Por Carlos Alberto Giraldo G.
Presidente Asmedas Antioquia
Marleny Cardona A.
Economista Universidad de Antioquia
PhD en Ciencias Sociales Colegio de la Frontera Norte México
La reforma a la Seguridad Social, como tema de discusión fundamental de esta década 1994-2004, pasa por entender que las decisiones que se toman sobre cómo financiar y prestar servicios de salud no representan sólo una política para generar bienestar, sino que constituyen producciones culturales, son efecto de una forma de pensar el ser humano y cuál es la vida buena, la mejor vida posible para él.
Cabe considerar, entonces, cómo desde la aparición del hombre ha habido veintiuna civilizaciones diferentes, una de las cuales es la sociedad occidental según el decir de Daniel Bell. En estas civilizaciones es posible identificar los factores estructurales comunes a las distintas sociedades, así como pautas de cambio que son más constantes y consistentes. En todas ellas es posible establecer maneras de ver la vida y la muerte, la relación de los individuos y los colectivos con respecto a la salud y la asistencia sanitaria
La historia de una sociedad es distinta y significativa en relación con otra. La diferencia tiene su fundamento en el carácter de su pueblo, el ethos cultural, su "voluntad nacional" y los referentes de identidad. Sería deseable que esto se reflejara en lo hace esa sociedad para proveerse seguridad y particularmente seguridad social. Por el contrario, quienes han asumido el liderazgo político en nuestro país han hecho gala del complejo de la ilegitimidad para distanciarse del querer y de las necesidades de la población a la que representan, para poner la mirada en estereotipos internacionales auspiciados por agencias con pretensiones de dominación.
Si bien nuestro país es, en términos generales, resultado de la sociedad industrial, ésta es una ruta que marcó a muchos países pero que ha tenido efectos diferenciales en ellos. Existe sociedades más individuales y otras más colectivas, esto es efecto de los sistemas políticos y la estructura social. Nuestro país se construyó, desde la colonia, como un proyecto individual, escasamente colectivo, cimentado en una estructura de poder militar - aristocrático que hunde sus raíces en el Estado, dando como resultado una estela de exclusión y de pobreza.
La versión contemporánea del proyecto de país que se construye, y que está bien reflejado en el sistema de seguridad social que tenemos, está cimentado en lo que Elizalde (2004) denomina los mitos del desarrollismo. Uno de ellos es que el crecimiento es la mejor manera de combatir la pobreza. Quienes proyectaron nuestro sistema de seguridad social pensaron que en diez años íbamos a tener un crecimiento que permitiría disminuir los niveles de pobreza y que, por lo tanto, tendríamos un sistema solvente y una pobreza decreciente. Ni lo uno ni lo otro. Ahora nos sostienen la argucia de que por ahora le apostaremos al crecimiento y que la solución a los niveles de pobreza vendrá por añadidura.
Otro mito es que el crecimiento de las exportaciones es conveniente para todos. La experiencia mexicana es una prueba en contrario y un anuncio de lo que pasará en nuestro país a la firma del TLC. El otro es que el crecimiento económico, actualmente llamado modernización, es el único camino para mejorar la calidad de vida. Las élites de nuestro país tienen una fe ciega en esa idea, la han vendido a través de los medios y el efecto que ha tenido es ampliar la brecha entre ricos y pobres. El último mito, el del mercado, es la creencia en que las necesidades son cambiantes, ilimitadas y siempre crecientes. Este mito se sustenta en que el consumo es el espacio de satisfacción fundamental del sujeto, el asunto es que la salud no puede ser incluida allí. Las necesidades de la salud no son sólo responsabilidad del sujeto y no pueden ser proveídas según sus capacidades y la lógica del mercado.
Los supuestos han marcado la ruta del modelo de desarrollo que se impuso en nuestro país y que tiene como meta el crecimiento económico, dejando de lado el asunto de la distribución, lo que trazó el camino para el fracaso de la Seguridad Social en el sentido amplio del término como fuente de equidad y constructora de bienestar.
Los efectos de ese modelo de desarrollo que dan al traste con la Seguridad Social son:
1) La crisis financiera que ha obligado a políticas de ajuste y estabilización en la que se gira contra el gasto social.
2) Los mediocres resultados de las reformas para lograr crecimiento, que han estimulado al capital financiero.
3) El empeoramiento en la redistribución de la riqueza y de la renta tal como lo plateo Portafolio en su edición del 7 octubre de 2004.
4) El endeudamiento elevado, el sistema bancario escasamente regulado y una política monetaria laxa.
5) Lo movimientos del capital y del trabajo que son tratados en los acuerdos internacionales de manera asimétrica.
Si no se consideran los planteados entre los factores estructurales que dan al traste con una Seguridad Social democrática e incluyente, no tendremos la posibilidad de instaurar la dignidad humana como un valor esencial de nuestra colectividad, la vigencia de los derechos fundamentales como elemento esencial para la vigencia del Estado Social de Derecho y la reforma a la Seguridad Social que hoy se debate no será más que un canto de sirena. La historia de las luchas por acceder a la salud como derecho desde lo colectivo, como un asunto público, base del desarrollo, parece que nunca termina.
