Poderosas y oscuras fuerzas arremeten contra instituciones garantes de la democracia, para que no haya justicia, verdad, reparación ni paz
El Caguán y Santafé de Ralito son las más grandes demostraciones de que el Gobierno y los grandes empresarios se equivocan buscando la paz al tratar de resolverle el problema a los grupos alzados en armas, dejando el resto de la población en condiciones lamentables, sin posibilidad de satisfacer adecuadamente sus necesidades humanas fundamentales (subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad, libertad y trascedencia).
La paz nos debe costar un cambio de paradigma en nuestra forma de pensar.
La violencia, la transgresión y la corrupción están en nuestra cultura, y su solución necesita de profundos cambios en la estructura política, económica y cultural de nuestra sociedad, para lo cual se requieren dirigentes honestos, socialdemócratas, creativos e intrépidos.
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