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Mujer y Médica
Miremos hacia las mujeres

Por Martha Lucía Correa E.
Secretaria de la Mujer de Asmedas Antioquia
“Si la mujer puede subir al patíbulo, también tiene derecho de subir a la tribuna”, decía el Artículo 10 de la Declaración de los “Derechos de la Mujer y la Ciudadana”, escrita por Olympia de Gouges durante la Revolución Francesa en 1792, en respuesta a la Declaración de Los Derechos del Hombre y del Ciudadano que, sólo en masculino, selló la Toma de la Bastilla en 1789, no obstante la gran participación de las mujeres en la lucha que se libró en las calles de París.
Sus trabajos fueron profundamente feministas revolucionarios. Defendió la igualdad entre el hombre y la mujer en todos los aspectos de la vida pública y privada, incluyendo la igualdad con el hombre en el derecho al voto, en el acceso al trabajo público, a hablar en público de temas políticos, a acceder a la vida política, a poseer y controlar propiedades, incluso a la igualdad fiscal así como el derecho a la educación y a la igualdad de poder en el ámbito familiar y político.
Así mismo, realizó planteamientos sobre la supresión del matrimonio y la instauración del divorcio, la idea de un contrato anual renovable firmado entre amantes y militó por el reconocimiento paterno de los niños nacidos fuera del matrimonio.
Fue también precursora de la protección de la infancia y de los desfavorecidos, al teorizar, en grandes líneas, un sistema de protección materno-infantil (creación de hogares infantiles) y recomendaba la creación de talleres nacionales para los desempleados y de hogares para mendigos.
El 3 de noviembre de 1973 fue guillotinada por sus declaraciones y planteamientos.
Mientras esto sucedía hace más de 200 años en París y mientras hace casi 100 años una mujer antioqueña, Betsabé Espinosa, luchaba contra la explotación laboral y los derechos económicos de las trabajadoras, dirigiendo la primera huelga textil en Colombia, una gran mayoría de las mujeres del mundo estaban y aún hoy continúan en medio de la miseria y la desigualdad, viviendo un doloroso sometimiento físico, mental y social.
Efectivamente, el 14 de febrero de 1920, las obreras de la Compañía de Tejidos Medellín paralizan sus actividades. A la cabeza de este acontecimiento que tenía lugar en la ciudad de Bello, estaba Betsabé Espinoza. Algo insólito para la época y los patronos, pero no por las condiciones que querían cambiar. Las obreras tenían la prohibición de usar calzado, a causa de lo cual contraían enfermedades; y aparte de bajos salarios, tampoco disponían de un tiempo específico para el consumo de alimentos. Por lo mismo, demandaban la abolición de ambas disposiciones, incrementos salariales, destitución de los administradores que pretendían imponer "un trato de capataces" y el cese de los abusos sexuales, que las humillaban.
Gracias, además, a los logros obtenidos en las luchas por los derechos de las mujeres a principios del siglo pasado, de colombianas como María Cano, Georgina Fletcher, Ofelia Uribe de Acosta, María Rojas Tejada y muchas otras, las mujeres obtuvimos finalmente reconocimientos en lo económico, como el derecho a ser propietarias y a administrar nuestro bienes; en lo político el derecho a ocupar cargos públicos en 1936 y, finalmente, el derecho a la ciudadanía plena y al voto en el año de 1954.
Estas luchas y logros han representado para un sector importante de la población femenina, la posibilidad de un destacado desarrollo en lo personal, moderado en lo económico y muy poco en lo político, reduciéndose dicha participación al voto y a unos pocos cargos públicos.
Las mujeres hemos trabajado duro por ser labradoras de nuestro propio destino y del destino de nuestros hijos, pero hemos trabajado demasiado poco en construir un destino mejor para nuestra patria, Colombia, dejando en manos de un sector totalmente mayoritario de hombres, la gran mayoría de ellos ambiciosos y corruptos, aportando así con nuestro voto a la construcción de una triste historia de décadas de desigualdad, ignorancia, insalubridad, guerras, muertes y desplazamiento.
Mujeres, empoderémonos en lo político, confiemos en que las mujeres podremos trasladar nuestro comportamiento en la protección, la igualdad y el cuidado de la familia a lo político; es decir, de lo privado hacia lo público.
Las pocas mujeres que hoy se encuentran en el poder, háganlo regular o mal, siempre estarán decidiendo y actuando bajo las órdenes de los gamonales de turno ostentadores del poder y no podrán hacer mucho más sin el apoyo masivo de las mujeres y sin ser un número verdaderamente representativo que les otorgue un poder real.
Ahora que se inicia un período preelectoral, hombres y mujeres que queremos una Colombia mejor, miremos hacia los mejores programas y propuestas.
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