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Preocupante incremento de niños víctimas de minas antipersona Correo electrónico
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PobreEl mejor 
Martes 21 de Febrero de 2012 14:34


Mientras en todo el 2011 hubo 34 casos, en lo que va corrido de este año la cifra llega a 16

Tomado de: www.eltiempo.com.co

El Programa Presidencial de Acción Integral contra Minas ha registrado 16 casos de niños afectados por minas antipersona: 13 heridos y 3 muertos frente a 6 adultos heridos y uno fallecido. En el mismo periodo del 2011 fueron seis casos de niños (5 heridos y 3 muertos).



Sin embargo, las cifras podrían ser mayores. Según Unicef, basado en datos de la Campaña Colombiana contra Minas, serían 31 los menores de edad afectados en diferentes incidentes con minas en lo corrido del año, entre estos los fallecidos, heridos de consideración, heridos leves y víctimas de municiones sin explotar. (Lea más noticias sobre minas antipersona)

"Es posible que haya un rezago en la información. Pero así sean 16, y no 31, lo preocupante es que la cifra se está incrementando y esto hay que visibilizarlo", comenta Eduardo Gallardo, especialista de protección y acción humanitaria de Unicef, al explicar que en todo el 2011 fueron registrados 34 casos (29 niños heridos y 5 muertos), lo que evidencia una clara tendencia al aumento.

"Hay que pensar que a los niños heridos, en muchos casos, les sigue la muerte o una amputación; eso es muy grave, no solo para ellos sino para sus familias y sus comunidades", añade Gallardo al insistir en la necesidad de educar en el riesgo, labor que adelanta Unicef en diferentes regiones. (Lea noticias sobre los niños en el conflicto)

Daniel Ávila, director del Programa Presidencial para la Acción Integral contra Minas, comenta que es difícil determinar el por qué del incremento de estos accidentes. Sin embargo, cree que podría ser una reacción o estrategia de los grupos armados ilegales ante la persecución de las Fuerzas Militares.

"El llamado es para esos grupos, para que dejen de instalar esos artefactos en su accionar indiscriminado. Que entiendan que los más afectados son los civiles y los niños", afirmó Ávila, al lamentar que tardará mucho tiempo la identificación y destrucción de estas minas. (Lea también:La tragedia de un indígena que soñaba ser médico)

El funcionario reconoce que en los departamentos de Nariño y Cauca hay denuncias de campos minados cerca de las instituciones educativas, lo que les impide estudiar a los niños. "Esto es una violación al Derecho Internacional Humanitario", añadió Ávila.

Según la ONG Save The Children, que adelanta un proyecto de educación en riesgo en Nariño -una de las zonas del país más afectadas por este flagelo-, la vida de un niño que ha sido víctima de una mina cambia drásticamente.

En ellos las posibilidades de desmembramiento son mucho más altas que en los adultos, debido a la fragilidad de su cuerpo y a su estatura; las heridas son más complejas y dramáticas, y además de dolores físicos intensos les quedan secuelas psicológicas. (Vea el especial Minas, la más larga de las batallas')

Según Roger Dávila, director de protección de Save The Children, los efectos son, entre otros, un cambio abrupto en relación con su cuerpo, en sus rutinas diarias, en sus sueños y, en algunos casos, en relación con su sexualidad; esto, si el impacto afectó sus partes íntimas.

Fuera de esto, el niño debe desplazarse de su lugar de origen hasta ciudades donde pueda recibir tratamiento (en las zonas rurales no hay lugar a una rehabilitación), se desvinculan de su formación escolar, de su entorno y de su familia. Según esta organización, tienen que esperar mucho tiempo para lograr que, por medio de tutelas, se atienda su caso.

"No existe la obligatoriedad en la ley 100 de ofrecer un programa integral que incluya todos los servicios que requiere un niño afectado por minas; es decir, se incluyen servicios aislados de terapias por sesiones, consultas y cirugías, pero no un paquete de servicios que garantice rehabilitación integral", advierte Save the Children.

A esto se suma el miedo de algunos padres a denunciar, por temor a represalias de los grupos armados, lo que obliga a los niños a recibir una atención en su red de salud local "y se vuelven casos invisibilizados que no se contabilizan en el Gobierno o que no se conocen".

Desde 1990, hasta la fecha, 710 niños han resultado heridos y 201 fallecieron tras la explosión de minas antipersona. En el mismo periodo, los adultos heridos han sido 6.910, y los muertos, 1.828.

'Una mina me dejó ciego'/ testimonio

Tengo 18 años y una mina me dejó ciego, cuando tenía 16. Trabajaba en una vereda de Samaniego (Nariño), cuidando ganado y sembrando tomate de árbol. Amaneció un día de enero del año 2009 y tenía unos días libres. Me fui para el pueblo con un compañero. Eran las 8 de la mañana.

El camino era un potrero, no había otro camino. Mi amigo iba a unos metros adelante y desafortunadamente pisó una mina que estaba sembrada al lado de un árbol de guayaba. No sentí que nada explotara, sólo un golpe que me mandó por los aires; la última imagen que vi en mi vida fue un manchón de muchos colores.

No podía ver, sentía la sangre en mi cara, en todo mi cuerpo; con las manos me tocaba y tenía huecos en el estómago, en los brazos, en el rostro. Mi amigo gritaba, la mina le arrancó la pierna derecha; me pedía que le amarrara el pie de alguna forma. No podía levantarme.

Duramos dos horas en el suelo, hasta que unos campesinos nos auxiliaron; armaron camillas con palos y sábanas y nos sacaron a la carretera. Nos montaron en un carro y pidieron una ambulancia, que se perdió en el camino. En fin, llegamos al hospital del pueblo a las 7 de la noche.

Me trasladaron a Pasto, donde me diagnosticaron un desprendimiento total de retina; me hicieron una cirugía para tratar de salvar la vista izquierda, pero fue un fracaso. Me han visto varios especialistas: me dicen que en Colombia no hay un invento para que pueda recuperar mi visión. He estado en tratamiento en Cali y en Bogotá. Me han enseñado Braile y a conocer los billetes con el tacto, a ser más independiente.

Los primeros días pensé que hubiera sido mejor morirme en el accidente y no haber perdido la visión, no quería seguir viviendo así, en tinieblas. Hoy le doy gracias a Dios por la rehabilitación, porque ya miro la vida de una manera muy distinta; estoy dispuesto a superarme, a hacer todo lo que me propongan; lo hecho, hecho está, y tengo que salir adelante.

Lo más duro de todo esto ha sido tener que salir de mi pueblo, del campo, y estar tanto tiempo en Bogotá o Cali, solo; mi mamá no tiene cómo viajar conmigo y en Nariño no hay programas de rehabilitación.

 

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