ARTÍCULOS

. La Atención Primaria
en Salud requiere
otro modelo


. Atención Primaria
en Salud. Historia
y desarrollo


. Obstáculos del
modelo Ley 100 para
renovar la APS
en Colombia


. La renovación de
la atención primaria
en salud. Exigencia de
reforma al Sistema
de Salud y de
acción política


. Sucedió en el
Congreso de Salud
Pública sobre APS


. APS y organización
de los servicios como
estrategia para
garantizar equidad
y acceso a la
atención en salud


. La salud tiene que
ser un derecho
fundamental


. Es posible un
Sistema de Salud
con APS como eje
fundamental


. Ciudad desconocida,
enfermedad
desconocida


. Cajanal: Crónica
de otra liquidación
anunciada


. Hacia el diálogo
social sobre el
trabajo decente en
Medellín Antioquia


. Profe, ¿cómo puedo
llegar a ser el
mejor médico?
Ultima y tercera
parte


. 6º Congreso
Internacional de
Salud Pública.
Declaración


. Usuarios

. Mujer y Médica

. Jubilados
El Viejo Lolo.
Parte II

    
. Callada presencia

. Cocina y cultura

. Caleidoscopio de
Diógenes


. Grafismo

. Seguimos en
Guerra


. Integración de
Saberes, XXIII
Congreso Nacional
de Medicina


. Congreso Nacional
Hábitat y Vivienda


. Diplomatura en
Seguridad Social


. Momento Político

. La Paz y los 18 años
de la Constitución de
Colombia


. Alba. Poemas

. Fortalezcamos el
AL 01 de 2008


. Reconocimiento a
nuestros socios


. Los socios, la razón
de ser de Asmedas


. Asmedas Antioquia,
la casa de los médicos
por 50 años más


. Acerca de la
despenalización del
aborto. Posición de
Asmedas Antioquia


. Acreditación de
Supervivencia





 
     
 

Seguimos en Guerra...

El no afrontar los hechos tales como son y hacernos, por tanto, falsas ilusiones, no conduce a nada bueno. Hay que enfrentar la realidad, por dura que ella sea, y esa realidad no es nueva. Larvada o abiertamente, la hemos estado viviendo los colombianos por siglos. Con breves interregnos de calma relativa y con brotes epidémicos
como el que vivimos del 48 al 56 y el que estamos viviendo ahora; en Colombia la guerra ha sido endémica. España nos conquistó a sangre y fuego, y nos impuso violentamente su dominio económico, su lengua y su religión.

Nos libertamos de España, también violentamente, para poder manejar nuestros asuntos. Se disolvió la Gran Colombia por los intereses económicos de los que la conformábamos. Hicimos las guerras civiles tratando de que el poder, las tierras, los ingresos, la libertad y la justicia fueran mejor repartidos. Tuvimos períodos de resignación, de dominio absoluto de las capas superiores, de “patria boba”. Pero, por más que nos quisimos aislar, los conflictos ideológicos, políticos y económicos del mundo llegaron hasta nosotros. Las ideas foráneas del conservatismo, del liberalismo y del socialismo agitaron las mentes de los de arriba y de los de abajo. Lo subjetivo prendió en terrenos objetivos abonados por el hambre y la miseria.

¿Por qué? Porque en donde no hay justicia no puede, ni debe haber paz. Porque en donde no se respetan los más elementales derechos humanos: el derecho a la vida, a la libertad, al trabajo, a la alimentación y a la justicia social, no existe, ni puede, ni debe existir paz. La resignación, la paciencia, el“aguante” de los pueblos, tiene siempre un límite.

No hay necesidad de apelar a Marx y basta leer a Cervantes para saber que mientras exista la tajante división entre los que tienen y quieren tener más, y los que no tienen, el mundo no estará tranquilo. Y que los conflictos sociales, aquí y en todas partes, a través de
la historia de la humanidad, tienen una base económica, a
veces clara, a veces oscura, pero siempre descubrible a
la larga.

¿De qué nos quejamos? ¿De que la historia se mueva en
nuestro país? ¿De que aquí también los conflictos mundiales nos afecten? ¿Queríamos seguir viviendo en paraísos artificiales?

Si no afrontamos con valor y claridad estas duras realidades y continuamos con la ilusión de inmovilismo y el no cambio, sin realizar las profundas transformaciones
estructurales económicas que estamos necesitando, el conflicto seguirá causando el que nos matemos los unos a los otros, tan estúpidamente como lo hemos venido haciendo durante siglos.”

Héctor Abad Gómez, 1987

 
     
 
       
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