La solución era sencilla
"Vivimos en una época saturada de violencia, en la cual se confunde la efectividad de una teoría social con la capacidad de coerción para imponerla. La superficialidad dominante ignora que nada que deba imponerse merece subsistir. (...) La utopía (...) es el rechazo de una realidad alienada y brutal y la posibilidad de construir una realidad nueva. La utopía no es en manera alguna la irrealidad, sino la realidad posible que no hemos tenido todavía la imaginación o el coraje de construir." Darío Botero Uribe.
La solución comenzó una vez que el Congreso aprobó el proyecto experimental de salud en Medellín, ante la presión de las asociaciones de usuarios, los gremios de la salud, las denuncias de corrupción en ARSs, el deterioro en las condiciones de salud de la población, las repetidas muertes por epidemias de enfermedades prevenibles, y el enorme enriquecimiento que presentaban las EPSs.
Por ser la salud un servicio público, EPM se encargó de la administración del sistema : los titulares de los contadores actualizaron los datos del grupo familiar; la dirección local de salud reportó los datos de los hospitales, centros de salud, médicos y laboratorios acreditados; la dirección seccional suministró el manual tarifario. Cada mes llega la cuenta de servicios a la casa, incluyendo la salud, con el cargo fijo según el estrato, la facturación de los servicios utilizados durante el mes, diferida en doce meses sin intereses, con los descuentos por resultados saludables.
Los prestadores acreditaron sus servicios ante la DLS, registraron su cuenta bancaria y reportaron los servicios prestados a los usuarios mediante transacción como de tarjeta de crédito, entregando recibo al usuario; el sistema automáticamente gira el valor del servicio y transmite el código del diagnóstico a las DLS y DSS.
Los usuarios pueden utilizar libremente al prestador que deseen cada vez, poseen una tarjeta electrónica de salud, conservan los recibos por si hay reclamos. Las tarifas también son estratificadas y se tiene derecho a descuentos por compromiso con la propia salud.
El Estado volvió a hacerse cargo del control y seguimiento a los programas de salud pública, el suministro de medicamentos, la educación en salud y la certificación de cumplimiento de indicadores individuales para los descuentos tarifarios.
El grupo familiar se involucró en la cultura de la salud pudiendo ahorrarse hasta el 20% de la facturación mensual, repartido entre el número de integrantes, al cumplir con las metas anuales individuales: menores de edad: vacunación al día y no caries dentales, mayores de edad: índice de masa corporal entre 18.5 y 24.9; se pierde el descuento familiar total con un solo miembro que presente insuficiencia renal, sífilis congénita, cáncer, HIV positivo, o embarazo en una menor de edad. Recursos destinados a reforzar el financiamiento estatal de estos eventos.
El control de calidad y auditoría es realizado por los propios usuarios quienes escogen los prestadores que mejor servicio les prestan, y mediante los recibos de los servicios que son cargados a sus cuentas.
Los médicos pudieron volver a ejercer la medicina asociada o individual como la aprendieron, con ética y todo; y se incluyeron las actividades de medicinas alternativas en el manual tarifario.
Los manuales tarifarios se conciertan con las asociaciones de profesionales de la salud, y contemplan, además de honorarios dignos, insumos de buena calidad.
El sistema de salud volvió a ser eficiente, oportuno, de buena calidad, universal, ético y sostenible; casi todos los recursos se utilizan en salud porque la estructura administrativa requerida es mínima, los pagos a los prestadores son inmediatos y automáticos, los cargos fijos son módicos, el uso de los servicios por parte de los usuarios es racional, y los aportes estatales requeridos son cada vez menores.
Lo más difícil del cambio fue convencer a los inversionistas de la Ley 100 para que buscaran hacer sus negocios en otros sectores y permitieran que todos los recursos que se pudieran captar para la salud, fueran para la salud, no para ellos, porque el valor de la vida está por encima de todo, inclusive de ellos, por importantes y poderosos que fueran.
Por doctor José Alonso Rivillas Casas
Médico Salubrista
Medellín, enero del año 2010

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