Miércoles, 22 de Febrero de 2012
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Los ricos también se benefician cuando los pobres dejan de serlo Correo electrónico
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PobreEl mejor 

El expresidente de Brasil contó durante su visita a Colombia detalles  de la política social que hoy es ejemplo en el mundo. Le recomendó a  Colombia no dejar en manos de intermediarios la administración de los  recursos públicos.

A Luiz Inácio Lula da Silva no se le olvida que lo que hizo el primer  día de su gestión como presidente de Brasil fue reunir a todos sus  ministros, subirlos a un avión y llevarlos a los lugares más pobres  del país. Quería que el presidente del Banco Central o su ministro de  Hacienda vieran a ese país que no se queja, que no hace  manifestaciones, pero que está ahí, que es real y verdadero. Eso quizá  haya ayudado a cambiar las cosas.

Da Silva conocía muy bien esos sectores. Salió de una de esas zonas  donde es común que los niños vayan a la cama sin comer o pasen un  domingo sin almuerzo. Conocí el pan por primera vez a los 7 años  –recordó el exmandatario–. Hasta esa edad, el café que me tomaba por  la mañana era con harina de yuca. Sé que es la desesperación de una  madre que está delante de un fogón sin gas y sin lo más elemental para  hacer una comida para sus hijos.

Durante su visita al país, el expresidente de Brasil compartió no sólo  su historia de vida, sino los resultados de su política social que  sacó a 28’000.000 de brasileros de la pobreza y que redujo  drástricamente los niveles de desnutrición y desescolarización de los  niños y jóvenes de su país.
Brasil es una de las diez economías más importantes del mundo, pero  para Lula esto de poco ayuda si no hay democracia ni políticas de  distribución del crecimiento para evitar que el dinero siga en manos  de pocos y el pueblo siga pobre y desnutrido.

Cuando empecé mi gobierno, el 10 por ciento de la población más rica  cogía la mitad del dinero del país y le dejaban a los más pobres  apenas el 10 por ciento, recordó el exmandatario quien logró cambiar  estas cifras aumentando el salario mínimo en un 62 por ciento en cinco  años, aún con voces en contra que le advertían que lo único que  lograría era el crecimiento de la inflación.

Y la inflación no aumentó, dice ahora con satisfacción. Esta sola  decisión sacó a millones de brasileros de la pobreza. Es más, asegura  que, con la crisis del 2008, Brasil salió adelante gracias a esta  población. El consumo creció siete veces más, sobre todo en los  sectores populares. Los pobres comenzaron a ser tratados como  ciudadanos.

Para Luiz Inácio Lula da Silva hubo varias estrategias clave para  lograr los resultados. Una fue bancarizar la población pobre: en un  año 45’000.000 de brasileros tenían cuentas bancarias activas, y ésto  ayudó a hacer viable la segunda estrategia: no dejarles a  intermediarios la administración ni la entrega de estos recursos  públicos.

No creo que deba existir la figura del intermediario, porque la mitad  de la plata se queda con él. En Brasil, las personas que reciben  beneficios del gobierno no tienen contacto con intermediarios. Reciben  una tarjeta magnética con la que puede ir al banco y sacar el dinero.

Eso es sagrado, recalcó el expresidente.

Y una tercera estrategia que garantiza el éxito es tener registros de calidad y hacer seguimiento a los programas y beneficiarios. Equipos  del gobierno viajaron a lugares remotos en donde encontraron  habitantes que ni siquiera tenían actas de nacimiento; eran ciudadanos  que no existían. Ellos son hoy beneficiarios del programa bolsa  familia, que entrega tarjetas a las mujeres del hogar para que cuenten  con el dinero para la alimentación y la educación de su familia.

Son 13 millones de tarjetas. Las personas van al banco y no les deben  favores a alcaldes ni a gobernadores ni al presidente. Me decían que  estaba desperdiciando el dinero, que estaba creando vagabundos que no  trabajaban. Había personas que criticaban que los pobres compraran  lápices o zapatos para los niños y no comida. Eso es fácil decirlo  para alguien que los tiene, pero no para los que nunca lo han tenido. Quienes nunca han pasado hambre ni necesidades no saben qué son 80  dólares en manos de una madre de familia.

Combatir el hambre fue una prioridad del gobierno de Lula da Silva, al  punto de crear un ministerio dedicado exclusivamente para esta tarea.

En seis años la desnutrición de Brasil se redujo un 73 por ciento y la  mortalidad infantil en un 45 por ciento.

La política es ejemplo en el mundo. Esta apuesta incluye restaurantes  populares, programas de lactancia materna, promoción de la agricultura  familiar, distribución de alimentos a los más pobres, la entrega de  microcréditos y fomento de la economía local a través de la compra al  pequeño productor para abastecer los programas de alimentación del  gobierno, entre otros.

La garantía para la buena alimentación de la población debería ser la  prioridad de todos los hombres públicos y de los ciudadanos de buena  voluntad. No es normal –dijo– que un gobernante del mundo no ponga la  lucha contra el hambre como una prioridad de sus presupuestos, así  como en sus políticas.

La generación de millones de empleos formales para padres de familia  buscó reducir el trabajo infantil y, por el contrario, llevar a estos niños y jóvenes a las 214 escuelas de educación básica nuevas, así  como a las 14 universidades federales construidas durante su periodo.

Hoy hijos de albañiles estudian carreras como medicina en estas  universidades.

Estos resultados, aseguró, son una muestra de que no hay nada más  barato que invertir en los pobres y deja atrás la teoría de que hay  que esperar al desarrollo para ser inclusivos. En el caso de Brasil,  la inclusión llevó al desarrollo. Los ricos también se benefician  cuando los pobres dejan de serlo, dijo.

Hasta le pagamos la deuda el Fondo Monetario Internacional.

Después  de dos años de gobierno le devolvimos 16.000 millones de dólares que  le debíamos. Hoy el FMI nos debe 14.000 millones de dólares que les  prestamos para ayudar a la crisis de los países ricos.

Colaboración del médico psiquiatra Jesús María Dapena Botero

Tomado de: www.elcaribe.com.do


 









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