Profe, ¿cómo puedo llegar a ser el mejor médico?
(Tercera y última parte)

Por médico Bernardo Antonio Ledesma G.
Cirujano Ortopedista
bledesma1206@yahoo.es
“Doctor Bernardo Ledesma. Soy Katia Zarza, estudiante de pregrado de Medicina de la Universidad de Antioquia. Acabo de leer este relato suyo y nuevamente me hizo pensar en algo que me carcome cada día desde hace 5 años: ¿cómo puedo ser el mejor médico del mundo?
Finalizamos en esta edición los principios que Salter define como las verdades fundamentales que debe saber todo médico, porque nos proporcionan bases sólidas para razonar y guías para actuar teniendo como fundamento las que él denomina “Leyes del comportamiento de los tejidos orgánicos y leyes del comportamiento humano“, las cuales, anota, deben ser siempre respetadas. Ya en las dos ediciones anteriores de Momento Médico analizamos los principios: “No hacer daño”, “Tratamiento básico sobre un diagnóstico y pronóstico exacto” y “Tratamiento selectivo con objetivos específicos”. En la presente edición, analizaremos el cuarto, quinto y sexto principios:
4.- COOPERAR CON LAS “LEYES DE LA NATURALEZA”.
Los poderes restauradores normales constituyen el más fuerte aliado del tratamiento de sus trastornos y lesiones. Si se trabaja en contra de estos poderes, se alterará el resultado del tratamiento en perjuicio del paciente. Además, conociendo las leyes naturales del comportamiento humano, es posible conocer más a fondo las necesidades del paciente mostrándose comprensivo, amable y tranquilizador, optimizando la fundamental relación médico-paciente.
5.-SER REALISTA Y PRÁCTICO EN EL TRATAMIENTO:
El sentido común y la lógica plantearán tres preguntas importantes acerca de cualquier tratamiento propuesto:
1.- ¿Qué es exactamente lo que se intenta conseguir mediante este método de tratamiento? ¿Cuál es su objetivo o finalidad especifica?
2.- ¿Existe en realidad probabilidad de conseguir este objetivo mediante este tratamiento? Si la respuesta es negativa, es obvio que debe elegirse otro tratamiento. Si es positiva, se debe hacer una tercera pregunta.
3.- ¿El resultado final previsto puede justificar los medios o el método? o ¿bien vale la pena someter al paciente a cambio de lo que deberá pasar: Riesgos, molestias, periodo de alejamiento de la familia, del trabajo, del estudio? Si la respuesta a esta pregunta es afirmativa, entonces se habrá optado por un método de tratamiento realista y práctico.
6.-SELECCIÓN INDIVIDUAL DEL TRATAMIENTO PARA EL PACIENTE.
El tratamiento para muchos de los trastornos músculo esqueléticos pude ser “electivo” y se dispone, en muchos de los casos, de suficiente tiempo para seleccionar el método particular de tratamiento más apropiado para cada paciente en particular. Un determinado trastorno puede plantear problemas diferentes en distintos individuos, no sólo en relación con la edad, sexo, profesión, o cualquier enfermedad concomitante sino, también, en relación con la personalidad y la reacción psicológica que resulte del problema. Por lo tanto, la elección del Tratamiento estará influenciada por todos estos factores.
Sir Robert Hutchinson, del Hospital de Londres, en 1953 escribió una letanía para los médicos, que muy bien la podemos aplicar en nuestra época:
“De la incapacidad para hacer únicamente el bien,
de un excesivo celo por todo lo nuevo
y desprecio por lo que ya es viejo,
de anteponer los conocimientos a la prudencia,
la ciencia al arte,
y la destreza al sentido común…
de tratar a los pacientes como casos,
de hacer la curación de la enfermedad
más penosa que la propia enfermedad…
Líbranos señor…!!”
“El mundo ya no cree en los valores de la moral y del espíritu y está gobernado en todas partes por técnicos cuya única preocupación no es hacer a los hombres más dignos sino con más ingresos per cápita”. (KLIM).
“Cabe preguntarse si logramos ser felices con los bolsillos llenos, después de atropellar los principios morales, y si es bueno transformar el “arte de curar” de una vocación humanista, a un negocio empresarial”. (Rodrigo Pesantez, Ortopedista).
El materialismo, la competencia, la fiebre del prestigio, la envidia y la falta de humanidad, son, sin lugar a dudas, las enfermedades sociales del siglo XXI. (Mark TWAIN).
A la estudiante Katia Zarza, a quien no he tenido el gusto de conocer personalmente, espero que este artículo le sirva de algo pero, ante todo, le deseo que en ningún momento llegue a permitir que sus nobles sentimientos sean vulnerados por la perversa influencia de un sistema de salud que nos involucra a todos y nos trata de convertir en cómplices silenciosos de una medicina más materialista que humanista. Tenemos que concientizarnos de que no estamos trabajando con objetos, que nuestros errores y nuestras debilidades se pueden convertir en causantes de dolor y de muerte. Ojalá Katia y todos los estudiantes de Medicina sigan convencidos de que el regalo que la vida les ha dado, no sólo involucrándolos en esta noble profesión, sino volviéndolos sensibles ante el sufrimiento de sus semejantes, nunca los vaya a cambiar por la indiferencia que les puede traer el hecho de empezar a tener que preocuparse más por recibir unos honorarios médicos, un pago económico por su labor y una estabilidad laboral, que por ese amor y esa entrega que debe ser la prioridad de todo el que se honre de ser un buen médico.

|