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Del San Vicente de Paúl a la IPS Universitaria

Por médico Hernán Gaviria Quintero
Especislista en Gerencia de Servicios de Salud
Docente universitario
E-mail: hernangaviriaquintero@yahoo.es
Quienes trasegamos en las áreas de docencia, investigación, gerencia o administración de servicios de salud, algo tenemos para opinar de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia y sus campos de prácticas, como complemento a los debates académicos que necesariamente se deben realizar en el contexto universitario.
Somos la generación de médicos con el Hospital San Vicente como referente. Allí, donde al paciente se esculcaba minuciosamente por todas partes en búsqueda del menor signo, mientras hoy, desesperadamente, por lo primero que se le indaga es por su asegurador; al paciente dábamos espera para todos sus relatos en procura de captar todos sus síntomas; hoy no tiene derecho sino a responder a los campos de la historia sistematizada. Tuvimos amplios arsenales terapéuticos, diagnósticos y acompañamientos de cualquiera de las especialidades; ahora tan sólo están los dictados restringidos de los Planes de Salud y las muchas trabas de las remisiones o interconsultas. Las reuniones de análisis de casos y complicaciones fueron reemplazadas por “Junta médico-quirúrgica” (Art.51, Resolución 5261/94) con derecho a que cada uno de sus asistentes haga la facturación correspondiente. El “taxímetro hospitalario” debe marcar desde el ingreso a la salida del paciente. Sus consumos y actividades son objeto de supervisión por parte de una legión de auditores ex ante y ex post (antes y después). Bastante dificultad soportó el Hospital San Vicente para asumir los dictados de la eficiencia, la calidad, la libre elección, la costo-efectividad, como estribillos o principios de la racionalidad. El incumplimiento de pagos por parte de los aseguradores, en especial el departamento de Antioquia, y el alto volumen de glosas a finales de los años 90 lo tuvieron al borde del cierre. Hasta que aprendieron a seleccionar sus “clientes” y, con rigidez marcial, a devolver enfermos de “aseguradores malapagas” o que no tenían capacidad de pago por anticipado.
Este panorama, descrito en unos cuantos ejemplos, dejó a distinguidos profesores, residentes, internos y estudiantes “medio atolondrados” y con el dilema “qué hacer”. Entre tanto, el Hospital se adecuó a las condiciones exigentes del mercado y montó su propia estructura gerencial o administrativa por todos sus rincones. La Facultad de Medicina empezó a estorbarle. En su Visión y Misión, como estrategia empresarial, figuran la investigación y la innovación, en gran parte logradas, si los pacientes la pagan superando previamente la lucha en estrados judiciales con la acción de tutela o las demandas.
Surgió en 1998 la IPS UNIVERSITARIA, dentro de los cánones de la Ley 100, con la llamada figura de “las adaptadas” (Entidad Administradora de Planes de Beneficios –EAPB-) que quiso desarrollar la Universidad de Antioquia para sus funcionarios y docentes. No fue su intención “darle la mano” a la Facultad de Medicina en su “desamparo”. Por razones operativas y de costos, fue ventajoso abrir campos de prácticas desde sus inicios. En febrero de 2007, cuando el Gobierno dio la estocada final al ISS como EPS, recibió la Clínica León XIII. De inmediato se vio obligada a replantear sus esquemas tales como su misión “comprometida con la investigación, la extensión y la docencia” y su visión “será la red de servicios de salud preferida por los usuarios, principal centro de apoyo a la investigación, docencia y extensión de la Universidad de Antioquia, modelo de gestión y calidad en el ámbito nacional, con proyección al mercado internacional”.
Cabe la pregunta: ¿Será posible, con las rigideces del modelo, que la IPS UNIVERSITARIA abra sus puertas para que la Universidad desarrolle sus propósitos docente-asistenciales e investigativos, tal como los adelantó por tantos años en el Hospital San Vicente de Paúl?
Dos años después (ver Boletín #8 IPS UNIVERSITARIA), presentó su balance: 2.000 nuevos puestos de trabajo (vinculados y terciarizados), 4 millones de acciones, 8 mil millones de pesos de comercialización de servicios, 35 mil millones en créditos a FINDETER para reforzar la estructura de la Clínica y algunas investigaciones de racionalización, mas no de innovación, de su práctica médica. Recientemente (marzo 31), se inició el estudio “Análisis de competencia de la Clínica León XIII” para conocer la oferta y demanda de los servicios de alta complejidad en el área metropolitana. Basta con ingresar a los portales de las demás Clínicas (Cardiovascular Santa María, Pablo Tobón, San Vicente de Paúl, Hospital General de Medellín, Las Américas, Las Vegas, Medellín) y andan en lo mismo. Salvo que el San Vicente, el de “una vida entera por la vida”, se adelantó con su proyecto, difícil de competir, con su zona franca permanente especial en el municipio de Rionegro, en aras de internacionalizar y segmentar el atractivo negocio de la salud.
UNISANITAS, de la Fundación Universitaria Sanitas y de la EPS SANITAS, respaldada por la multinacional “Organización Internacional Sanitas”, tiene su propia facultad de Medicina (ver http://www.unisanitas.edu.co/), seguramente muy distante de aquellos propósitos que por más de un siglo inspiraron a “Medicina de la U. de A.”. Dice que su enseñanza “está basada en las nuevas tendencias educativas para el siglo XXI y reconoce los cambios demográficos, sociales y económicos de las poblaciones para formar profesionales reflexivos y autónomos”, para lo que cuenta con un “Complejo Multifuncional Avanzado de Prácticas y Simulación –CMAPS–” para procesos de aprendizaje en ambientes de imitación cercanos a la vida real. ¿Cómo les parece? Lo dejo a su suspicacia, amables lectores.
¿Cuál será el prototipo del médico que entregarán?: “Propenderán por la actualización permanente a través de la investigación, estando así en capacidad de responder a los retos que exige el sistema en gestión de alto nivel”, es decir, el mercado y la eficiencia en términos de producción de bienes y servicios.
Luego, los caminos por recorrer de las nuevas generaciones médicas y los que recorrimos nosotros son muy diferentes. Cabe la pregunta: ¿Recorre la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia su permanente camino por la modernidad? Recomendaría el libro “La modernización de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia 1930-1970”, del médico Adolfo León González Rodríguez, para abrir el baúl de los recuerdos y desatar nostalgias.
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