Profe, ¿cómo puedo llegar a ser el mejor médico?
Parte II

Por médico Bernardo Antonio Ledesma G.
Cirujano Ortopedista
bledesma1206@yahoo.es
“Doctor Bernardo Ledesma. Soy Katia Zarza, estudiante de pregrado de Medicina de la Universidad de Antioquia. Acabo de leer este relato suyo y nuevamente me hizo pensar en algo que me carcome cada día desde hace 5 años: ¿cómo puedo ser el mejor médico del mundo?...
Continuamos en esta edición de Momento Médico analizando los principios que Salter define como las verdades fundamentales que debe saber todo médico, porque nos proporcionan bases sólidas para razonar y guías para actuar teniendo como fundamento las que él denomina “Leyes del comportamiento de los tejidos orgánicos y leyes del comportamiento humano”, las cuales, anota, deben ser siempre respetadas. Estos principios son los siguientes:
2.- TRATAMIENTO BÁSICO SOBRE UN DIAGNÓSTICO Y PRONÓSTICO EXACTOS.
Todos los médicos estamos convencidos que para lograr un tratamiento exitoso es fundamental partir siempre de un acertado diagnóstico. En muchos casos, tratamos un síntoma sin haber hecho el diagnóstico de la enfermedad primaria. La siguiente historia me produce, como dicen algunas señoras, “vergüenza ajena”, pero me veo en la obligación moral de denunciarla sólo por el bien de nuestra dignidad profesional. Hace algunos meses llegó a mi consultorio un paciente atendido en una conocida EPS por un colega ortopedista, y me dijo más o menos esta palabras: “Doctor, yo vengo a pagarle mi consulta particular porque el ortopedista de la EPS me dio una orden para que hiciera las vueltas para operarme, pero yo vengo un poco indeciso y confundido”. Cuando le pregunté la razón de su preocupación me dijo: “Yo le consulté al doctor pues desde varios días antes venía presentando un dolor muy intenso en el hombro izquierdo y la mano del mismo lado se me estaba encalambrando progresivamente; entonces el doctor, después de escuchar mi historia, sin examinarme y sin levantarse de su silla, me entregó la orden para practicarme dos operaciones: una para corregirme disque una ruptura del manguito rotador del hombro y la otra para descompresión del nervio mediano en el túnel del carpo”.
Cuando le solicité al paciente los resultados de los exámenes que normalmente solicitamos para llegar a esos diagnósticos, como son una Resonancia Nuclear Magnética (RNM) para la posible ruptura del Manguito Rotador (MR) y la Electromiografía (EMG) que confirmaría el diagnóstico del probable síndrome del túnel carpiano, me quedé estupefacto cuando el paciente me respondió un poco alterado que precisamente esa era una de las razones por las que estaba allí. El ortopedista de la EPS no sólo no se había levantado del escritorio para examinarlo, sino que apenas le solicitó un hemograma como examen pre quirúrgico.
Le comenté al paciente sobre la absoluta necesidad de realizar esos exámenes antes de practicar una cirugía y aceptó hacerlos particularmente, renegando por el costo pero decidido a hacer el gasto para no someterse a la prolongada espera por la tramitología y las dificultades y dilaciones ya conocidas para realizarlos por la EPS. El resultado de la RNM fue: Una lesión seudo-tumoral, un quiste gigantesco bilobulado en la región supra escapular, y la EMG mostró una compresión del nervio supra escapular producido por esta masa. Al paciente le desaparecieron todos sus síntomas después de resecarle la masa, obviamente, no tenía ninguna lesión del manguito rotador ni del túnel carpiano.
Afortunadamente, casos como éste son esporádicos, pero bien es sabido que muchas veces el médico bienintencionado omite estudios que, como en el caso relatado, le hacen ganar puntos con la entidad “vendedora” de salud, prestándose para que su prestigio como médico y su ética se derrumben.
La presión que ejercen las entidades prestadoras de salud como EPS y algunas Pre pagadas, es realmente el detonador para que el médico se involucre en esta mala práctica médica porque, en muchos de los casos, el médico tratando de cuidar su estabilidad laboral se está volviendo cada vez más superficial en el estudio y tratamiento de su paciente.
Hace algunos días, un médico director de una entidad de Medicina Prepagada me decía que “a los médicos se les está olvidando hacer un buen examen clínico y por eso piden tantos exámenes diagnósticos”. Yo le contesté que no era que se nos estuviera olvidando examinar bien al paciente, sino que teníamos que utilizar la tecnología moderna para aportarle la mayor certeza en su análisis y así evitar errores médicos que pueden llegar a ser letales y, por qué no decirlo, a la larga más costosos para la entidad.
A los especialistas, y me imagino que también a los médicos generales, frecuentemente nos están haciendo una auditoría vergonzosa y, por demás sesgada, que consiste en citarnos a la oficina del médico director de la entidad o de un auditor para mostrarnos en un computador la lista de los pacientes que atendimos durante el año anterior, comparándonos con los colegas no sólo de la ciudad sino también del país, y mostrarnos en porcentajes los presuntos “desfases” en gastos por exámenes diagnósticos solicitados y gastos en procedimientos, y muy amablemente nos jalan las orejas si estamos por fuera de sus estadísticas. Nos queda el mensaje subliminal de que si continuamos siendo “buenos médicos”, porque estudiamos bien al paciente, podríamos ser borrados del directorio médico de la entidad.
Qué tal si por obviar un estudio, tratáramos una deformidad paralítica del miembro inferior sin antes hacer el diagnóstico de una lesión medular; o tratáramos a un paciente como si tuviera una osteomielitis cuando se trata de un tumor de Ewing? Los médicos estamos obligados a utilizar todos los recursos disponibles para confirmar nuestra sospecha clínica, haciendo caso omiso de las presiones de los administradores de salud que pretenden que hagamos el diagnóstico con el mínimo de ayudas para disminuir los costos de su “cliente”.
Igualmente, Salter analiza que se prestará un mal servicio sobre-tratando un proceso que mejoraría espontáneamente sin ningún tratamiento. El médico puede fallar por acción o por omisión, pues también puede ocurrir que no se trate una enfermedad importante con la creencia de que su pronóstico es bueno cuando de hecho no lo es.
3.- TRATAMIENTO SELECTIVO CON OBJETIVOS ESPECÍFICOS.
Aunque el objetivo primordial del tratamiento debe ser siempre ayudar al paciente, el tratamiento debe tener alguno o varios de los siguientes objetivos específicos: Alivio del dolor, mejoría de la función, prevención o curación de la enfermedad, mejoría de la marcha. Uno de los objetivos más importantes del médico es calmar o erradicar el dolor, pero más importante sería que el médico y el sistema de salud llegaran a prevenir la mayoría de las enfermedades.
(Continuará en próxima edición)
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