permite un ingreso justo y proporcional al esfuerzo realizado, sin discriminación de género o de cualquier otro tipo, ni el que se lleva a cabo sin protección social, ni aquel que excluye el diálogo social. Así lo manifestó en 1997 Virgilio Levaggi, director Regional Adjunto de la Oficina Regional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para América Latina y el Caribe.
Promover el trabajo decente significa también cambiar la forma en que funciona la economía global, para que sus beneficios lleguen cada vez a más gente. El trabajo decente no es sólo un objetivo de desarrollo a nivel nacional sino, además, un principio orientador para la economía mundial. La brecha entre el capital y el trabajo, que es esencial al capitalismo, se profundiza abismalmente. Ahora bien, a medida que los países tienen una mayor dependencia política, cultural, económica y militar, la depreciación del trabajo es proporcional. En Colombia, son victorias exiguas las cifras del aumento de la inversión extranjera que conllevan la pérdida de puestos de trabajo, el deterioro del tipo de vínculo laboral y la fuga de los excedentes de capital. Diversos autores se han ocupado de las consecuencias de la disminución de los ingresos de los trabajadores, la pérdida de su importancia social, la imposibilidad de construir un proyecto de futuro debido a la flexibilización laboral, la inestabilidad en el empleo y el desempleo que es el correlato indispensable para mantener las condiciones precarias de los trabajadores y su renuncia a expresarse individual y colectivamente. El resultado es un trabajador deprimido, inseguro, con baja autoestima, incapaz de construir lazo social, aislado, agresivo y empobrecido del intelecto. Es lo que Richard Sennet llama la corrosión del carácter. El problema es que, si sus trabajadores se deterioran, se deteriora la sociedad misma.
Adicionalmente, no es sólo el afectado el trabajo que demanda mano de obra no calificada, también lo es el trabajo de un alto valor social, intensivo en la utilización de mano de obra y centrado no en la fuerza de trabajo, sino en el conocimiento, como es el trabajo de los médicos y de otras profesiones. Asmedas ha denunciado hasta el cansancio la disminución de los ingresos de los médicos que los lleva a sobrecontratarse para lograr aceptables condiciones económicas; la profundización de la flexibilización laboral en el trabajo de los médicos que va desde los contratos por prestación de servicios, los contratos a término corto, de 3 a 5 meses, el trabajo a destajo, hasta el pago de franquicias para que los dejen trabajar. Es deplorable la forma como los contratantes (las Empresas Promotoras de Salud –EPS- y las Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud –IPS-) intervienen las decisiones médicas y cómo el médico no encuentra gratificación en su trabajo porque su acción se malogra en la posibilidad de ser fuente de salud y bienestar de los pacientes.
Veamos con cifras un aspecto del deterioro en las condiciones económicas y laborales de los médicos en Colombia: Hace más o menos quince años, el promedio de ingresos mensuales de un médico general era de 20 salarios mínimos; hoy, difícilmente alcanza los 4 o 5 salarios mínimos; y, si se labora en cooperativas de trabajo asociado, sólo es de 2 salarios mínimos, situación que lo obliga a “rebuscar” en varios sitios de trabajo; a someterse a extensas jornadas laborales que terminan afectando su salud, su calidad de vida y la de sus familias y deteriora la calidad misma de la prestación de los servicios de salud. Todo ello producto de la Ley 100 de 1993, engendro del otrora senador de la República, hoy presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, cuyo objetivo es privatizar la seguridad social pública. Así lo refrendan algunos hechos como la liquidación del Seguro Social en salud, pensiones y riesgos profesionales.
El calificativo decente denota una referencia del trabajo vinculado a la dignidad, la satisfacción, la calidad y la cantidad. En relación con los médicos, el trabajo decente tendrá que incluir el respeto a la dignidad del ejercicio profesional; el reconocimiento del carácter de profesión de la medicina y, en tanto tal, en lo que conlleva esto de autonomía en el ejercicio médico, la autorregulación y el ser sujeto de responsabilidad social; condiciones salariales que permitan una vida digna; la abolición de la flexibilización laboral en favor del contrato de trabajo; la garantía del derecho de asociación que permita la expresión social organizada; recuperación del tripartismo para facilitar el diálogo social a favor de la calidad del trabajo y del mejor servicio a la comunidad; el mantener vigente el derecho fundamental a la seguridad social.
En buena hora, la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) ha promovido el debate y la Asociación Médica Sindical (ASMEDAS Antioquia) está proponiendo la firma de un Pacto Social por el Trabajo Decente en las instituciones de salud del departamento de Antioquia y de la ciudad de Medellín, en la perspectiva de un pacto de carácter nacional.
Con la firma del Pacto por el Trabajo Decente, se busca garantizar oportunidades de empleo en condiciones de igualdad y vinculación contractual con pleno respeto de los derechos laborales; remuneración laboral decente, justa y suficiente para llevar una vida digna; trato justo y equitativo, sin lugar a ningún tipo de discriminación; jornada laboral decente, conforme con las necesidades sociales y familiares; estabilidad en el empleo; protección social en caso de vejez, muerte, enfermedad o accidente; participación en las decisiones que puedan afectar a los trabajadores; libertad de asociación y negociación… Estos serían los elementos fundamentales a considerar en la Ley del Talento Humano. Todo ello en la perspectiva de construir y desarrollar un clima e instrumentos necesarios para que, a través del diálogo social significativo y fructífero, se aborden y resuelvan todas las dificultades y propuestas que hagan posible el logro del Trabajo Decente en las instituciones de Salud, inicialmente, para luego hacerlo extensivo a todas las empresas e instituciones del país. |
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